

Llega el final de agosto y algunas personas estarán pensando más en la resaca emocional que les va a producir terminar sus vacaciones que en disfrutar de los últimos días de descanso. Otras personas hace días que agotaron estos días y otras, a las que les encanta dar envidia, deciden disfrutar de las vacaciones en septiembre.
No son pocas las que me han dicho que el verano muy bien mientras ha habido vacaciones pero que después es muy difícil conciliar la vida familiar y la laboral cuando se tienen menores al cargo y es que, mientras los niños descansan casi tres meses, hay progenitores que tienen entre siete y quince días solamente. El sistema nos pide que tengamos hijos para seguir alimentando la máquina, pero nos quiere productivos cuantos más días a año mejor. El sistema no está pensado para la conciliación familiar. Son muchos los niños que habrán pasado horas en colegios de verano, esos que se llaman campus de día, o en campamentos. Los padres viven como un infierno esos días en los que no pueden disfrutar del tiempo libre de sus hijos. Y es que no todo el mundo puede permitirse disfrutar de todas las vacaciones escolares o tener una Nani a tiempo completo que además aporte una educación acorde con tus ideas y que copie tu modelo de crianza. Muchas veces los abuelos y las abuelas son la solución a todos nuestros problemas, pero… ¿cuando cogen vacaciones los abuelos y las abuelas?
También nos toca vivir ahora días de preparativos escolares, comprar el material y los libros del colegio, marcar todo, absolutamente todo: cada pintura, lapicero, sacapuntas… el arte de forrar los libros… ¿hay alguien como yo a quien le guste forrar libros? No lo quiero decir muy alto no vaya a ser que me traigan libros para forrar, pero me gusta, no me importa que sean muchos libros. De forrar no me quejo, pero el que sí se ha quejado es mi bolsillo, menudo desembolso… Algún día ya os contaré en profundidad de lo que pienso respecto a este tema.
Nosotros vamos a comenzar nueva etapa escolar, un cambio importante se acerca en la vida de mi hijo. Comienza Primeria y el pobre va a tener que hacerlo con escayola. Llevo días pensando y preocupándome por cómo se va a gestionar esto en el colegio: no podrá hacer educación física, ¿le dejarán sentado mirando cómo juegan los demás?, ¿se quedará en el aula?; ¿y en el recreo, ¿le dejarán jugar a riesgo de que se caiga y se rompa la escayola? Le tendrían que operar: ¿le dejarán en clase o sentado en un rincón, en la biblioteca quizás? Cualquiera de las opciones resulta cruel, aunque la de la biblioteca me gusta, pero me temo que va a pasar ratos más solo que la una. Vaya comienzo.
La gran mayoría de padres y madres deseando que los niños comiencen el colegio y yo, para variar, contracorriente: deseando que pudiera estar el mes de septiembre también de vacaciones para empezar el cole pudiendo disfrutar al máximo de todo. Sé que la preocupación es mía, que él va a estar perfectamente (o eso quiero creer), pero no puedo evitar pensar que vaya mala pata ha tenido.
De todas formas, sigue siendo un afortunado, vive en una familia con amor, tiene todo lo necesario para su bienestar, puede ir al colegio, tiene alimentos, buenos amigos y amigas y un techo bajo el que cobijarse del calor en verano y del frío en invierno. Tenemos suerte de no ser palestinos, tiene suerte de no ser un niño palestino jugando con la muerte, viviendo al límite y con miedo real cada día. Se está cometiendo un genocidio ante los ojos del mundo y no se está haciendo nada. Si no se habla se olvida y yo ni quiero ni puedo olvidar.