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Prometeo y los frioleros Prometeo y los frioleros

Prometeo y los frioleros

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Fabiola Hernández

En la Antigua Grecia, allá por el siglo V A.C., Empédocles argumentó que todo lo que somos está compuesto por cuatro elementos: fuego, aire, tierra y agua. Prometeo, el joven titán amigo de los hombres, robó el fuego a los dioses para llevárselo a los pobres mortales y que así pudieran vivir más confortablemente en un mundo hostil; les ayudaría a defenderse de las bestias salvajes. No contó el valiente Prometeo con que a los hombres, ante todo, había que defenderlos de ellos mismos.

En lo que va de 2022, solo en España, son ya más de 122.000 las hectáreas quemadas, y aunque parezca asombroso, no es el peor año del siglo XXI. 2012 vio arder más montes, cultivos y casas. Quedan cinco meses, sobra tiempo para superarlo.

Esto es lo que hemos hecho con los cuatro elementos que según los clásicos componen nuestra esencia: hemos intoxicado el aire, desertificado la tierra y envenenado el agua. Por ahora, solo el fuego se ha enfrentado a nuestra capacidad de descomposición. Lejos de amilanarlo, hemos transformado la amable llama que Prometeo nos regaló en el tallo de una cañaheja, en un monstruo de sexta generación que se alimenta del oxígeno que contamina, genera sus propias nubes y corrientes de aire y puede llegar a desatar una temida “lluvia de Fuego”. En algún momento deberíamos bajar del pedestal al que nos aupó la soberbia y que claramente nos provoca una miopía severa y empezar a admitir nuestros errores. Incendios ha habido y habrá siempre; la situación geográfica y climática de España nos hace especialmente vulnerables. Está bien, admitámoslo y actuemos en consecuencia. Limpiemos el aire, cuidemos la tierra y a quienes de verdad la miman, que no suelen estar en los despachos, y tratemos el agua como lo que es: nuestro más preciado tesoro. Y no seamos egoístas, regalemos una rebequita a quienes siguen negando el calentamiento global. Intuyo que son los intereses económicos y políticos los que no les dejan sentir este calor mortífero, pero nunca se sabe, igual son muy frioleros.