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Las zanahorias de Bugs Bunny y las espinacas de Popeye Las zanahorias de Bugs Bunny y las espinacas de Popeye

Las zanahorias de Bugs Bunny y las espinacas de Popeye

Javier Sanz

Algunos de los alimentos que hoy en día forman parte de nuestra dieta habitual, o deberían hacerlo, no lo tuvieron fácil para conquistar nuestras paladares y nuestros mesas, como por ejemplo las zanahorias o las espinacas. Por un motivo u otro hubo que utilizar algún tipo de estrategia, ya fuese tirando de ingenio o aprovechar determinadas circunstancias y errores, para que los consumidores las incluyesen en sus cestas de la compra y, sobre todo, entre los ingredientes de sus platos. Estas fueron las estrategias que se utilizaron para fomentar el consumo de  zanahorias y espinacas.

Zanahorias

Durante la Segunda Guerra Mundial, el piloto británico John Cunningham se hizo famoso por su especial habilidad durante las batallas aéreas nocturnas: acreditó 20 derribos de aviones alemanes. De ellos, nada menos que 19 de noche. Desde septiembre de 1940 hasta mayo de 1941 la Luftwaffe (Fuerza aérea alemana) estaba llevando a cabo un intenso y continuo bombardeo de diversas ciudades del Reino Unido, fundamentalmente Londres. Grupos de pilotos de la RAF (Fuerza aérea británica) operaban durante el día tratando de derribar los bombarderos alemanes que literalmente arrasaban el país. Por las noches, era el grupo del capitán John Cunningham el encargado de acosar las formaciones de bombarderos alemanes. Cunningham, noche tras noche, iba anotando derribos en sus misiones nocturnas, hasta llegar a los 19, acumulando también numerosas condecoraciones por sus arriesgadas misiones. Famoso como una estrella de cine, recibió el apodo Cat Eyes (Ojos de gato) por su excepcional habilidad en la batalla nocturna. Tal habilidad, se había logrado gracias a una dieta especial de zanahorias a la que tanto él como su grupo de pilotos habían sido sometidos durante varios años, consiguiendo así desarrollar en los pilotos una visión nocturna superior.

 

Bugs Bunny


La campaña publicitaria fue espectacular: todos a comer zanahorias... mejoran la visión nocturna como a nuestros pilotos… los niños ponían la imagen del piloto en las paredes de sus dormitorios… las familias sembraban sus jardines con zanahorias… Pero esa era la explicación oficial, la realidad tenía que ver con el desarrollo de un sofisticado sistema de radar denominado AI (Airborne Interception), instalado por primera vez en los aviones y que, con la ayuda de los radares de tierra, guiaban a los cazas nocturnos hasta los bombarderos alemanes. Evidentemente, el Ministerio de Propaganda británico quería mantener en secreto sus investigaciones y progresos con el radar, y para ello desplegó esa fantástica explicación de las zanahorias y la visión nocturna. El engaño también ayudó al Ministerio de Alimentos británico, a través del aumento del consumo de hortalizas, especialmente zanahorias, en los difíciles momentos del racionamiento y escasez de guerra, sobre todo ante las quejas por la falta de suficiente carne y otros alimentos racionados. ¿Qué mejor manera de animar a los niños a comer zanahorias que decirles que es el alimento elegido por los héroes?

Espinacas

Cuando era pequeño mi madre me vendía la moto de que tenía que comer espinacas porque tenían mucho hierro. Lógicamente, aquella teoría tenía un apoyo visual brutal: los dibujos animados de Popeye, el marinero que cuando se tomaban las latas de espinacas se ponían cachas y zurraba al pobre Brutus. Pues mi madre no mentía, fue un error científico el que hizo creer a la sociedad que las espinacas tenían mucho más hierro del que realmente tienen.

A finales del siglo XIX el científico J. Alexander estudiaba los nutrientes y las propiedades de las espinacas y en sus anotaciones hizo constar que 100 gr. contenían 0’003 gr (3 miligramos) de hierro. Cuando su secretaría transcribió las notas, cometió un error al colocar la coma y el estudio se publicó con el dato de que contenían 0’03 gr (30 miligramos) de hierro. El consumo de espinacas se incrementó un 30% -lógicamente, los productores estaban encantados-. En 1930 un grupo de científicos alemanes publicó un estudio desmintiendo esos datos y haciendo constar el error de transcripción. Por lo visto, hay mentiras, en este caso errores, que tienen más vidas que un gato, porque si preguntáis la gente todavía sigue creyendo que las espinacas son uno de los alimentos que más hierro contienen.