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Javier Lizaga

Uno de los pocos placeres sostenidos suele ser el de desordenar. Empezamos, con dos años, poniendo patas arriba una habitación y, acabamos con la vida completa. La diversión se mide por el estrapalucio. Piensen en las mejores fiestas en las que hayan estado y verán que requieren movimiento, como en una pieza de Antón García Abril. Piensen en las fiestas de cualquier pueblo, lo esencial es llenar la plaza de banderines, escenario, barra y vasos de plástico (los cambiaremos por cartón). No se pongan sentimentales que solo era un ejemplo.

Solo por eso, por el desorden, merece la pena el verano. Como los libros en los que había que saltar los capítulos, aunque el final fuera lamentable. El verano demuestra que los matemáticos no tienen ni idea de la vida, todo es alterar los factores. Hay gente que encuentra placer en tumbarse en el suelo, a 40 grados, en calzoncillos, rodeado de desconocidos que gritan y con niños que le tiran arena. Agnósticos viendo iglesias, urbanitas que se disfrazan de cazadores, pero temen al lobo y hasta quien es feliz con un paseo y una cervecita, los llamo los masocas de diario, hedonistas de fin de semana.

El verano es como una peli de Tarantino, un flash back y un crimen, porque todos empezamos a currar un verano, más por echar una mano en casa y pensando en las fiestas de algún pueblo que en las consecuencias, fue un accidente señor juez. Aun recuerdo cuando el principal temor de muchos fue que descubrieramos en el confinamiento lo bien que se estaba sin hacer nada. Aun sospecho que por eso no nos dejaban salir de casa.Es la paradoja del tomate rosa y las zapatillas de marca. Convénzanme de que les produce más placer llevar unas putas bambas de 100 euros que comerse un tomate recién robao del huerto del suegro. Me gustaría dirigirme a los extraterrestres que nos visitan para decirles que se puede comer pan de pueblo a diario, pasear a diario, tomarse una cervecita en días alternos y hasta les dejaremos travestirse con sus rollos montañeros. Igual solo estoy confundido o confundiendo los términos. Espero que no les pase como a mí que echo más de menos zambullirme en la piscina, las tardes de bici o leer toda la tarde, que volver a currar. Creo que es desorden vacacional.