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Javier Lizaga

Proust lo puso por escrito: “La muerte podría alcanzarme esta tarde”. A mí me encanta la respuesta de Jep Gambardella, el protagonista de La grande bellezza (peliculón) que cuando le vienen con estos pesimismos, les expone que ya se ha hecho de noche, así que como mucho eso será mañana. Yo creo que las restricciones por el covid tienen que ser de alguien que lee mucho a Proust, a Kafka y que tiene, por resumir, el espíritu de Eugenio, el humorista. Por decirlo suavemente no tenemos las mismas prioridades. En París, se han inventado un circuito teatral que recorre los parques de la ciudad, en Berlín, ya están negociando los espacios públicos donde puede haber música al aire libre, me refiero raves (fiestones), no penséis en el bolero de ravel, sino en un botellón pero bien organizado.

 En mi defensa quiero decir que tampoco quiero cantar Todo negro de Los Salvajes. Voy todas las semanas a las actividades culturales del Parque de los Fueros. De charangas a circo, de equilibristas lejanos a otros cercanos. Excepcional el esfuerzo de Ayuntamiento, grupos y público porque se respete la distancia social entre personas pero la cercanía entre neuronas. A veces cuando acaba y el aplauso se alarga varios minutos, entre las palmas se entreoye: “Mucho ánimo”, “Gracias por hacernos olvidar todo por unos minutos”. Yo lo he oído y no sé si lo murmullan artistas o publico.

Proust realmente era un provocador. Hijo de epidemiólogo (profesión de éxito en 1885 y ahora), tan garantizado tenía el sustento como la mala fama de pasearse con su coche y su novio por París. A mí me recuerda a Miguel Bosé, nuevo superhéroe español. Perniola clasifica a los individuos entre los indignados contra la manipulación de las noticias, la persuasión oculta, las promesas electorales incumplidas,…es decir, los que creen que la verdad existe y los que no creen directamente, ni en la verdad ni en los medios. Aplíquenlo a la libertad. Y en lugar de andar protestando porque una maldita mascarilla coarta su libertad, pregúntensen si existe y cómo podemos llegar a algo que se le parezca. Yo sinceramente echo de menos bailar. Gritar, cantar, estar con amigos. Me importa menos ponerme la insoportable mascarilla. Ya ven prioridades, al menos, hasta la próxima tarde.