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Javier Hernández

Estos días de fiestas encadenadas, taller, dibujos, lecturas y puesta al día de prensa y artículos, he llegado a la conclusión de que a Pablo Iglesias le gustaría ser Jesucristo, lo cual es del todo imposible; esta conjetura es mía y solo mía, habrá quien piense que he llegado a ella de una manera exclusivamente estética, por pelos largos, barbas y ojeras, pero no, nada más lejos; en los tiempos actuales no son necesarios los evangelistas, la palabra sale por boca del protagonista en cuanto le ponen un micrófono delante, aquello del micrófono, el niño y la piruleta sigue estando de rabiosa actualidad en los tiempos actuales.

Asegura Pablo Iglesias que se equivocó al designar a Yolanda Díaz como sucesora, lo hace después de que la vicepresidenta apareciera en un acto junto a Iñigo Errejón, aquel que fue y dejo de ser, y que por lo visto y escuchado produce un cierto efecto como la kryptonita para Supermán o los ajos para Bela Lugosi en sus mejores tiempos de vampiro de referencia.

Conste que tengo un gran respeto por Pablo Iglesias, por su formación, por su labor docente, y aunque llevo años diciendo que era una fórmula caducada, también incido en la presión mediática y personal a la que ha sido sometido; lo que nos debería abrir una reflexión como sociedad, sobre en manos de quién estamos y sobre el valor determinado de algunas actuaciones, amén de confirmar que el terreno de juego es la red y el plató y no el parlamentarismo, en esto Pablo Iglesias también juega.

Se presenta el anterior líder de Podemos con la duda de si debería haber convocado primarias. Esto abre varias sendas o caminos; por un lado, en esas mismas declaraciones asegura que de haberlo hecho el resultado hubiera sido otro; esa afirmación rezuma una cierta pose de superioridad, a lo rey sol, el estado soy yo, el partido soy yo, la asamblea soy yo. Por otro lado, en la afirmación, como ya he dicho, se remacha aquello de “tal vez me equivoqué” distintos a otros clásicos ya conocidos como “me he equivocado, no volverá a pasar” de signo contrario pero sobre los que hay que pensar.

Esto me lleva a otra página de la historia con ciertos tintes similares y con un dirigente antagonista de Iglesias. En la memoria periodística aquella designación con aureola de dedo divino por parte de José María Aznar en la persona de Mariano Rajoy, una elección sacrosanta mucho antes del todo es falso salvo alguna cosa y homologar que los españoles son muy españoles y mucho españoles. Al igual que ha hecho Pablo Iglesias, Aznar no tardó en arrepentirse de su decisión, lo que independientemente de las trayectorias dispares de ambos, el tema nos lleva casi a concluir que el dirigente emérito quiere seguir cocinando en los fogones de la organización y con sus personales recetas.

Lo de la equivocación, dicho así, sin mesura, me parece uno de esos desatinos que por evidentes un dirigente debería callar aunque lo piense, más dicho tras una aparición pública con aquel que fue amigo y luego enemigo del líder, del pueblo y de la batalla de las flores. Dentro de un elemental análisis periodístico se deduce que el problema es que Díaz tiene criterio propio y eso no le gusta al otrora dirigente, que vuelvo a insistir en mi respeto a su docencia, escritos e ideas como no puede ser de otra manera; donde se equivocó y mucho y así lo expuse en líneas anteriores fue en darle mando en plaza a Echenique, ateniéndome a su nefasta gestión en Podemos Aragón, y que aunque es actual partido de gobierno, si nos atenemos al último CIS no pintan cielos susceptibles de asalto para mayo del 23. A lo mejor estoy equivocado y aunque también es del todo imposible, la próxima melena es rizada modelo Luis XIV.