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El popular streamer Ibai Llanos estuvo charlando este jueves sobre sus intenciones de invertir en un equipo de fútbol modesto. El CD Teruel sonó entre los candidatos y las reacciones no tardaron en llegar. Fueron varios los mensajes que recibí en mi móvil para avisarme de que existía una remotísima posibilidad de que el mismísimo Ibai, todo un icono para un sector de la población que probablemente nunca sepa de la existencia de este artículo, se interesase por el club turolense. Enseguida lo comenté con mi compañero de sección y los dos pensamos : “Ojalá”.

Me encantaría dejar por escrito en estas páginas que Ibai venía cada domingo a Pinilla y que el renovado campo colgaba semana sí y semana también el cartel de “No hay billetes”.

Estoy seguro de que mis compañeras que cubren la información local también estarían encantadas de contar que Teruel crece a pasos agigantados, que el turismo se dispara, que su futuro nuevo hospital empieza a funcionar o que el campus universitario cada vez aglutina más y más especialidades. Ni que decir queda de lo que podría suponer para la cultura, con conciertos o exposiciones que darían para llenar páginas y páginas. La influencia podría trascender de la capital, de forma que la información comarcal ya no se centraría en si un nuevo pueblo del Maestrazgo está a punto de inaugurar una tienda multiservicio. Quizás ocurrirían cosas mucho más reseñables que podrían incluso hacerse un hueco en páginas de periódicos nacionales, tras ocupar una de esas portadas de autor que en tan buen lugar han dejado a este periódico.

Por supuesto que nos encantaría contar todo eso, pero no podemos. La realidad de esta provincia hoy en día es otra bien distinta y es la que día tras día nos encargamos de reflejar en las páginas de este diario un grupo de trabajadores cuyo compromiso con la verdad es total y absoluto, por mucho que algunos puedan atreverse a ponerlo en entredicho. A ellos y al resto de lectores, un mensaje claro y conciso: SÍ -en mayúsculas-, siempre las  noticias del Diario de Teruel son verdaderas. Aunque no siempre son las que nos gustarían contar.