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Javier Lizaga

Ahora que anda la gente haciendo balance de toda la cultura consumida (no hablan del papel del water sobrante, no), hay quienes podríamos hacer Cine de Barrio cambiando las orejas de Alfredo Landa por las de Mickey. Hay una escena de Zootropolis donde el jefe le dice a una conejita aspirante a policia que la vida no es una princesa cantando y un final feliz. Yo eso ya lo sabía porque lo cuenta Sabina, que es casi tan viejo como Walt, pero ha salido más y sabe que las princesas tienen mal despertar. Para increíble, más que Aladino, me parece ahora irme a oler a cerveza sudada y gritar canciones o a 9 horas de avión de distancia.

Para empezar el panorama está congelado, como en Arendelle, y la Unión Europea está en plan madrastra. Los personajes se me mezclan: Maléfica, ya saben, siempre de negro, Rapunzel y su coleta grimosa, y hasta un espejo, el del baño de Casado, para preguntarle quien es el más guapo.  Pedro Sánchez tiene que definirse, está entre Bob Esponja, y su “yo no quería” y Homer Simpson, una víctima que sólo quiere volver a casa y sentarse a ver la tele, también porque eso supondrá que no está él en directo. 

Esta semana me han encantado los del barrio Salamanca, con un drama entre Bambi y la Sirenita, muy de vivir en su mundo y aunque ya se que el cervatillo da mucha pena, convendrán conmigo en que un cervatillo quejándose de los cazadores, es como los de Salamanca quejándose de los inspectores de Hacienda. Un artículo de la BBC advierte que el trabajo tiene muy mala imagen en las pelis de Disney: el cubo de agua y la fregona son una tortura para Blancanieves, aunque en este caso estoy más de acuerdo con Blancanieves que con la BBC. Llevo varias semanas fregando los baños de casa, una actividad muy para reflexionar, pero nada gratificante.

También me pregunto si no somos todos un poco Dori, el pececillo de mala memoria. Esta semana he conocido la historia de Jose y su madre que lleva ya 3 residencias y 5 positivos, y a quien vio, por última vez, hace 3 meses y a través de un cristal. Una trabajadora social me relataba que la suya era la llamada más importante del día para decenas de familias, si llamaba ella todo iba bien, si llamaba el médico era para decir por qué estaba empeorando su padre, madre, marido, mujer, hermana o tía. Lo que las pelis no cuentan es que es una mierda ser héroe, porque también lloran.