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Javier Hernández

Comenzar hablando de la música de los setenta tiene dos significados. El primero ese pertinaz tiempo vivido o como decían Raphael y Rocío Dúrcal Cómo han pasado los años; el segundo significado va más en el camino de la nostalgia. En 1975, un turolense de Monreal del Campo entraba a través de la pantalla de televisión en hogares y tertulias musicales del momento, Pedro Ángel Martínez Garcés cuyo nombre artístico era Ángel Galán.

En esos años una de las referencias más importantes del cóctel musical español era el Festival de Benidorm. Ahí estuvo Ángel Galán con su canción Quiero que sepas en ese 1975, pero la historia de Ángel Galán tiene maravillosos antecedentes que entroncan en la jota. Auténtico niño prodigio del género, era todo un héroe entre la estirpe de bandurria y castañuela. Pedrín, el Ruiseñor de Monreal, era considerado un prodigio de voz y estilo; numerosas actuaciones y fotografías inolvidables; me quedo con la instantánea que refleja una actuación en la plaza de toros de Teruel con Carlos Hernández y Pepe Blasco, voces de Radio Teruel; Pedrín con impecable atuendo baturro y plaza rebosando de pasión jotera para escuchar a ese ruiseñor de contundente carácter en el canto.

En la diáspora turolense, esos que vivimos más fuera que dentro, me he cruzado con muchos hijos de Monreal llenos de interés ¿qué tendrá el lugar? Tinte de azafrán y aquellas destilerías míticas, también estudiantes de ejemplaridad como Vladimiro o Ruiseñores, sin olvidar al Gran Wyoming y eso sí, el mismo desastre de tren que toda la provincia.

Fue aquel Festival de Benidorm constatación de que había un cantante de la tierra intentando hacerse hueco en el artisteo nacional, un año antes había lanzado un single con la discográfica Belter, en cuyos cócteles te tomabas un vino con Juanito Valderrama, hablabas de Castellón con Cristina y los Stop o te codeabas con la gran Salomé o Manolo Escobar, hasta Víctor Manuel tuvo un pasado en Belter. El tema Quiero que sepas era del propio Pedro, un apuesta para la que contó con uno de los grandes de la música española en arreglos y dirección de orquesta, Juan Barcons, sensacional músico y persona que tristemente nos dejó hace poco tiempo.

Ese certamen del 75 celebrado en el frontón Eder-Jalai y no en el coso taurino como ediciones anteriores, triunfo del malogrado Juan Camacho con composición de Juan Pardo, con Braulio que al año siguiente intentaría asaltar la gloria de Eurovisión, con dirección de orquesta de Barcons, nombres como Ricardo Ceratto un consagrado del momento al cual muchos críticos sitúan como verdadero autor de Vivo Cantando aunque en la historia figura su mujer de entonces, o los trinos zaragozanos de Fernando Brosed, tercero en la clasificación; presencia estelar del Dúo Dinámico con tema para Jesús Fierro escrito por Manuel de la Calva y dirigiendo la orquesta Ramón Arcusa; en nada hemos ido de Monreal a Nogueruelas sin pasar por la factoría de biografías del chino Wan; todo un acontecimiento musical y televisivo presentado por José María Iñigo y dos maquilladas de la época Eva Gloria y María Salerno, que tenían la misma gracia que una espalda después de un día de esbrinar azafrán. Final festivalero a lo grande con actuación de Telly Savalas, conocido por su papel como Teniente Kojak (resulta que el hombre también cantaba) y que muy poca gente sabía que era griego de nacimiento y se llamaba Aristóteles.

Me quedo con Ángel Galán, me quedo con su actuación con ese sentimiento de orgullo que entró en los hogares turolenses a través del televisor en blanco y negro; era nuestro artista, el que había emocionado a una generación curtida en la posguerra con jotas de chaval prodigioso; me quedo con el recuerdo de aquellos entrenamientos de natación y el hilo musical de la piscina climatizada de Teruel con sus canciones y aquel estribillo que hablaba de hojas secas que en otoño arranca el aire y el tronco pierde poco a poco lo que hizo crecer.