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El laboratorio BIVO de Aguaviva emplea a ocho personas para elaborar biomateriales El laboratorio BIVO de Aguaviva emplea a ocho personas para elaborar biomateriales
Un investigador muestra a Maru Díaz (3d) y otras autoridades el trabajo que realiza BIVO con el micelio. M.N.

El laboratorio BIVO de Aguaviva emplea a ocho personas para elaborar biomateriales

Maru Díaz visita la cooperativa y valora "el potencial transformador de la ciencia"

El laboratorio BIVO, que investiga desde la ermita de Santa Bárbara de Aguaviva para fabricar nuevos materiales derivados de tejidos orgánicos con vocación industrial, ha pasado de tres a ocho trabajadores en dos años y medio, y comienza a obtener los primeros resultados visibles.

El proyecto fue visitado esta semana por la consejera de Ciencia, Universidad y Sociedad del Conocimiento, Maru Díaz, quien destacó “el enorme potencial transformador de la ciencia en el territorio”. La novedosa iniciativa, de tan solo dos años y medio de andadura, “lo tiene todo, al vertebrar el conocimiento por el medio rural, apostar por la bioeconomía y la economía circular, y hacerlo desde el cooperativismo de I+D”, señaló la consejera.

Ubicado en la restaurada ermita de Santa Bárbara, del siglo XVII, cuenta en la actualidad con un equipo de ocho trabajadores, todos de la zona, y con diversos perfiles de conocimiento como biología, biotecnología, químicas, ingenierías industrial y de materiales, y diseño Industrial.

Diseñar nuevos materiales

BIVO fue impulsado por las cooperativas de I+D Biocore y Silvestrina –que a su vez despliegan su actividad bajo la cobertura de la cooperativa de segundo grado Zoocánica-. Su objetivo es diseñar, desarrollar e industrializar nuevos materiales, derivados de elementos orgánicos, con elevadas prestaciones mecánicas y con el fin de sustituir materiales derivados del petróleo.

“Somos personal investigador, bajo formato cooperativo, en una estructura que en principio es privada pero colaborando siempre con el marco público”, dijo Miguel León, del equipo de Zoocánica. “Toda esa potencia  transformadora se mide en el Bajo Aragón, donde desde 2020 hemos pasado de tres investigadores a prácticamente superar la decena” por momentos. Ello “da una medida de cuál es nuestra capacidad de multiplicación en el tiempo” y, además, con “resultados visibles”.

En este momento, el equipo de investigación desarrolla dos proyectos en Aguaviva. “Uno tiene que ver con micelio y otro con madera densificada. En los dos casos se trata de trabajar con la lignina, como polímero que está presente en la fibra vegetal”, detalló León. “Cuando se produce celulosa para papel”, la lignina “se convierte en un residuo y nosotros lo que exploramos son otras vías de aprovechamiento de ese recurso para la sustitución de material de origen mineral”.

Junto a otros lugares de España, también en el medio rural, desarrollan un total de cuatro líneas de investigación con aplicaciones reales. De esta forma, “la parte que tiene que ver con tejidos celulares son orientaciones más hacia el cuidado de la salud y aplicaciones biomédicas”; en el caso del micelio “tiene que ver con sustitución de materiales de origen mineral para funciones estructurales o de cualquier otro tipo porque las prestaciones son muy buenas y diversas”; en el caso de la línea de cinemáticas “tiene que ver con motores, generadores y transformadores”, y “en computación estamos tratando de buscar formas de uso más eficientes de los recursos computacionales que ya tenemos, ya sea a través de nuevas soluciones de software o a través de nuevas configuraciones de hardware”.

Quieren crear industria

Los dos primeros programas se desarrollan en Aguaviva, donde el laboratorio aspira a tener una incidencia positiva, impulsando la implantación de industrias de la mano de la economía social y la transformación urbana del municipio al calor de los resultados de la actividad investigadora.

Su objetivo, siempre dentro de un modelo cooperativista, es generar el mayor empleo posible “para mantener otros modelos de empleo y otros modelos de habitar un territorio frente a los paradigmas habituales de tratamiento de la despoblación, donde si se piensa en algo relacionado con tecnología es en renovables, que lo que van a hacer es concentrar tierra en la que no puede vivir nadie”, concluyó León.

Maru Díaz abogó por seguir descentralizando la ciencia y el conocimiento, una vocación con la que trabaja el Gobierno de Aragón en proyectos como Galáctica, en Arcos de las Salinas; la candidatura de Teruel para ser sede de la Agencia Espacial Española; el impulso al Centro de Innovación en Bioeconomía Rural en Teruel, la conversión del municipio oscense de Ansó en Smart Village o el circuito de INNORUTA por las cabeceras de comarca aragonesas.

La responsable autonómica celebró también la apuesta por la bioeconomía y la economía circular del centro, en un momento “de escasez de materias primas” y de cambio climático.

Díaz puso a disposición del laboratorio toda la ayuda del Gobierno de Aragón para culminar el proyecto con éxito y poder replicar experiencias similares en otros puntos de Aragón.

BIVO demuestra que “se puede hacer ciencia desde el territorio, investigar desde el mundo rural y que personas jóvenes formadas vuelvan a sus pueblos”, dijo el alcalde de Aguaviva, Aitor Clemente. “Por primera vez, el año pasado se duplicaron el número de unidades en la escuela infantil y este año vamos a repetir. Que este proyecto se asiente  será bueno para Aguaviva y para el Bajo Aragón”, concluyó.

También acudió a la visita institucional a BIVO María Ariño, diputada provincial delegada de Desarrollo Territorial y Programas Europeos.

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