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Territorio Dinópolis,  20 años de un proyecto que ha demostrado que sin riesgo no hay gloria Territorio Dinópolis,  20 años de un proyecto que ha demostrado que sin riesgo no hay gloria
Carlos Hernández esta semana en el parque paleontológico. Pilar Villarroya

Territorio Dinópolis, 20 años de un proyecto que ha demostrado que sin riesgo no hay gloria

Carlos Hernández recuerda el vértigo de la inauguración y la ilusión que sigue habiendo cada año al volver a abrir

Carlos Hernández tenía en 2001 veintinueve años, llevaba el pelo corto y no estaba casado ni tenía hijos, pero de repente se quedó prendado del proyecto Dinópolis cuando al pasar por Los Planos vio las obras. Pensó que acabaría trabajando allí y así fue; lo contrataron quince días antes de la apertura como director comercial. Recuerda la sensación de “vértigo total” que sintió entonces ante la inminente apertura del que se ha convertido en uno de los principales motores de desarrollo de Teruel. Veinte años después no ha perdido ni un ápice de la ilusión con la que se incorporó al proyecto y asegura que lo sigue viviendo así cada año cuando comienza la temporada.

Él ha sido el artífice del eslogan de este año: “¡20 años viéndonos crecer!”. Cuenta que lo eligió porque venía al pelo después de dos décadas de continuo crecimiento de las instalaciones, pero también de la gente que ha crecido con Dinópolis como un referente, el público, los trabajadores y Teruel en su conjunto.

“Una de las cosas más bonitas que hemos vivido es la gente que nos ha visitado, cómo los niños que venían al principio ahora son jóvenes universitarios que a lo mejor han estudiado paleontología porque han crecido con nosotros, y otros son ya padres que ahora vuelven a visitarnos con sus hijos”, cuenta Hernández, algo que les llena “de ilusión porque ellos han visto crecer Dinópolis y el parque les ha visto crecer a ellos”.

Hernández, que es director comercial de las instalaciones desde que se abrieron, confiesa que el tiempo ha pasado “volando” y en un “pestañeo”, y lo hace como si hubiera sido ayer cuando se inauguró el parque, con la misma ilusión y ganas de seguir creciendo y empujando para que Dinópolis continúe contribuyendo al desarrollo de la provincia.

Pone en valor lo que han supuesto estas instalaciones que al principio los propios turolenses veían con recelo, al igual que años después pasó con el aeropuerto. En cambio ambos proyectos financiados por el Fite se han convertido en verdaderos motores de desarrollo, que es para lo que se creó este fondo.

Hernández recuerda que cada año Dinópolis atrae a Teruel a una media de 150.000 personas, y que por pueblos pequeños donde están las subsedes ha pasado también gente que nunca lo hubiera hecho de no ser por estas instalaciones. Pone el foco de atención en la riqueza que se ha creado con las empresas que han surgido a su alrededor. “Esa es la misión de Dinópolis, crear riqueza en la provincia de Teruel con un recurso que es único”, afirma, evocando también uno de los lemas del parque, “único en su especie”.
 

La del bus promocional de 2018 era su hija, que ha crecido también con Dinópolis

Ideas en mente

Conversar con Carlos Hernández y agitar la memoria y los recuerdos es asistir a un torrente de emociones sin tregua y de proyectos de futuro. Durante la conversación cuenta que tiene ya en mente la campaña para cuando abra Mar Jurásico, la próxima nueva atracción de Dinópolis. “Lo tengo en mente desde 2017 o 2018, que me monté una película en la cabeza y puede ser brutal para promocionar Mar Jurásico”, afirma sin revelar lo más mínimo en qué consiste la idea. “Tengo un montón de ganas de que llegue el momento porque puede funcionar muy bien”, insiste.

Él fue el artífice de una de las campañas y promociones con mayor proyección y éxito que ha tenido Dinópolis, la del Dino West, que evocó el lejano Oeste con unas píldoras que se lanzaron en las redes sociales en el año 2013 para la apertura de la temporada en la que se iba a recibir al visitante 2 millones.

