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Javier Lizaga

Ya sé que el mundo no es de color de rosa, las playas no estan desiertas y los melones no siempre son dulces pero si no estan apabullados por tanta verdad me gustaría prevenirles, para que no se conviertan en horda turística. Dícese del sujeto que va en chancletas a la  montaña o equipado para ascender el Everest para dar un paseo por el monte. Siempre actúa en grupo. Suele hacer fotos como si le encantara lo que ve. Aunque por lo que hace: pisar el sembrao, arrancar, saltar, retozar cual jabalí, se deriva una actitud destructiva que hacer dudar de lo anterior. Tiene muchos derechos, quejas por el precio de las entradas y bocadillo de mortadela. Le encanta hacer cola, aunque lo niegue.

Tranquilos porque todos, antes o después, hemos pasado por ahí. Lo importante es no quedarse. Mis excursiones escolares dejaron un residuo de papel de plata que ríete del Prestige. Pero también podría contarles que he sido víctima del “turismo de instagran” hace solo unos días. He estado en un parque natural con unas 20 playas, todas vacías excepto tres ¿Adivinan cuáles? Las que recomiendan en Internet, las del “tienes que verlo”. Las que necesitas fotografiar para dar envidia a la vecina del sexto. En interné no explican que el paraíso no puede parecerse al metro de Madrid en hora punta. O deja de serlo.

Schopenhauer decía que la vida está entre el aburrimiento y el dolor. O haces cosas insustanciales o estás jodido por desear algo que no tienes. Para rizar el rizo, alumbramos unos tiempos en el que lo que queremos todo y además vivimos por proyectos. Hay que pasar el examen, entregar el trabajo, conseguir el ascenso, tener un hijo, comprar esto o aquello o incluso ir a aquella playa famosa “que para eso hemos venido”… Vivir obsesionado por los planes, por hacer cosas, supone que el éxito sea el cese. Una vez logrado, abandonamos, llega el vacío, explica Kieran Setiya, que lo llama motor de autodestrucción. Los corredores lo sabemos bien, si sólo corres por ganar carreras, no disfrutarás nunca. Prefieran siempre pasear a ir a un sitio o disfrutar de los suyos a hacerse una foto. La vida no es un bloc cuadriculado, sino una golondrina en movimiento, canta Sabina. Jugar por jugar.