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Aguaviva rescata su memoria histórica a través del proyecto ‘Rincones que Hablan’ Aguaviva rescata su memoria histórica a través del proyecto ‘Rincones que Hablan’
El colegio de Aguaviva centró varias de las historias de los audiovisuales. Ayuntamiento de Aguaviva

Aguaviva rescata su memoria histórica a través del proyecto ‘Rincones que Hablan’

La iniciativa intergeneracional está financiada por el Instituto Aragonés de la Juventud
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Cuando un abuelo cuenta cómo era la escuela a la que acudía de niño, o recuerda qué vida tenían la plaza, los lavaderos o el molino cuando aún formaban parte del día a día del pueblo, no solo transmite una anécdota: comparte una memoria que no está escrita y que corre el riesgo de perderse. Con esa premisa nació en Aguaviva el proyecto Rincones que Hablan, una iniciativa intergeneracional que ha permitido recopilar y conservar los recuerdos asociados a algunos de los espacios más singulares de la localidad a través de la voz de sus vecinos de mayor edad y la mirada curiosa de los más jóvenes.

El proyecto, financiado por el Instituto Aragonés de la Juventud, ha implicado a unas 30 personas de distintas edades y ha culminado con la presentación de un vídeo que recoge el trabajo realizado durante varias semanas, presentado públicamente el pasado día 26 de diciembre.

Diálogo entre generaciones

El alcalde de Aguaviva, Aitor Clemente, explicó que el objetivo principal del proyecto era implicar a los más jóvenes en la recuperación de la memoria oral del municipio, utilizando como hilo conductor los espacios más representativos del pueblo. “Se trataba de involucrar a los niños para que, a través de las historias y recuerdos de las personas mayores, pudiéramos recopilar la memoria que hay detrás de algunos rincones emblemáticos”, señaló.

Entre los lugares abordados figuran las dos ermitas, la iglesia, el Molino Harinero, el Molino de Aceite, la plaza y su entorno, así como las fuentes y los lavaderos. Espacios que forman parte del paisaje cotidiano de Aguaviva, pero cuya historia y uso han cambiado de forma notable con el paso del tiempo.

El desarrollo del proyecto combinó varias líneas de trabajo. Por un lado, se realizó una búsqueda de documentación gráfica vinculada a estos espacios, con fotografías antiguas y material histórico. Por otro, se organizaron varias sesiones en las que los niños entrevistaron directamente a los vecinos de mayor edad.

“Los pequeños les preguntaban qué significaban esos lugares para ellos, qué recuerdos les traían, qué hacían allí cuando eran niños”, explicó Clemente. A través de estas conversaciones se fueron recuperando vivencias cotidianas, usos ya desaparecidos y relatos personales que permiten comprender mejor la evolución del pueblo.

Durante todo el proceso, los participantes contaron con el acompañamiento de dos monitoras que guiaron las actividades, así como con el apoyo puntual de una periodista, especialmente en la fase de preparación y realización de las entrevistas, para ayudar a estructurar las preguntas y recoger los testimonios.

El colegio como concepto se convirtió en uno de los ejemplos más ilustrativos del contraste entre generaciones. “El cole que viven hoy los niños no tiene nada que ver con las historias que les contaron de cómo era hace 50 años”, señaló el alcalde. Este ejercicio permitió a los más pequeños comparar su realidad diaria con la de sus abuelos, entendiendo cómo han cambiado los métodos educativos, los edificios y la vida escolar en general.

En otros rincones, como los molinos o los lavaderos, muchos niños descubrieron usos que ya no forman parte de su rutina, pero que fueron esenciales en la vida cotidiana de generaciones anteriores.

Desde el Ayuntamiento subrayan la importancia de este tipo de iniciativas para salvaguardar la memoria oral mientras aún es posible. “Nuestros mayores son quienes conservan hoy esa memoria, y mientras estén con nosotros es fundamental que nos la puedan transmitir”, dijo Clemente.

El proyecto ha contado con la participación de unas 30 personas, entre niños, mayores y personal de apoyo. Aunque la valoración general ha sido positiva, desde la organización reconocen que hubiera sido deseable una mayor implicación vecinal. “La gente nos decía que era una idea muy bonita y un proyecto muy chulo, pero luego ha costado que se implicaran más personas”, reconoció el alcalde. Pese a ello, Clemente considera que el resultado final es satisfactorio y ha logrado su objetivo.

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