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Javier Lizaga

No se me va de la cabeza el discurso de un escritor jodido porque le han dado un premio. “Debemos ser incómodos y hacer pensar”, dice, “y a mí me habéis canonizado”. Por eso, aunque podría hacer una columna de lágrima fácil, cual Manu Tenorio, o poner un tweet y luego borrarlo, como hacen los valientes, prefiero dejar escrito que yo no echo de menos la Vaquilla.  Podría ir a lo fácil, mentar el Prestige al PP o los ERE de Andalucía al Soe, y sacar a relucir el olor a meín y los trozos de comida que duran hasta agosto o el “todo vale”, pero eso es cómo decirle a un cura que se les está quedando desfasado el repertorio. Te habla de la Trinidad y te dice que no entiendes. Tengo un amigo que rechaza tanto los toros, como prohibirlos: morirán solitos, me dice, sólo hay que dejarles hacer a los taurinos.

Los custodios de la Vaquilla, los que dicen que no hay mejor fiesta, más abierta, popular, dicharachera y así todo lo que se decía de Barrio Sésamo son, sin quererlo, las mayores amenazas, como en las pelis, los malos siempre son de la familia. Los toros, son un buen ejemplo. ¿Por qué se arrinconan si son la esencia de la fiesta? Corridas ruinosas (eso dicen consecutivamente todos los gerentes) que además son una tremenda burla pública de un señor torero. Sería como contratar a Messi para jugar una pachanga y luego pasar de él para merendar. Los ensogados, lo dice alguien que ha corrido más de 20 años, convocan menos gente que algunas peñas que, a esas horas, incumpliendo hasta el respeto siguen martilleando cerebros y no dejan ni pasar, porque pasan de todo. Y ya no hablamos del resto de tradiciones, esas que ni os acordáis.... 

He temblado de emoción con mi padre mientras esperabamos al toro en el Goya, he corrido todas las peñas, he peleado para salir más porque “son las mejores noches” y he ganado amigos y perdido novias. Hoy sólo veo una discomóvil generalizada, una fábrica de plástico cuando llevo años reutilizando vasos en festivales, conciertos de saldo, faltas de respeto y una fiesta que te aparta si no tienes 20 años. Hasta los peores festivales tienen un espacio para niños o terrazas para los mayores. Y puede que me equivoque en todo, pero ya vale de que ser vaquillero suponga tener que decir que todo está perfecto. Tenemos un año y otra oportunidad para mejorar.