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Víctor Guíu

Noticia irrelevante. A la reina, antes periodista, se le cae una jojoya y su majestad, campechano como su padre, se agacha a recogerla. Periódicos, tertulias, telediarios… Todos a destacar un hecho tan estúpido como cualquier otro. Qué majo el rey, qué campechano… Qué gilipollez.

Torrentes de tinta, como este artículo, recorrerán las redes y los periódicos. Animarán los monárquicos a que intentemos comprender que es de sentido común vivir en la Edad Media. Que es de sentido común que las dinastías hayan ido adaptándose al poder porque a escote no hay nada caro, que dinastías que han llevado la corrupción y el robo en sus genes son un regalo de nuestra historia, un bien para el futuro y una garantía de pasado.

En nuestro acervo hay una parte importante de mamporrerismo, eso que llamaron los modernos del siglo XX la erótica del poder. Ese juntarnos con alguien importante, aunque sus méritos sean solo nacer en una cama rica. Y el mamporrerismo es mayor cuanto más anida el postureo en nuestras relaciones con las RRSS. Foto y registro. Aplauso. Llanto por el caído. Aceptación imbécil de sentirnos inferiores a nada.

Porque cualquiera sabe que si se cae algo se recoge. Aunque haya gente que no caiga, pues su única meritocracia es ninguna, pues el único encargo de su vida es mantener el poder de él y de los suyos. Y para eso no hace falta tener sangre azul, hace falta tener una sociedad aborregada, que envuelve en banderas sus miserias. La aceptación de “es lo que hay”, del “todo atado y bien atado”.

Trasladando esa sangre a las familias caciquiles y poco meritocráticas de nuestra España interior, cuántas pruebas de lameculismo han podido observar cualquiera de ustedes, cuántas pruebas de apellidos construidos sobre los comunales de nuestros pueblos y el sucio liberalismo burgués que esquilmó lo que era de todos. Cuántas PACs en brazos de niños pijos que solo vuelven al campo a cazar.

Artículo irrelevante. Mañana nos desayunaremos con otra pijada, no se desanimen. El pijerío volverá a su aula y comprará lo que necesite. Muchos pringaus les lamerán las botas creyendo que algo se pega. Y nuestra sociedad perderá la fuerza de la cultura y el criterio a golpe de falsa progresía educativa. Para que, en unos años, algún pagafantas le recoja la diadema a Leonor, un 6 de enero, en la Pascua Militar.