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Javier Ruiz, periodista y Premio Pilar Narvión 2021: “Debe haber un acuerdo entre los editores para defender la información como algo sagrado” Javier Ruiz, periodista y Premio Pilar Narvión 2021: “Debe haber un acuerdo entre los editores para defender la información como algo sagrado”
Javier Ruiz es periodista y Jefe de Economía de la Cadena SER.

Javier Ruiz, periodista y Premio Pilar Narvión 2021: “Debe haber un acuerdo entre los editores para defender la información como algo sagrado”

Considera que para hacer frente al crecimiento de noticias falsas hay que pedir responsabilidades a las redes sociales u obligarlas a autoregularse

Jefe de Economía de la Cadena Ser, el periodista Javier Ruiz recibirá el Premio Pilar Narvión en el transcurso del curso de Periodismo que tendrá lugar entre el 1 y el 4 de septiembre en Alcañiz.

-¿Cómo valora la recepción de este premio, que es un reconocimiento a su trayectoria profesional y a su forma de hacer y entender el periodismo?

-Lo agradezco y me honra mucho. Es un premio, como siempre y sin falsas modestias, a los periodistas que hacen un cierto trabajo o tienen un modo de trabajar. Y creo que  ese buen periodismo es un periodismo de datos, de información, de dar cifras, de hablar de hechos, y eso sí es periodismo. Lo que no es periodismo es ese periodismo sin hechos que ha surgido últimamente, un periodismo de prejuicio. Así que creo que este es un premio a una forma de ejercer la profesión.

-¿La llegada de las redes sociales y su popularización y la facilidad con que se puede montar un periódico digital o un blog han ayudado a que surja el pseudoperiodismo?

-Siempre ha habido falso periodismo, siempre ha habido chantaje, mentiras, informaciones de parte, no de parte del público ni a favor del público, sino de aquellos que se pueden pagar esas informaciones. Ahora sí es cierto que se ha popularizado y hecho más efectivo, y ese es el gran problema, que es que siempre ha habido malas hierbas, pero ahora han crecido mucho más y es más fácil que crezcan. Basta con poner en marcha una página web. Ahora, por ejemplo, el Gobierno de Joe Biden ha señalado a 12 personas de la desinformación en Estados Unidos, personas que son responsables de 65% de las fake news en torno al Covid-19. En España tenemos cuentas falsas, cuentas de falsarios y empresas que trabajan a favor de empresas y que no trabajan a favor del interés del público.

-Relacionadas con la pandemia y a raiz de ella han surgido tantas informaciones y tan dispares, sobre el virus, las vacunas... ¿qué ha sido lo más complicado para los periodistas, distinguir entre las fuentes fiables y cribar la información veraz?

-Los que trabajamos en esto tenemos un problema que en ocasiones no es acceder a la información sino enfrentarnos a un exceso de información. Y voy a poner un ejemplo: en un momento en la pandemia todo tipo de empresas querían salir en los medios de comunicación a decir que estaban regalando mascarillas, fabricando ventiladores y otras muchas cosas más. Era un lavado de imagen. Lo más complicado es filtrar ese lavado de imagen, distinguir entre propaganda e información, entre lo que es útil a las fuentes y al público. Lo importante es cribar lo que es útil a las fuentes y al público, y nuestro trabajo es llegar al público, distinguir entre la maleza y la flora, entre lo que era fruta que había que dar al público y lo que no lo es.

-¿Ese exceso de información, de propaganda o publicidad encubierta bajo el paraguas de información, ha disminuido?

-No va a disminuir nunca. Será igual siempre, continuará mientras siga el desequilibrio. El dinero está en la empresa y falta en los medios de comunicación, y en la empresa debe haber un acuerdo entre los editores por defender la información como algo sagrado, porque si la información se convierte en un producto más en venta, tenemos un problema, porque significará que se puede comprar. Actualmente, el contenido que viene de los anunciantes es un problema que nos contamina. No ha disminuido ni lo va a hacer y ante la enorme cantidad de información que recibimos de empresa y Gobierno hay que tener un periodismo que defienda el periodismo y la información útil para el público, no la información útil para las empresas, porque esta se llama publicidad, ni para el Gobierno, que eso es propaganda. Periodismo es la información útil para el  público.

-Difícil no atender a la información de las empresas y de los gobiernos con la crisis de los medios de comunicación, especialmente de los periódicos en papel.

-Quiero creer que hay editores que son conscientes y que tienen conciencia de lo que tienen entre manos, y lo que tienen entre manos es un bien público, que es la libertad de información y expresión. De eso depende la fortaleza de la propia democracia, porque sin buena información no se puede votar bien. Hay editores que son conscientes, y necesito creer que hay editores que están cobrando más conciencia de todo esto. Si no es así, tenemos un bien muy frágil que se rompe fácilmente.

-Con la llegada y expansión de las redes sociales también se han expandido las noticias falsas. El fenómeno parece imparable. ¿Sería partidario de algún tipo de intervención desde el Gobierno, del Estado, para parar su proliferación?

