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Javier Hernández

A Julio Sosa que era uruguayo le llamaban el Varón del Tango no solo los ríoplatenses, también el resto de aficionados al género. Quien conozca la zona sabrá que la frontera entre Uruguay y Argentina es delgada y fina con bastante agua, con decir que la distancia entre Montevideo y Buenos Aires es de 213 kilómetros en línea recta cruzando el río de la Plata, claro que el río de la Plata no es el Mijares, pelín más ancho.

Fronteras, simples líneas en papel que en los tiempos pasados y en los actuales parecen trazos infranqueables; cada día nos desayunamos con noticias que tienen que ver con fronteras, me viene a la memoria una parte del poema de Paul Eluard………….. por las tierras invadidas, por los pueblos conquistados, por la gente sometida por los hombres explotados, yo te nombro libertad. Fronteras las hay hasta interiores, esas que no deberían ser más obstáculo que un conocimiento de donde se está y como se llega, en éstas también se  implementan evidentes dosis de histerismo.

A ello sin duda contribuyen de forma decisiva varios elementos pero básicamente analizaré dos. Por un lado el titular de prensa histriónico, me da igual que sea escrito, digital, que radiofónico o televisivo (repasados todos) y el otro el cocinado en las Redes, ese tiene miga, amén de molla; como cantaba Julio Sosa en su tango Cambalache….todo es igual nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor. Me ha llamado la atención especialmente el eco en prensa y en redes de la creación del Institut Aragonès del Catalá, evidentemente según la tendencia del medio, hemos ido desde la invasión de la noble tierra aragonesa con pliegue incluido al independentismo catalán hasta otra parte de ciudadanos o gentes de lo escrito que vislumbra la realidad del Aragón trilingüe.

Sorprende especialmente la salida a la palestra de varias Alcaldesas y Alcaldes contrarios a la creación de este órgano, dicha salida la encuentro en prensa pero sobre todo en redes, donde los comentarios son como diría Victoria Prego “de grueso calibre”. Enlazan las redes mentando al ultranacionalismo catalán, que sin duda existe, como existe un ultranacinalismo español. Ya  viví  una guerra de la lengua en la que al final triunfó la normalidad porque la gente tiende a ser normal aunque no le dejen, por tanto toca extraer varios aspectos: el primero es el hartazgo de ver constantemente a los políticos de uno y otro signo no solo del ultranacionalismo  también del resto de escalafones constituirse en filólogos, intelectuales, sabios con atrevimiento a dar opinión sobre carizes complejos como un idioma, donde se olvidan que no solo hay que analizar los aspectos fonéticos también gramaticales, esto de forma simple y sin entrar en muchas profundidades. Lenguas como la castellana o la catalana tienen estudios universitarios reglados que forman promociones de especialistas en la materia; los que no son especialistas pueden opinar, de idiomas, Messi o la lencería de esparto, para eso se crearon las redes sociales, para que hasta el más templao diga lo que quiera y se invista de sabio unas horas, que es lo que dura el sortilegio.

Alertaba La Trinca de lo dificultoso de “trobar un sistema pràctic de posar el cul en remull” sin olvidar el muy recomendable combustible per a falles escrito por Joan Fuster en 1967. Lo que me lleva a reafirmarme en que tanto el concepto idioma en particular como literatura, arte o cultura analítica presentan un cansancio cuando la ignorancia atrevida de ciertos políticos la enfangan sin respeto ni mesura, con el único objetivo de atrapar un puñado de votos que mantenga ese estatus alcanzado. Hablando de estas cosas significo el titular de varios medios en los que se advierte que en este tema el PAR - se ha partido en dos - conozco a uno que seguro que se queda en la mejor orilla bueno en realidad a dos “Déu n’hi do”  .

Resulta que 53 años después aún seguimos enfrascados en el La La La de Serrat, cuando ya hemos hecho varias veces el ridículo cantando en inglés.  Las cosas buenas de la cultura  no tienen frontera ni deben ser armas destructivas, recomiendo al personal escuchar al gran Moncho cantando Penélope en catalán, esa maravillosa canción que nació del talento unido de dos genios como son Joan Manuel Serrat y Augusto Algueró, figuras de la creación que hacen de esta península un lugar único.