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Javier Sanz

Todos conocemos la gesta de las Termópilas, donde Leónidas y sus 300 espartanos hicieron frente al innumerable ejército de Jerjes -innumerable porque las cifras van desde 100.000 a un millón-, pero hubo otra gesta similar que tuvo lugar en el hoy territorio de Pakistán donde 21 sijs hicieron frente a 10.000 pastunes.

Nos situamos a mediados del XIX, en medio de la llamada Rebelión de los cipayos, cuando los soldados nativos de la India reclutados al servicio del Imperio británico se levantaron contra sus oficiales. Para sofocar la rebelión, los británicos tiraron del manual de “represión brutal” y, además, tuvieron la suerte de contar con el apoyo de los sijs (seguidores del sijismo, una religión monoteísta de la región del Punyab en la India) que, aunque en los años cuarenta se habían enfrentado a los británicos en las llamadas guerras anglo-sij, todavía estaban más resentidos por el desprecio de hindúes y musulmanes. Aquella muestra de lealtad sirvió para que el los sijs ganasen prestigio dentro del British Indian Army y, además, para que se les reconociesen ciertos privilegios respecto al resto de soldados nativos. Los regimientos sijs fueron utilizados para tareas de seguridad interna y en la protección de las fronteras frente a los pastunes (hoy la frontera entre Pakistán y Afganistán).

En agosto de 1897, cinco compañías de sijs, al mando del Teniente Coronel John Haughton, fueron enviadas a las fortificaciones de Fort Lockhart y Fort Gulistan para detener las incursiones de los pastunes. Aunque situadas a pocos kilómetros de distancia, las dificultades orográficas de la zona impedían la visibilidad de una a otra. Así que, a mitad de camino, se estableció Saragarhi, una torre con una pequeña muralla de piedra y alguna edificación que serviría como centro de comunicaciones entre ambas mediante un heliógrafo (sistema de señales mediante el reflejo de rayos del sol en espejos). La guarnición de Saragarhi estaba compuesta por 21 sijs al mando del sargento Ishar. El 3 y el 9 de septiembre miles de miembros de las tribus pastunes intentaron asaltar Fort Gulistan, pero británicos y sijs consiguieron repeler los ataques sin mayor problema. Los pastunes seguían en la zona y un contingente de 10.000 se dirigió a Saragarhi para cortar la comunicación entre ambas fortificaciones. El 12 de septiembre, y ante la inminente amenaza, el sargento Ishar reunió a todos los hombres para informarles de su situación: 10.000 enemigos se dirigían hacia ellos y John Haughton le había comunicado que no podrían enviar refuerzos. Sabiendo que iban a morir, nadie protestó o intentó huir. A pesar de la brutal diferencia numérica –500 a 1– rechazaron los ataques uno tras otro. Durante todo el tiempo, Gurmukh, el encargado del heliógrafo, estuvo en contacto con Fort Lockhart y Fort Gulistan comunicando cada detalle. Después de siete horas resistiendo, los pastunes lograron derribar una parte de la muralla... y la escasez de municiones hizo el resto. Cuando sólo quedaba con vida Gurmukh, envió este mensaje:

Este es mi último mensaje. Voy a coger mi fusil…

Según fuentes pastunes, se cuenta que Gurmukh mató a más de 20 enemigos antes de caer. Aquellas 7 horas que consiguieron aguantar y el hecho de haber mantenido abiertas las comunicaciones, permitieron a Fort Gulistan recibir los refuerzos de Fort Lockhart y repeler completamente el ataque. Cuando los británicos consiguieron llegar a Saragarhi encontraron los cadáveres de los 21 sijs… y de más de 500 pastunes.

Los 21 fueron galardonados con la Indian Order of Merit, el más alto galardón otorgado a un soldado del British Indian Army por su valor y sacrificio. En aquel lugar se erigió un monumento al valor de los sijs en el que hay una placa con el nombre de todos los héroes. El 12 de septiembre es un día de orgullo para los sijs.