Síguenos
Javier Lizaga

La cabra de Osborne, la flamenca y el delantal de lunares. Y nosotros pendientes de las peleas de niñatos. La paela, el cocido y los calamares. Ya no te puedes fiar ni de las colas, como marchamo de calidad: una docena en la fila del cajero. Las zapas blancas que parecen zuecos, los plumas acharolaos y más brillos que una jubilada. Una visita a Madrid es como una canción de la Rosalía. Piensas que te has perdido algo. ¿Homenaje? ¿Reinterpretación? No. Mamarrachada. El país discutiendo si Ayuso o Casado serán los mejores candidatos, cuando lo que nos merecemos de verdad es a Chiquilicuatre.

Lo bueno de ir a la capi es que te das cuenta donde se marca tendencia. Te das cuenta de que lo de llenar las plazas principales de bares cutres, de chistorra, torrezno (viva Soria!) y cerveza templada no es cosa de provincias, sino que nos llevan la delantera en esas ciudades donde el centro lo marca la tienda de la manzanita, el mercadillo del Bresca y la sucursal de café de calcetín. En el universo de la paela y el chuletón requemao, lo más instagram es recorrerte la ciudad en un subway, esa castaña de dos ruedas que es el descojone vial de la Europa de la bici. Las capitales europeas abriendo carriles bici y nosotros convirtiendo las calles en una gimkana, entre patinetes y buses turísticos.

Dos ejemplos merecen atención. Un guía turístico recriminándome que les pusiera un video didáctico en el móvil a mis hijos en el Prado. Ese lugar atestado de guías con micrófono a cargo de rebaños que te ponen el culo en la cara a la mínima. Ese lugar donde el plano para niños está desfasado, donde las audioguías siguen fuera de circulación por el covid (úsenlo si necesitan una excusa). Segundo ejemplo: parques infantiles cerrados por aviso meteorológico y por tontuna, añadiría, la de quienes se anticipan a la queja del que siempre esgrime “pues la responsabilidad no es mía, haberlo prohibido…”. Más que nunca necesario citar a Labordeta y mandarles a ese lugar.

A la mierda, aunque acabará salpicándonos a todos, como dice una amiga, ahora mismo hay una burbuja de lo cutre. Y ya saben lo que saldrá cuando explote. El resultado también puede verse en Salou, con guiris potando y sangría barata. Cuidado con el oro del turismo, no vaya a ser de tangue. Yo me vuelvo.