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Javier Lizaga

Cada vez me despistan más los americanos y sus tradiciones. Después de la imagen de un pavo exhibiendo a otro (dia de dar las gracias), adoro la reinterpretación de la llegada de los Reyes Magos. Cuando medio mundo estábamos medio quejosos medio resacosos  de una navidad a medias, los pavos montaron una buena cabalgata donde sus majestades antidemocráticas venían de la América profunda con regalos y cachiporras. Alguno había leído la parte de Herodes y no tenían muy claro que hacer con los niños, ni con los congresistas. 

Me gustaría ser alguien para poder publicar en twitter: “Filomena no existe. Os quieren encerrar en casa. Es espuma de afeitar pasada de fecha. Que no os engañen”. Luego pondría un par de fotos que tengo de mis pinreles en la playa. Si ha habido gilipollas capaces de creerse que con la vacuna te meten un chip (pa regalar chips estamos) y que las elecciones de Estados Unidos son un fraude (cualquier elección donde Trump sea una opción lo es) seguro que triunfo y montamos un chiringuito de playa en los Monotes. 

El Coco Basile es el último en sumarse a los terraplanistas, que en España han cambiado el Mostoles FC por el Flat Earth (peazo de nombre para un garito). El argentino, cuyo mayor mérito es alguna patada, tiene ojo: un día un cura quiso visitar al equipo que entrenaba y lo echó a gritos. “Es bufa (homosexual), aunque realmente era el futuro papa Bergoglio.  Baudrillard pone como ejemplo precisamente a los curas. Dice que inventaron las imágenes de dios para glorificarlo pero así se libraron de que preguntaran si existía. Y entre tantas, lo hicieron desaparecer. 

Una ilusión no se suele combatir con la realidad, sino con otra ilusión y así estamos. El otro día un vecino de Veguillas de la Sierra les espetó a mis compañeros: “¡Aquí no ha llegao ni el coronavirus, ni las quitanieves!”. Como si el colmo de la despoblación fuera ya no ser ni noticia. Al revés, la vida es lo que no que cabe en un informativo. Siempre les queda inventarse una conspiración. A mí me sigue preocupando no que la turba llegara al Capitolio sino donde irán después tantos gilipollas. ¿Dónde se meten?  El presidente de la República Checa  se cambió al día siguiente su foto de perfil con gorra roja estilo Trump por una con una mascarilla, un tapabocas.