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Javier Hernández

Decía también la canción de Señor Trepador, rojo es el color que tiñe mi corazón; así de carrerilla me parece que es un título óptimo para relatar lo vivido el domingo una ciudad y gran parte de la gente que la compone en ilusión, comprometida con el derecho a soñar; es esto de soñar algo a lo que nos deberíamos abonar con más frecuencia.

Tengo mi primer y remoto recuerdo de acceso a Pinilla de la mano de mi padre; abrigo, y verdugo de lana, porque el amor al Club Deportivo Teruel lo forjas a fuerza de sumar “bajos ceros” y eso adiestra un corazón rojillo.

El domingo, el Teruel demostró que nada es imposible; demostró que tiene la mejor afición de Aragón, a la que conviene recordar que una vez llegado a ese status lo difícil es mantenerse, y que por tanto seguir apoyando al equipo es la tesis a perfeccionar y por tanto crecer; tendremos domingos de reveses, de contrariedades, de discrepancia entre aficionados, pero serán infinitamente menos que los de alegría, de gritos de gol e ilusión tanto en la primera parte como en la segunda.

En La Nucía, el Teruel perdió un partido pero ganó un gran hueco en la historia; podíamos haber tenido ambas cosas, pero los dioses del futbol tienen mensajes difíciles de entender; lo verdaderamente importante es la lección de clase y educación que la afición en todos los segmentos de edad dio a cuantos pudieron ver el partido tanto en el campo alicantino como a través de la pequeña o gran pantalla, según se vea; cierto es que con innumerables cortes de imagen, eso sí, ajenos a la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión como se encargó de repetir el comentarista varias veces, perdí la cuenta la verdad de eso y de sus innumerables referencias a los jugadores que han salido de la ciudad deportiva, entiendo que es esa ciudad deportiva que hay junto a las vías del tren en la entrada de una conocida ciudad bañada por un río bastante caudaloso.

Decía el maestro Quintín Rodríguez, que delante del micrófono tienes que estar estudiado, conocer casi todo del equipo contrario y todo del propio; conclusión, hay que estudiar más; por otro lado tengo que reconocer y felicitar la sabiduría de Paco Rúa un señor del fútbol aragonés, el entrenado demostró en la retransmisión conocimiento y elegancia deportiva y afinidad sin dudas con el equipo rojillo.

Me confieso admirador de este Teruel, de su tesón, con sus altos y sus bajos, con sus eternas jugadas para conseguir el gol, con ese balón que a veces quema pero que otras veces es puro arte de triangulación; el fútbol es una fórmula inestable de aciertos y errores, de olvido de domingo a miércoles, por eso mi apoyo a Carlo Javier, no te equivocas si no estás jugando, ahora podría caer en eso tan habitual de seleccionar frases de Luis Aragonés, pero es más sencillo, la historia de un gran equipo se construye con aciertos, con errores y con la suma de personalidades que al pasar dejan una huella para la historia.

Ese domingo el Teruel fue lo más grande; casi 700 gargantas gritando sin desfallecer su pasión por los colores propios; hacía 24 horas que el Madrid había ganado la Champions y muchos aficionados lo celebraron, ser del Madrid es respetable, como ser del Barça o del Levante, pero ser del Teruel no tiene comparación, el Teruel es mucho más que televisión, aconteceres mediáticos o Pedrerol y la iglesia Florentiniana; el Teruel son padres e hijos por generaciones, son abuelos y nietos con miradas de ilusión en cada partido, en cada entrada al campo a pesar del frío; el Teruel es compromiso cercano, lo dice quien tuvo un padre y una madre socios, y hermano y primo vistiendo sus colores. El Teruel es posiblemente uno de los clubs que han construido peldaños de alegría con mucho esfuerzo y con escasez de medios.

Felicidades a una afición con clase, elegante y con la responsabilidad de mantenerse en lo más alto; felicidades a la directiva, hay que recordar que estos trabajos no tienen nomina; felicidades a Ramón Navarro y también a su asesor espiritual. Felicidades a los jugadores, al entrenador y a todos los que se han currado esta oportunidad de soñar. Al igual que los zagalicos del Teruel a los que tanto y tanto admiro yo también soy fan de Taliby, espero que siga en este corazón rojillo. El 29 de mayo antaño era día Feria en Teruel, decían que siempre llovía, pero esa tarde en un pueblo de Alicante, llovieron gotas rojas de emoción, de ilusión y nobleza pese a un arbitraje infame; no gastaré ni una línea en gente sin clase ni preparación. Al final me permito tomar prestado el espíritu del maestro Carbonell para dejar claro que del Club Deportivo Teruel no es cualquiera.