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Javier Hernández

Una de los fijos vacacionales veraniegos de Teruel, era tomar algún café mañanero en el Óvalo con Luis Cañizares, con la conciencia o inconsciencia de saber que íbamos a coincidir por la ciudad y así fijar día y hora, siempre por la mañana que la sombra se agradece en el verano turolense. En esos encuentros el repaso de la actualidad, las distintas situaciones de la sociedad y algunas cosas de arte próximo y lejano desfilaban por la mesa entre vaso cucharilla y plato.

Conozco a Luis de toda la vida estudiaba con su hermano Javier, el Cañizares de mi edad, pero fue en 1985 cuando entablamos amistad, por aquel entonces la prensa en Teruel estaba en plena metamorfosis, se incorporaban nuevos medios, nuevas emisoras de radio y la sociedad también exigía nuevas maneras de informar, de renovar diría; en ese empeño la figura de Luis es capital, hoy hacer una retransmisión parece a ojos del espectador cosa natural y sencilla, en esos años no era tan fácil, creció la oferta y se diversificó el estilo, y en buena medida a esa diversificación contribuyó Luis, primero en Radio Heraldo y luego con la información diaria en la página turolense del periódico homónimo.

En septiembre de 1985 viajé con Luis Cañizares a Alcañiz -yo no tenía coche- para cubrir el premio automovilístico; toda una mañana de entrevistas, entradas en directo y trabajo en el centro de prensa instalado en el Colegio Emilio Díaz en plena recta de meta; marchábamos a comer a Meseguer cuando justo caminábamos por el hospital y comenzaron a llegar ambulancias, habíamos visto el banderazo rojo de accidente pero desconocíamos el alcance, justo allí sin pretenderlo vimos cómo abrían los transportes sanitarios con los heridos trasladados al Hospital; recuerdo como si fuera ahora que cogí el brazo a Luis, me temblaban las piernas ante los que estábamos viendo, conscientes de la gravedad, vuelta al centro de prensa y allí toda una tarde de ritmo informativo y consciencia de la tristeza de una sociedad que ponía lo mejor de sí misma para ese acontecimiento.

Alcañiz y un gran número de partidos de fútbol, principalmente, forjaron nuestra amistad, la conversación pausada, el ver cómo el deporte iba alcanzando niveles tanto en competición como en la participación de una ciudad y una provincia que intentaba situarse en el concierto deportivo de su entorno; en la prensa en general y en la deportiva en particular, el criterio es fundamental, luego está la que cuentan del Corsario y tampoco lo contrario que diría Joan Manuel Serrat, porque lo de que mi chico juega mejor que el tuyo, eso ya lo vivíamos en aquellos tiempos.

Aquellos tiempos pueden verse lejanos para muchos, pero no ha pasado tanto, hay un serie de periodistas e informadores donde gente como Luis Cañizares abordó una nuevo ritmo, quizás porque todo evoluciona, y siempre he dicho y he defendido que en aquellos tiempos había profesionales que se esforzaban en hacer una información de calidad, profesionales que merecen el respeto de la memoria, teniendo en cuenta que cuando alguno gratuitamente dice que eran malos, su día a día actual los hace enormemente buenos, de Pulitzer incluso; luego hay modos y maneras que estaban entonces y curiosamente siguen ahora, al final el imperio ya saldrá adelante como diría Livia en Yo Claudio.

Confieso mi tristeza con la marcha de Luis Cañizares, confieso que me llena mucho haber conocido a una persona con tan buenos fundamentos, me duele esta marcha inesperada, saber que no habrá más cafés de verano en el Óvalo con prensa, arte y sociedad y otros temas -inagotables temas-; se amontonan los recuerdos, los viajes y las personas que fueron amigos comunes, quizás esta primavera es para mí una ventana con demasiado dolor, con pérdidas que le quitan la chispa al caminar. Tal vez ,como decía Alberto Cortez, la vejez es la antesala de lo inevitable, y aunque el porvenir será lo que tenga que ser y ahora la tristeza sea lo que más enfunda por la marcha de personas con tan buena influencia para uno, en las cosas que verdaderamente importan por vividas y felices estará amigo Luis, lo mucho que nos hemos reído en estos años.