-Yo soy partidario de graduar la intervención, no de que se intervenga Twitter, Facebook o cualquier red social, pero tampoco soy partidario del salvaje oeste, y ahora lo estamos. Yo tengo responsabilidad como informador, y si difamo a alguien me enfrento al código penal, pero alguien detrás de Twitter, de Facebook o de otras redes sociales no se enfrenta a ninguna responsabilidad, y estas redes tienen un modelo de negocio basado en el odio y hacen rentable el negocio con esa bilis. A la persona que está detrás de la difamación, de las amenazas de muerte o de la agresión hay que pedirle responsabilidades. O bien hay que pedir un DNI a los usuarios de redes sociales, o bien esas plataformas deben tener responsabilidad por lo que publican. Hay que pedirles que se sometan a las mismas reglas a las que nos sometemos todos los que publicamos información, porque si un periodista difama, se enfrenta a una pena de cárcel. A estos otros, sin embargo, les sale gratis.

-¿Cómo se regula?

-Considero que debería haber una autoregulación de esas plataformas y si no lo hacen hay que ver quien hay detrás, además de que existen otras alternativas, que son las que están en el Congreso de los Estados Unidos. Lo primero que hay que hacer es que identifiquen a sus usuarios y si esto no funciona hablaríamos de otro tipo de medidas. Creo, de verdad, que ahora lo que hay es libertad de difamación y la libertad para mentir no es lo mismo que libertad para publicar.

-Aunque las noticias falsas están al alcance de todo el público,  ¿cree que habría que fomentar desde los centros de enseñanza algún tipo de iniciativa dirigida a los jóvenes (por ser población vulnerable) para que sepan discernir lo falso de lo veraz?

- Me preocupan menos los jóvenes que los mayores. Creo que la gente mayor multiplica más el eco y cree que, al ver algo impreso, es directamente verdad, mientras que la gente joven asume que en lo escrito hay mucha información falsa. A eso se añade, además, que la gente joven vota menos. Gente de 55 en adelante es la que más retuitea, la que comparte por Facebook y Whatsapp. Si tuviera que hacer un programa de educación para la población, empezaría por la gente mayor, no por la gente joven. Asumimos que todo lo que está escrito es verdad, pero no todo lo que se escribe es periodismo. Periodismo es chequear, verificar y publicar, y esas cosas faltan.

-¿No cree que en nuestro país hay mucha tendencia a leer o escuchar aquello que gusta o que coincide con la opinión que uno tiene sin que la gente se pare a pensar realmente si la información es verídica?

-Absolutamente. Un estudio señala que dos de cada tres lectores solo leen cosas que van en linea con lo que ya piensan, es decir, que buscan reforzar sus prejuicios. Opino que hay que pedirle a la gente que se exponga a ideas contrarias a las que tiene. Les diría que lean cosas que no son de su cuerda y, además de todo esto, que es importante ver la confianza y fiabilidad de ciertas informaciones que no están en linea con nuestra manera de pensar. A veces, se publican informaciones que no están en linea con lo que pensamos que son verdaderas y otras veces que son falsas, pero hay que tener criterio.

-Recientemente se ha conocido su salida del programa de Ana Rosa en Telecinco. ¿Hay censura en los medios de comunicación?

-Más que la censura, lo que existe es la autocensura en los medios de comunicación. Si no quieres caer, sabes lo que no debes decir, y ese es uno de los males de la profesión ahora mismo. Yo no me he sentido censurado nunca, y acumulo un largo historial de despidos, y defiendo a los editores que deciden prescindir de mis servicios. Defiendo el derecho del editor a poner a la persona que pone los titulares, pero yo no consiento que me los pongan. Hay mucha autocensura entre los periodistas, si bien yo no me he autocensurado nunca, pero hay precios que se tienen que pagar, y no pasa nada, es normal y natural.

-¿Están los medios de comunicación en España demasiado atados al poder político del momento? ¿No cree que hay un sesgo ideológico demasiado claro en los grandes grupos de comunicación?

-Eso no me preocupa nada. Sí me preocupa que sirvan a intereses concretos, de izquierdas o de derechas, da igual. Cuando los medios dejan de tener esa subjetividad y pasan a tener intereses espurios, entonces tenemos un problema. Nos enriquece la pluralidad de opiniones, pero no lo hace que se silencien informaciones que perjudican a un partido o a una empresa o que se difundan informaciones que dañan al contrario porque lo dañan. El problema no es de alineamiento ni de objetividad, porque la subjetividad es legítima, sino que es un problema de honestidad. Si hay medios deshonestos, da todo igual y en España tenemos un problema de honestidad con algunos medios comunicación que sirven intereses que no son del público. Hay digitales que surgen que sirven a una empresa, cuentas en Twitter, en Facebook o en Instagram que son voces que sirven a una voz ultraconservadora. No es un problema de objetividad, sino de honestidad.

-¿Cómo cree que va a evolucionar todo lo que estamos viviendo en las próximas décadas?

-Iñaki Gabilondo dice que los pesimistas también se equivocan, y se equivocan porque el periodismo no está hecho para dar grandes cantidades de dinero, no es banca de inversión, pero puede ser rentable, y hay rentabilidad en la verdad. Los editores que se den cuenta de esto, que vean que hay un negocio en la verdad, en servir al público, apostarán por ello. Probablemente no será generalizado, pero hay una oportunidad de negocio en el periodismo, en enriquecer a la sociedad y de enriquecerse ellos. El periodismo lleva más de un siglo, casi dos, muriéndose, y no se ha muerto; lleva agonizando 160 años, y es una lenta agonía que nosotros intentamos prolongar, pero confío en los editores, a los que deberíamos pedir un esfuerzo, porque merece la pena y nos jugamos la democracia.

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