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Javier Lizaga

Igual que otros se acuerdan de Papa Noel, cada navidad pienso en Jose Luis Pardo. El mejor filósofo español vivo y, por ello, evidentemente, un desconocido (porque a nadie le gusta que le hagan certeramente pensar) y de sus ideas sobre los juguetes. Hemos pasado, expone, de Pinocchio a Buzz Lightyear, de la marioneta sin conciencia que madura, al muñeco que ni siquiera quiere ser niño, sino juguete. Hemos legalizado al niño, dice. Eres un Peter Pan ha pasado de insulto a orgullo, digo yo. Quédense con una advertencia de Pardo: los juguetes son un túmulo de deseos de los adultos.

Es meter a Pardo y el asunto se pone serio. En cambio yo sólo quería relajar el tema. Mientras volvemos a reducir una ley de educación al debate del nacionalismo, mientras observamos como cada vez más el gobierno se parece a una comedia española de enredo (tan mala que da vergüenza ajena) y mientras la oposición no se ha enterado que Trump ya es historia, incluso cuando empezamos a pensar que lo de las navidades sin navidades no va de broma…Yo quería pasar de todo y dedicarle una columna a Chichi Love. Creo que es injusto para los que no sois padres que no escuchéis hablar de un juguete bautizado por algun transtornado: un perro sarnoso, pequeño, peludo, cuya virtud es expeler unas cagarrutas de plástico, propias de un conejo con diarrea, para que los niños las recojan.

Son muy confortables las cárceles para el nivel de los diseñadores de juguetes. Virus tester por ejemplo es un artilugio para probar si unos muñecos tienen virus mientras les dan sacudidas cual síncopes traperos, luego hay un bebé al que preparamos una papilla que parece a la que hacía Torrente a su padre, un ángel capaz, por supuesto, de defecar. Incluyan un perro cuya virtud es lloriquear, un bebe de vejiga generosa y el fontanero chapucero, no me van a creer, cuyo atractivo es que se agacha y “enseña el cartón”, seguro que si lo pides te sablean 50 por el desplazamiento. 

Si los juguetes educan, estos ridiculizan a los oficios, obsesionan con cuidar niños (quizá trasluz de una sociedad que los descuida) y les enseña que hasta un perro de plástico es molesto. Ya sé que soy un exagerado, hay más juguetes, pero a veces, ya saben, como en la realidad, destacan los mamarrachos.