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Javier Hernández

En 1986 servidor vivía en Alcañiz y trabajaba en Radiocadena Española, sí, “La radio de aquí” era su eslogan publicitario. No voy a escribir sobre el nacimiento de esta cadena porque eso tiene otras líneas y son muchos sus matices históricos, esos tan fundamentales en periodismo y tan olvidados en la profesión últimamente. Una calurosa mañana alcañizana llaman de Madrid estudios centrales, y me dicen te paso con Alfredo Amestoy, sabía que no era broma porque el productor con el que hablaba ya era un habitual en esto “del mira a ver allí si me puedes conseguir tal cosa o tal otra”.

Me cuenta Alfredo Amestoy que preside el recién creado Club de Amigos de la Boina, que su presencia en la radio pública obedece a un reportaje que se está realizando sobre este tema y que amablemente mi compañero de producción en estudios centrales le ha comentado que al ser Alcañiz un ciudad de mediano tamaño y con personas dedicadas al campo además de la correspondiente cierta edad, pues que pregunte y entreviste a señores que usen boina para así conocer testimonios e inquietudes  sobre la citada prenda por parte de los protagonistas. En el timbre de voz a través del teléfono se apreciaban las indudables subidas y bajadas tan peculiares en el tono de voz del periodista vasco, hoy elevado y con merecimiento a la categoría de Maestro pionero.

Naturalmente hice el reportaje o más bien las entrevistas; con el censo de Amigos de la Boina de un medio día en la plaza de Mendizabal y los habituales de El Trillero, había material más que suficiente; sí supe que no iba a ser inmediata su emisión pero tuvieron la deferencia de avisarme. Siempre he visto a Alfredo Amestoy (boinas aparte) como uno de esos pioneros del periodismo televisivo, cierto es que la imagen contaba y cuenta mucho delante de la cámara y que el vasco dio a sus gafas y flequillo marchamo propio en esto de personalizar la impronta en la comunicación, incluso alguna de sus opiniones se grabaron y comercializaron en disco, un fenómeno que se debería tener en cuenta a la hora de analizar la historia del periodismo en este país. Hay quien pueda pensar que aquello eran monólogos, personalmente no lo creo, al menos en el patrón actual del monólogo sí es cierto que algún paralelismo se podría encontrar.

Con el programa 35 millones de españoles, hubo un nuevo formato hasta entonces no visto en televisión; en compañía de José Antonio Plaza, aquel antaño corresponsal en Londres con faz de buen chico que nos relataba el conflicto en el Úlster entre protestantes y católicos -me llamaba la atención cuando mentaba la ciudad de Londonderry- es la primera vez que escuché ese nombre, años después tuve la suerte de viajar allí y recordar a José Antonio Plaza. Corría el año 1975 con Amestoy y Plaza al frente del programa; rápidamente se convirtió en éxito de la entonces única tele, sería única pero visto lo que ha venido después allí hay mucho que estudiar y mucho de lo que aprender. Amestoy nos brindó en plena transición la que creo es una de sus mejores ideas La España de los Botejara. El propio periodista escribió la letra de la canción de cabecera interpretada por Pablo Guerrero; la música del programa era de un señor nacido en Teruel y considerado el más grande compositor de la clásica contemporánea, pues sí Antón García Abril, esto los del carnet no lo sabían, lo que son las cosas.

De La España de los Botejara hay dos estrofas que me parecen preclaras: Hubo en España que como todas las guerras la ganara quien ganase la perdieron los poetas. Yo añadiría que la perdimos todos, incluso lo que nacimos después. Sigue el comunicador vasco fino y preclaro en otra de las estrofas de la canción: Las quinielas, el turismo, los marcos del emigrante, viva el milagro español, viva la tele y el cante.

Creo que La España de los Botejara es una producción televisiva pionera, la mirada de toda una familia a 40 años de dictadura debe ser percibida como una creación audaz por los tiempos y con hondo pensamiento para reflexionar. Que Alfredo Amestoy no daba puntadas sin hilo, solo hace falta tirar de hemeroteca o de Youtube para los modernos. Si uno ve capítulos de esta producción es normal que se abochorne con revisionismos recientes. Sirva una última estrofa de esta letra de Amestoy cargada de ironía, por si las anteriores no han sido suficientes…: Ha terminado la fiesta, se acabó lo que se daba, celebremos elecciones y aquí no ha pasado nada.