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Los Aldecoa, los carlistas y la torre de Monreal del Campo Los Aldecoa, los carlistas y la torre de Monreal del Campo
Blasón y ramas genealógicas de los Aldecoa

Los Aldecoa, los carlistas y la torre de Monreal del Campo

Serafín Aldecoa

Comenzamos esta nuestra primera entrega del curso con una aclaración necesaria y pertinente a la hora de hablar de las guerras "carlistas": Cuando se habla de la Guerra Civil en la actualidad, todo el mundo echa la vista atrás y la dirige hacia julio de 1936 cuando se produjo el golpe de Estado contra la II República por parte de los militares facciosos que desencadenó el conflicto armado fratricida.

Pero esto no ha sido siempre así, porque hasta entonces las únicas guerras que tenían el apelativo de “civiles” eran las que tuvieron lugar en España en el siglo XIX, las llamadas posteriormente “carlistas”, que resumiendo, groso modo, y simplificando, fueron tres pero las que más afectaron a amplias zonas de la provincia de Teruel (Maestrazgo, Bajo Aragón, Jiloca...) fueron la primera y la tercera.

En la primera (1833-1840), especialmente en esta, los jefes y los soldados de la reina Isabel II (liberales) cometieron numerosos actos violentos contra los pueblos de Teruel a los que llegaban por diversas razones, sobre todo si sus vecinos no acataban sus órdenes como darles comida y/o alojamiento. Citaremos, por ejemplo, una acción concreta, cruel e injustificada, como fue el fusilamiento de la madre del jefe carlista Cabrera, Ana Mª Griñó, en Tortosa por parte del general Nogueras (liberal) que tuvo su respuesta vengativa posteriormente pero de ello nos ocuparemos en otra entrega.

Torre de la iglesia sobre lo que quedó del castillo

Sus rivales, los carlistas, no andaban a la zaga ya que cometían también todo tipo de tropelías si no conseguían sus propósitos en determinados momentos como no poder ocupar militarmente los pueblos. Eran las que se han denominado tradicionalmente “carlistadas”, una de las cuales la ejecutaron contra el pueblo liberal de Monreal del Campo recién firmada la paz entre las partes enfrentadas, que ha pasado a la historia como el Abrazo de Vergara en el último día de agosto de 1839 entre los generales Zumalacárregui y Maroto.

Pascual Madoz, el ministro liberal y desamortizador, en su célebre diccionario geográfico-estadístico de mediados del siglo XIX, relataba así los hechos: “A pretexto de querer fortificarla el general O´Donell [liberal] en el mes de septiembre de 1839, el gefe {sic} carlista Llagostera mandó demoler la torre, la iglesia, las casas del Ayuntamiento y todos los edificios que formaban la plaza principal, la ermita de Santa Bárbara y un castillo antiguo próximo a ella…” Vamos, que con su acción destrozaron todos los inmuebles que constituían el casco antiguo del pueblo, prácticamente lo que hoy es la Plaza Mayor y anexos.

Pero no contentos con ello, unos meses más tarde, en mayo de 1940, tras otra intentona de ocupar el pueblo y no conseguirlo, de nuevo los carlistas llevaron a cabo otra carlistada que la cuenta también Madoz: “Incendiaron sobre cien casas y toda la parte del pueblo que pudieron dominar”. El pueblo quedó en la más absoluta ruina y sus vecinos en la miseria y desmoralizados.

Levantarse de esta situación costó pero con empeño y esfuerzo se elevó el llamado Barrio Nuevo, los edificios de la Plaza Mayor, especialmente la iglesia pues el culto se celebraba en la próxima pero reducida ermita de San Juan Bautista. De los restos del castillo nada se supo, solamente quedó el altozano donde se ubicaba la fortaleza.

Diccionario de Madoz de las primeras ediciones (1845)

Ahora bien, lo de la torre para colocar allí las campanas para avisar a los fieles y el necesario e imprescindible reloj público fue más complejo. Primero, para elegir su ubicación donde se manifestaron dos posturas diferentes en una asamblea de propietarios  y contribuyentes: los que proponían "abajo", esto es, al pie de la iglesia como era habitual en la gran mayoría de los templos, y los que preferían "arriba", esto es, situar la torre sobre el cerro donde se ubicaba el antiguo castillo aprovechando la altura del sitio. Finalmente se impuso la segunda postura.

Habían pasado diez años desde la carlistada cuando se inició lentamente su construcción en 1849, fecha que aparece sobre la puerta adintelada de acceso a la torre. En este caso se emplearon piedras y materiales de la iglesia destruida aunque surgieron dificultades para su edificación, pero los albañiles de Monreal del Campo contaron con la ayuda de unos trabajadores que en aquellos momentos construían la actual carretera hacia Madrid que formaban una cuadrilla procedente del País Vasco.

Así, a partir de 1854 las obras de la torre ya iniciadas sobre el cerro del castillo,  fueron dirigidas por un cantero y albañil vizcaíno, Francisco ¿Zumcaem?, apellido que no hemos conseguido descifrar. Y entre ellos andaba mi tatarabuelo José Aldecoa, procedente de Abadiano (en euskera, Abadiño) en la comarca del Duranguesado de Vizcaya, aunque la rama originaria de nuestra familia procedía de Orozco, partido judicial de Bilbao y patria del poeta Blas de Otero, localidad próxima a la entrada de la ciudad de Bilbao. El primer Aldecoa realizó también tareas de cantería en el río Jiloca, en la zona de Los Ojos, pero, sobre todo,  emparentó con una vecina de Monreal del Campo, María, y a partir de ahí vimos la luz en este pueblo el resto de los Aldecoa

No sabemos el año que concluyeron las obras de la torre-campanario, pero lo cierto es que a partir de entonces, la iglesia, dedicada a la Natividad de la Virgen, contó con una torre exenta, esto es separada a varias decenas de metros del pie del templo en la zona donde se ubica el coro. Para llegar a ella desde la iglesia hay que cruzar una calle y ascender una empinada cuesta del desaparecido castillo para arribar al pie de la torre, hecho este que constituye un hecho diferencial del que pueden fardar muy pocos pueblos de la provincia de Teruel y del mundo mundial.

Orozco (Vizcaya), origen del apellido Aldecoa

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