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Javier Hernández

Estas lluvias veraniegas con tele, tedio y nublados me han abocado a una realidad que supera con mucho las creaciones de René Magritte, la venerada Persisterncia de la Memoria de Dalí e incluso al propio Buñuel Viridianas y desafíos incluidos. Lo de la prensa deportiva de este país, sobre todo la televisiva se sitúa en la estratosfera del sensacionalismo; que se quiten refugiados, gobiernos, oposiciones, Rociíto, talibanes, estadísticas de la pandemia, vacunaciones, juegos olímpicos, juegos paralímpicos, nada puede competir con fichajes, rumores de fichajes, homilías de Florentino, las cosas de Tebas, las crisis nerviosas de Roncero y por supuesto el futuro de Mbappé, esa sí es una cuestión de estado y no el recibo de la luz.

Y a todo esto llegamos a Messi que es donde en realidad yo quería llegar, Leo, Lionel Andrés en su carta de identidad de ciudadano argentino, se marchó un día de agosto; aquel que firmara en una servilleta amor eterno al Barça, piel de esa maravillosa ciudad que acuñó hace siglos aquello de que “la pela es la pela” y hoy lo experimenta como diría Raphael… en carne viva. Me sincero en estas líneas y confieso que me daba igual que se fuera o se quedara, pero todo este circo o libreto mediático me parece de Ionesco y se acrecienta esta sensación después de leer, escuchar e incluso visualizar lo de los contratos publicitarios, los fans, la venta de camisetas, el cabreo de padres y representantes a la hora de no poder controlar algunos de los merchandising de estos zagalicos.

Hemos visto millonarios ir al espacio, Bezos, Brensón y compañía, subastas absurdas -por una uña postiza de Lady Gaga se pagaron 12.000 euros-. Con todas estas noticias y las cifras del fútbol con contratos a veces casi inmorales, normal que el surrealismo llame a mi puerta mental. Porque queridos y queridas, visto lo visto ¿cuanto vale entonces un pedo de Messi? Ya sé que no se puede conservar en una caja de metacrilato, ni siquiera en un tupperware de los chinos, pero imaginemos a un notas que se cuela en el baño del hotel de turno (evidentemente nunca veríamos a Messi en la pensión de la Choni) y graba con su móvil el sacrosanto momento en el que el astro del balompié se alivia con un cuesco; además puestos a navegar en este surrealismo del abismo, el elemento sonoro alcanza una nota en decibelios imponente, porque ese día el menú del pibe atesoraba un importante riesgo flatulento y el resultado no es cualquiera.

Pero ya que el surrealismo permite rizar el rizo, vamos a ello. Resulta que no es un notas el que se cuela y graba, que es una empresa pantalla domiciliada en Panamá con un testaferro que ¡oh casualidad! resulta que nació en Cañada Vellida pero emigró con su familia siendo un niño a Barcelona, de ahí al canal y luego a la ingeniería financiera solo hay un paso. Que el propio futbolista pudiera estar detrás de los beneficios que generan sus “pelfas”. Un gran número de interrogantes se abren a nuestra curiosidad. En primer lugar obviamente qué beneficios generan los pedos del astro argentino; la siguiente interrogante que se podría plantear es ¿dónde comercializa mas en Tik-Tok o en el Youtube tradicional? Y a la par ¿qué plataforma genera más beneficios? Tarde o temprano los noticiarios abrirían sobre el tema, asegurando que no era un notas el que está detrás de todo el entramado. Ni qué decir tiene que todos los programas deportivos ya hubieran sacado micrófonos a la calle para pulsar la opinión del aficionado corriente y también del moliente.

Lo próximo, evidentemente, el titular que suele ir acompañado a los conceptos, Panamá y empresa pantalla; “la UDEF investiga los cuescos de Messi”, además de otra vías relacionadas con la incautación de piratería audiovisual, mafias que vendían las grabaciones de los pedos del futbolista en el mercado negro, aunque hay que significar sin incurrir en delito que el mercado ilegal está más acostumbrado a estos olores. Al final el aficionado al fútbol, que tal como se articula la información deportiva de este país en lo referente a los astros es el mismo que el que sigue la prensa más rosa, lo que querrá saber es en cuánto valora Hacienda el delito en el supuesto caso de “Los pedos de Leo”. Este artículo puede abrir alguna puerta y cerrar sobre todo una, que todo personaje mediático que mire bien, no sea que un día le graben un alivio y con imagen ya puede decir lo de yo no he sido; en cuanto a las abiertas, es que la gente se vuelva más cabal y valore y exija un nivel informativo, por ejemplo el producido por los deportistas paralímpicos a los que en comparación con Messi (surrealismos imaginarios a parte), Mbappé y el contrato de Neymar reciben en cualquier informativo de deportes las décimas de la basura.