Fue una campaña que recuerda con cariño y cuyos vídeos todavía es posible ver en Internet como un legado de cómo ha ido creciendo el parque en estas dos décadas. “Es la campaña que más me ha gustado, fue superemocionante”, afirma para referirse inmediatamente a sus dos compañeros con los que la hizo, Javier León, que es quien llevaba puesto el traje de la mascota Roco que aparece en el vídeo con traje de vaquero, y Pilar Villarroya, la directora de comunicación.

Reconoce que no todo le ha salido tan bien en estos años, pero admite que al final lo que cuenta es “probar y arriesgar, sin riesgo no hay gloria”.

“Yo he aprendido de mis errores y de mis fallos”, comenta, puesto que si bien durante la formación académica se aprende, opina que “sobre todo aprendes en el ejercicio de la profesión, de equivocarte, de fallar y de corregir”.

“Vamos a seguir fallando, equivocándonos, pero lo importante es aprender de esos errores porque no pasa nada”, afirma quien en 2017 recibió el Premio ADEA de la Asociación de Directivos y Ejecutivos de Aragón por su trabajo como director comercial de Dinópolis.

A él se deben campañas que tuvieron un impacto nacional y que llegaron mucho más allá de las comunidades autónomas más próximas para atraer visitantes de toda la península y hasta de las islas, como la del álbum de cromos de dinosaurios o la de las galletas Dinosaurus, de las que llegaron a hacerse 15 millones de cajas con la imagen de Dinópolis entrando en prácticamente todos los hogares españoles donde había niños. Algo parecido ocurrió con el álbum de cromos, que distribuyeron los periódicos El Mundo y Marca.

A ello se suman las campañas con las películas de Jurassic World, las acciones en los centros comerciales o una de las cosas que más le ha apasionado, la colocación de lonas en lugares estratégicos de ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia. Las empresas le ofertaban lugares pero él iba personalmente a patearse los sitios para buscar y comprobar detalles como el sentido de los vehículos o si había elementos de algún tipo que podían interferir en la visión de las lonas. Lo recuerda emocionado y asegura que cuando vuelva la normalidad volverá al ataque con esa promoción, al igual que con el autobús tematizado.
 

En 2017 Carlos Hernández recibió el premio ADEA en la categoría de Gestión Comercial y Marketing

Recuerdos

Son muchos los recuerdos que asaltan a Carlos Hernández de las campañas y las acciones promocionales que ha llevado a cabo Dinópolis, desde la primera de aquel verano de 2001 en Zaragoza con un logo gigantesco de Dinópolis en la plaza España invitando a los zaragozanos a viajar a Teruel para vivir “una experiencia alucinante”.

“No me siento el único culpable de atraer a los visitantes con las campañas comerciales, porque yo tengo parte de culpa, pero todos los trabajadores son igual de culpables, ya que una cosa que nos ilusiona es la entrega del personal, el trato exquisito con el que atienden al público”, comenta Hernández, para quien lo importante es que el buen trato que dan los trabajadores del parque a la gente “lo que hace es que al final nuestros visitantes sean los mejores comerciales que hay en Dinópolis porque la gente se marcha encantada”.

Al igual que ha crecido Dinópolis lo ha hecho su director comercial, como persona y como profesional. “Ha sido una experiencia supergratificante, todos nos hemos formado en nuestras áreas, pero de lo que aprendes es de las experiencias, de poner en marcha proyectos y aprender no solo de los aciertos sino de tus propios errores y fallos”, comenta.

Cuando echó el currículum para trabajar en Dinópolis -el proyecto era bien pequeñito y nadie imaginaba la proyección que acabaría teniendo- contaba con la experiencia profesional de haber trabajado como comercial en un banco y para una empresa. Al ser seleccionado se enfrentó a algo totalmente nuevo, a un modelo de negocio diferente de lo que eran los parques de ocio al uso, ya que Dinópolis tenía una dimensión más pequeña y territorial por su extensión por toda la provincia, además de combinar la diversión con el conocimiento y la cultura científica.

