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Javier Hernández

La conversión de la información en dividendos mercantiles, en gran medida ha abocado a un perfil de noticia cuyo mayor interés es la caja que produce; también como tantas veces he reseñado, a la creación del tertuliano como actor que defiende una serie de ideas/postulados con un sesgo más dramático que periodístico.

Se echa a faltar en muchos casos tirar de hemeroteca o de los antecedentes históricos que dan solidez a la noticia. En el actual campo de juego de la información se suman las redes, espacio que supone el minuto de gloria para quien hace de ellas un escaparate y para organizaciones que reescriben la historia sin ningún tipo de pudor, incluso vergüenza diría. En lo particular ,el tema redes tiene corta duración puesto que a ese momento suele sucederle el de otra persona con otra loa a Isabel la Católica o la foto añeja de su pueblo cientos de veces ya publicada en redes.

Por eso, cuando escucho relecturas de la historia, muchas de ellas con sacrosanto fervor patriótico, llego a la conclusión de que la masa se lo cree todo. Decía Ortega y Gasset que muchos hombres, como los niños, quieren una cosa pero no sus consecuencias. Me asombra cómo ciertos dirigentes, cuyo historial laboral se ciñe a haber vivido de cargos de libre designación, hablen de historia y, lo peor, la maquillen a sabiendas de mentir de forma directa y sin sonrojo. Conviene recordarle a aquellos que ahora se muestran como custodios de la cultura de un pasado imperial, que la extrema derecha española en plena transición quemaba librerías, y es que no hay elemento más subversivo que los libros, se atacaba a la libertad en uno de sus pilares fundamentales la cultura.

No hace tanto que la Universidad española sufría los asaltos de organizaciones de extrema derecha y extrema violencia, colectivos violentos de marcada ideología fascista que extendían la violencia en los campus universitarios contra un movimiento estudiantil que comenzaba a organizarse contra la dictadura; en plena transición al asalto y quema de librearías se sumaron las acciones contra los medios de comunicación claramente alineados con la apertura.

Resulta curioso cómo se habla de supuestas glorias pero no se mencionan la miserias, todo país de Europa y me atrevería a decir del mundo, tiene episodios brillantes y vergonzosos; alguna vez lo he dicho en estos artículos, el nuestro sin ir más lejos tiene uno de gran caldo bochornoso y no hace tanto de aquello, me refiero a el abandono por parte de la dictadura franquista del pueblo saharaui a su suerte mientras el dictador agonizaba, vulnerando todos los tratados internacionales y la recomendación de Naciones Unidas de establecer que fuera el propio pueblo de la colonia española quien decidiera su futuro.

En uno de sus editoriales de Hora Veintipico en la Cadesa SER, Hector de Miguel (Queque en su etapa más humorista) define a la extrema derecha española, como “El timo de la banderita”, mucho tercio de Flandes, mucho sol que no termina de ponerse y, sobre todo, últimamente, mucha cruz y mucho rezo. Nada de ocho siglos de presencia árabe en la península -sí la península- nada de la guerra de sucesión y la represión en la Corona de Aragón y, por supuesto, nada de José I Bonaparte, al que la historiografía franquista y alguna anterior tildaban de borracho, cuando era un hombre avanzado que apostaba por las ideas de la ilustración y la modernidad para España, y con el que deberemos estar en eterna gratitud pues merced al llamado Decreto de Chamartin quedó abolida la Inquisición; tampoco de eso hace tanto.

Al final, vistas las primeras experiencias de tocar poder, los asesores, la falta de programa, lo vacío de las intenciones y lo repetir el supuesto amor a la patria creando enemigos en la inmigración, y en los segmentos más desfavorecidos, me lleva al convencimiento de que todo es pura cosmética, exacerbar creando enemigos donde no los hay. Hace pocos días un joven dirigente universitario de esta ideología sin venir mucho a cuento me acusaba de que me molestara, según él, que hubiera ricos, nada más lejos, a mí lo que me jode y mucho es que haya pobres y me preocupa que haya gente que no se lea un libro, leyendo se previenen con efectividad los timos de la banderita.