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Chema López Juderías

La eterna, agotadora e inacabable pandemia de la covid nos está haciendo replantearnos muchas cosas. Primero, en el plano personal, pero también en la visión general que tenemos del mundo, la sociedad y la economía.

Y quería hablar precisamente de esto último, porque desde hace tiempo estoy escuchando eso de que hay que aprovechar esta crisis para cambiar el modelo económico del país, apostar por el I+D+i y la industria y dejar de ser un país de servicios.

Y, ojo, sobre el papel me parece estupendo. Empresas punteras, medioambientalmente responsables, con empleados de alta cualificación y buenos sueldos. Hasta aquí, todo genial.

Pero no olvidemos que, nos guste o no, España ha sido, es y será un país de servicios. Porque tenemos buen tiempo, playas, patrimonio y gastronomía envidiable. Porque tenemos, y de sobra, muchas cosas que no tienen en otros lugares del mundo, empezando por nuestra forma de vivir, y toda esa gente va a seguir queriendo venir a vernos.

Y por eso, seguiremos necesitando camareros y cocineros y hoteles y guías turísticos y todo tipo de profesionales que atiendan y se ocupen de los visitantes.

¿Debemos cambiar el modelo económico o debemos cambiar la forma de hacer las cosas?

Con sueldos dignos, cumplimiento de convenios, respeto a la gente del sector u horarios sensatos, el sector servicios es muy digno, productivo e interesante para un país que tiene al turismo a la cabeza de su PIB. Y es interesante porque no podemos echar por tierra nuestro potencial.

Siempre habrá gente con ganas de tostarse al sol y comer un buen arroz. Siempre habrá gente interesada en conocer el arte mudéjar, o dar un paseo por un Parque Natural y a esa gente hay que darle un servicio.

No negaré que fiar buena parte de la economía doméstica a algo como el turismo es un riesgo, porque siempre puede venir una pandemia y echarlo todo por tierra. Pero igual de peligroso que hacerlo a otras cosas que también están al albur de lo que pueda ocurrir.

Demos al sector servicios lo que merece, pero no intentemos demonizar un trabajo que siempre nos ha sacado las castañas del fuego y que no tiene nada de negativo.

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