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Javier Lizaga

Brainiff Airlines tradujo a finales de los 80 su lema “Fly in leather”, en referencia a su cuidada tapicería, y animó a “Volar en cueros”, quizá ya saben (aunque suene sugerente) el porqué nunca han escuchado mucho más de esta compañía. El error solo es comparable a bautizar a una fiesta como “sermón” o montar un festival entorno a una crucifixión. Lo digo sin acritud y con objetividad de quien le ha tocado currar en una fiesta en la que nadie nuncá escuchó un sermón y solo unos pocos se comieron una tortilla decente, en el último siglo mínimo.

Mi primera sorpresa es que la fiesta está cambiando. A las 7 de la mañana ya había unos 200 zagales en la Fuentecerrada. Muchos incluso juraban que habían hecho el esfuerzo de conseguir que sus padres les llevaran allí a las 4 de la mañana. Ahí ya tenemos un avance, al menos, horario, detalle menor que semejante madrugón sea para drogarse, beber y/o hacer el alcornoque. No voy a hacer una defensa ni una condena de nada, ya lo siento, no es el sitio, ni yo la persona. Solo voy a hacer una objeción ética y moral, porque en 4 horas de grabación no escuché sino reggatton, techno y, por supuesto, ni sombra de Alaska (el mito, pero de la caverna, dice una amiga) por lo que empiezo a perder toda confianza en la raza humana.

El resto de público del sermón se divide en quienes llevan chandal chillón o visten como si fueran a una cacería con el Emérito y los que no. En ambos grupos hay expertos, personas que suelen encargarse de cocinar y para almorzar preparan ya todas las calorías que necesita una persona en una semana. He investigado concienzudamente (preguntar a mi padre) y asegura que todo empezó con una merendola donde había vino con azucar, carros y un tipo tocando el acordeón. Tampoco están los historiadores para quejarse.

Lo que pocos saben es que yo decidí volverme a Teruel precisamente un sermón de las tortillas. Yo curraba entonces en Zaragoza. Desde el curro, como buen trabajador, llamé a mis colegas que seguramente ni me cogieron del cebollazo que llevarían. Seguramente ni se acordarán, ni se acordarían a la hora. Las anomalías nos definen, lo firmaría incluso el Dioni, y, aun pienso todo lo que hace uno, por un día más de fiesta. Es difícil de explicar, como el Sermón.