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Elena Gómez

Resuenan las notas de jazz en nuestros oídos y las reconocemos como el preludio del día en que honramos a aquellos que se fueron para siempre y que tanto amamos en vida. Más allá de la fiesta, que celebro siempre porque cualquier motivo es bueno para hacerlo, este fin de semana mi mente se poblará de recuerdos y de deseos de un más allá en el que nos estén esperando nuestros seres queridos.

Recordaré a mis familiares con mis pensamientos, sobre todo a mi abuela y a mi tío, a los que pude despedir en persona. Pero también tendré unos momentos para traer a la memoria a unos cuantos amigos que se marcharon demasiado pronto. Este año, más si cabe por el triste aniversario que está a punto de acontecer, conmemoraré con más fuerza que nunca a mi querido Mirín. Era una persona con tanta luz, que 25 años más tarde sigue presente en mi corazón y todavía, a día de hoy, hay muy pocos días en los que no piense en él y en lo injusta que es a veces la vida.

Él no quería irse, se lo llevaron de la peor forma posible. Cuando pierdes a un amigo con tan solo 23 años, todo pierde sentido. Pero si, además, es porque otro le ha arrebatado la vida sin motivo aparente, un agujero negro se queda anidado en tu pecho para siempre.

Nadie pagó por el crimen, no hay nada más terrible que la falta de justicia y la impotencia de no poder hacer nada por él y su familia. Por eso, aquella funesta mañana en la que nada más despertar supe la noticia, decidí que Mirín seguiría vivo mientras mi memoria me lo permitiera. Nunca olvidaré su expresión pícara y seductora, su energía, su entrega a los demás sin hacer alarde de ello y su presencia cuando lo necesitabas. Siempre me decía que me debía una cerveza por ayudarlo en los estudios y le contestaba que era yo quien le debía unas cuantas por ser mis brazos y mis piernas en tantas ocasiones. Era bello por dentro y por fuera…

De nada sirve ya darle vueltas a lo ocurrido, el delito ha prescrito e intuyo que nunca sabremos quién decidió arrebatarnos su luz una fatídica noche de noviembre. Así que lo mejor que podemos hacer los que le queríamos es recordar las experiencias que compartimos juntos y celebrar que, a su lado, fuimos felices y mejores personas.

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