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Javier Lizaga

Me pregunto dónde veranean los vendedores del Círculo de Lectores o los testigos de Jehová o cuál será la canción del verano. Permítanme pero estoy harto de ponernos trascendentales. “Los predicadores predicando, los políticos tratando, los ladrones felices robando…” Los Rolling Stones, por ejemplo, subrayan en Ghost town, su canción confinada, que siempre hay un halo de normalidad, podría ser el himno del verano. Visto lo visto, la fiesta va a ser como las juanolas, guardadas y pocas. La nueva normalidad es como los padres cuando tienes 18. Te dan permiso para ir a currar a Sebastopol, pero para salir de fiesta no puedes ir ni a Castralvo. En la nueva normalidad los aviones se pueden llenar, pero la plaza de un pueblo no. Ya saben, el puto dinero como argumento. Y entre pasta o vivir, los que mandan eligen….

“Cada noche pedo, cometiendo errores en cadena”. La de Leiva también podría ser la canción del verano. El confinamiento se resume en quienes querían comprar una bici estática y realmente agotaban las existencias de cerveza del súper. Compartiendo experiencias con colegas, la única común es que hemos vuelto al vermú. Aristoteles diferenciaba entre la Historia en mayúsculas, algo teatral porque se genera la ficción de que las cosas suceden unas a causa de otras, luego está la historia en minúsculas, la real, donde todo sucede sin explicación. Ya no quiero hablar más de impacto económico sino de cines al aire libre, una plaza del Torico con djs en las terrazas y conciertos, en campos de futbol y con aforo limitado, pero la música fuerte. Se puede.

Aunque si pudiera soñar y hubiera justicia poética la canción del verano sería Eso que tú me das de Pau Donés, que la vida es una flaca inalcanzable, pero muy bailable. Hasta el título de su disco ese Tragas o escupes es para tatuarselo. Pau nos ha vuelto a recordar que mientras hacemos el gilipollas la vida pasa. Pero ojo que igual no hablamos de lo mismo. No hablo de crisis, política o trabajo, hablo de jugar en los parques, bailar, saltar, gritar, cantar, reír con los amigos. Eso, es lo fundamental. Pongan todos los medios y déjense de marear los números. Una de las cuatro personas que han hecho que sea quien soy me enseñó que el cancer puede quitarte la vida pero no la sonrisa, no el amor, no el cariño. Y por eso, aún lloro a veces, pero nunca dejo de sonreír.