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Javier Lizaga

Nos marca más, a veces, lo que nunca ocurrió, que lo vivido. Vicky Luengo, la protagonista de “Antidisturbios” (la serie del año) contó el otro día cómo la habían seguido e insultado unos desgraciados, y cómo ella, que se quedó paralizada, se lamentaba por no haberse girado y haberlos mandado a la mierda. Decisiones que no tomamos, sitios que no pisamos y personas que no vimos. Podría hacerles una lista completa: las explicaciones que no dí, el erasmus que no hice, la llamada a un familiar, el día antes de que muriese, que nunca cogió, o el puñetazo que no devolví siendo adolescente, cuando me partieron la nariz.

El sábado me fui a comprar el pan con mi hija, equipo madrugadores. Yo, con intención de evitar colas, ella, de comprar una palmera de chocolate. Nos sorprendió entonces una plaza llena de sillas, presencia policial y rapidamente recordé que iban a poner un pañuelo. Le expliqué el asunto y ella insistió en verlo. Yo, que incluso había criticado que se pusiera si no iba a haber fiesta, busqué un hueco y pedí un café. Con los discursos, la plaza se quedó en un silencio ceremonial, las voces se entrecortaban y así se nombraba a los que ya no verán más el Pañuelico. Entonces triunfantes los “agüelos” cogieron el pañuelo, como si llevaran nuestro estado de ánimo, y se subieron a la grúa. Empezó a sonar el himno a la vaquilla (Antón García Abril y Jesús Puerto, profesionales en removerte por dentro) y cuando las palmas dejaron de disimular y perdieron el ritmo, comenzamos todos a aplaudir. Me recoloqué las gafas y pensé que entre eso y la mascarilla no se notaría que estaba llorando.

No crean que voy de vaquillero de pro, ni siquiera tengo peña (de momento), ni pienso que la Vaquilla sea perfecta (veía en las fotos del Pañuelico del 2019 que todos tienen entre 16 y 20 años y me pregunto por qué muchos turolenses ya ni intentan entrar, en qué momento nos han avasallado y les prestamos la ciudad un día para que la destrocen). Esta vez sólo quería decir que de los noes y de los “hubiera” salieron las revoluciones que sí que hicimos. Y quizá así también de estas Vaquillas que no fueron, salgan otras, emocionantes, llenas de amigos, y de turolenses, mayores y niños también, y entonces nos preguntarán ¿de donde sacáis tantas fuerzas?