Reconoce que en lo profesional ha crecido con Dinópolis y ha visto los cambios vertiginosos que se han producido al haber evolucionado la publicidad tradicional hacia las redes sociales, con otro modelo diferente en el que también se mueve pero sin dejar de lado lo clásico porque considera que lo digital está produciendo saturación.

“Para mí ha sido un orgullo y una satisfacción participar en un proyecto como este, y creo que es el sentimiento de todos los que trabajamos en Dinópolis y nos gustaría jubilarnos aquí porque nos apasiona nuestro trabajo, un trabajo duro como el de todas las personas con momentos a lo mejor más duros, pero cada vez que abrimos el parque lo hacemos de nuevo con una ilusión tremenda, aunque hayan pasado veinte años”, afirma Hernández.

Al hablar de los orígenes recuerda muy bien aquella vez que paseaba junto al Palacio de Exposiciones y Congresos y al ver las obras de Dinópolis tuvo una visión. “Me acuerdo perfectamente que en ese momento yo pensé que acabaría trabajando aquí”, asegura.

Crecimiento

En ese momento admite que no imaginó que Dinópolis iba a terminar creciendo tanto. “Sabía que esto iba a funcionar por la implicación de la gente, pero es que al principio la visita era de dos horas y cuarto, porque tenías el viaje en el tiempo, el museo, y el cine 3D, y ahora la media de la visita es de 7 horas y tienes siete centros”, argumenta, para concluir diciendo que “no me podía creer que esto pudiera crecer tanto en tan poco tiempo, porque veinte años es poco tiempo; sabía que iba a funcionar, lo que no sabíamos es que crecería tanto y con tantos proyectos de futuro”.

De la apertura de 2001 recuerda sobre todo, aparte del vértigo de tener que abrir el centro a los quince días de haberse incorporado, “la implicación total de todo el equipo de personas que estábamos allí para poner en marcha Dinópolis en ese tiempo, y que veíamos nacer el parque como el padre que está viendo nacer a su hijo, con una entrega total, con pasión y emoción”.

En aquel entonces Carlos Hernández no sabía lo que era tener hijos, que llegarían después para verlos crecer a la par que Dinópolis. No hay forma de encontrar una foto suya de aquella época en las instalaciones, porque otra cosa que ha crecido en el parque durante estas dos décadas ha sido la frondosa melena y la barba de su director comercial.

De lo que sí ha dejado constancia en estos años ha sido del crecimiento de sus hijos y de sus sobrinos, porque al ser un proyecto tan familiar, al final eran estos niños, hoy adultos, los que acababan posando en las fotografías promocionales. Todavía circula hoy una foto promocional con la mandíbula del Megalodon gigante con varios niños en su interior entre las que estaban sus sobrinas, de 5 años en aquel entonces, y que hoy han terminado ya la carrera universitaria y han empezado a trabajar.

Su hijo mayor es otro de los que ha crecido con Dinópolis. Nació años después de la apertura y el año que viene empieza ya la Universidad. De él Carlos Hernández sí que asegura que tiene fotos por todo el parque a todas las edades, al igual que de su hija pequeña Claudia, que en 2018 participó en la campaña promocional posando para la foto del autobús tematizado.

En la imagen aparece la niña tocando con su mano la huella gigantesca de un dinosaurio carnívoro de El Castellar. Claudia sufrió lo suyo al tener que mantener una postura superforzada durante las sesiones de fotos, pero el resultado fue una de las imágenes promocionales más impactantes que han dado las campañas promocionales del parque; una señal inequívoca de que se sufre pero se aprende, tal vez una de las mayores lecciones de estos veinte años conviviendo con los dinosaurios, viéndolos crecer y creciendo a su lado.

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