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Javier Lizaga

Luz era su apodo. Se llamaba Carl Ludwig Long. Ingresó en la universidad de su ciudad, Leipzig, para hacer Derecho, aunque destacó en salto de longitud. Ganó en Turín la medalla de bronce en el Campeonato Europeo de Atletismo, era 1934. Sólo confirma que la vida es un juego que en el 43, en el mismo país, encontró la muerte: en Acate (Sicilia) al defender la isla como parte de la Luftwaffe, la armada aérea alemana. La historia se la contó un amigo americano, Jesse, a su único hijo. 
En su última carta Luz le pedía que visitase a su hijo después de la guerra para contarle “cómo pueden ser las cosas entre los hombres en esta tierra”. Gracias a eso hoy sabemos que dos de los hombres llamados a odiarse, se hicieron amigos. El 4 de agosto la medalla de salto de longitud de los Juegos de Berlín los enfrentó. Jesse Owens llegaba cansado tras ganar los 100 metros el día anterior. Había fallado dos saltos y si volvía a hacer nulo sería eliminado. Long detuvo a Owens y le aconsejó que saltase más atrás, que asegurase. Al día siguiente, uno batió el record europeo y el otro, su segunda de las cuatro medallas de oro que le hicieron pasar a la historia.
Para regocijo del analfabetismo funcional mundial, la historia que ha trascendido es que Owens le quitó la medalla a Long, un perfecto ario, y que Hitler se marchó del estadio y no le quiso ni entregar la medalla por el cabreo. La realidad es que a Hitler le dijeron del COI que o daba las medallas a todos, o a ninguno, y decidió dejarlo, eso fue 3 días antes. Tampoco estuvo en todas las pruebas y todos los días. El propio Owens relató que le recibió personalmente para felicitarlo y se sentía agradecido con Hitler. Quizá también porque su presidente, Roosevelt, pasó olímpicamente de él, porque le denigraron a amateur y cortaron su carrera en su país, donde seguía teniendo que ir a los restaurantes exclusivamente de negros.
Esta semana el COI  ha retirado de la serie de cortometrajes promocionales el que se refería a Berlín, con Long y Owens de protagonistas. Las redes y los estúpidos arremetieron contra lo que consideraban una promoción del fascismo. Mi consejo es que lean siempre hasta el final, que no se fíen, que piensen, que busquen… Sea la historia de las tarjetas, las cifras de muertos, la despoblación…investiguen. Como en el caso de la mascarilla, es muy fácil criticar al mundo mundial pero sería mejor preocuparse de cumplir uno mismo.