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Javier Lizaga

Dícese cuando te rodean más crisis que amigos. Quizá tendrían que dejar de leer esta columna si no pasan por la cuarentena (no del covid, peor). Suelo reírme con algún amigo cuando le recuerdo que yo, de chaval, me pensaba con dos churumbeles y trabajo fijo a los 28, ahora me cuesta pensar alguien contento con el suyo. El otro día Patricia Gosálvez, horchata periodística, comparaba el estado del mundo con una crisis de los 40: todo el mundo buscando propósitos, explorando aficiones, abrazando cambios vitales… Y me contenté pensando que igual no sólo somos nosotros, sino el mundo el que está grillao.

La contradicción es la primera prueba. Recorro muchos pueblos y aun no he visto esas hordas de capitalinos arrepentidos que iban a ruralizarse. Por no ver, ni casas en venta. Como mucho alguna en reforma de alguno que no sabe donde meter el dinero de las trufas. Es el síndrome “año nuevo”. Los própositos duran menos que el ánimo de dejar de fumar, menos aun cambiamos de vida, porque, al final, da pereza. Y una cosa es el pueblo que pinta Almodóvar, así de colorines, y otro el de verdad. Sin seveneleven, ni centro comercial, y vete a saber.

La crisis continúa por lo laboral. Los mismos que habían descubierto en el confinamiento que tenían que pasar más tiempo con sus hijos defienden, con cara de emoticono, las cuarentenas de 3 días porque vaya cuadro si te mandan a casa “con los niños”. Ayer me contaba una amiga que sigue teletrabajando, que ya de bucólico nada, al final, 10 horas y está empezando a tener conversaciones profundas con sus gatos.

El tercer pilar es la juventud, los de 30 (me meo). Han salido de la pandemia con ideas claras. Hay que mamarse a la hora de comer, sin esperar más. Este sábado, me decía un amiguete, la Zona volvía a estar petada. Quiero soñar que es el plan B de las medallas del CIT, los nietos brindando por el triunfo del amor, y del reguetón.

De aquel saldremos mejores, al tira pa allá, y ahora “¿A dónde vamos? Como no hayas reservao”. Una encuesta del Instituto Sindical del Trabajo apuntaba que 1 de cada 4 personas toma sedantes o tranquilizantes. Quiero pensar que es cíclico: por estadística aun falta para otra pandemia, otro volcán, otra crisis económica…y trato de no tener ansiedad, pero les dejo que hace 30 minutos que tenía que haber empezado un cursillo.