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Los 25.000 conejos cazados no doblegan la curva ascendente de la plaga que padece Albalate del Arzobispo Los 25.000 conejos cazados no doblegan la curva ascendente de la plaga que padece Albalate del Arzobispo
Un cazador apunta a un conejo que huye del tiro (extremo superior derecho de la imagen). M.N.

Los 25.000 conejos cazados no doblegan la curva ascendente de la plaga que padece Albalate del Arzobispo

Los daños del cereal aumentan cada año pese al Decreto Ley que permite la actividad cinegética diaria

“Acabar con más conejos de los que matamos ya es imposible. Cazamos todos los días del año y llevamos más de 25.000 contabilizados desde octubre del año pasado, pero cada vez hay más”, asegura el presidente de la sociedad de cazadores de Albalate del Arzobispo, Manuel Barceló, que junto a los agricultores y al Ayuntamiento lanza un SOS al Gobierno de Aragón para que incremente las medidas para controlar la plaga de Oryctolagus cuniculus en la Comunidad y abra una línea especial de ayudas para que el peso económico no recaiga sobre los cotos.

En 2018, los daños agrícolas atribuibles al conejo común ascendieron a 19.000 euros en la localidad del Bajo Martín, en 2019 se vieron incrementados hasta los 42.000 euros y en 2020 fueron de 58.000 euros. El Decreto Ley 9/2019 del Gobierno de Aragón, que adopta medidas extraordinarias y urgentes para el control de la población silvestre de esta especie, rebaja al 75% lo que los cazadores deben pagar por los daños producidos por una especie cinegética objeto de caza lúdica o deportiva.

La norma se circunscribe a 118 términos municipales, ocho de ellos en la provincia de Teruel: Albalate del Arzobispo, Andorra, Azaila, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda, Urrea de Gaén y Vinaceite. En todos ellos, el Ejecutivo autonómico reconoce que las liebres están provocando “daños desproporcionados, de extrema gravedad, sobre los cultivos agrícolas, así como el consumo excesivo de las especies vegetales silvestres, sobre todo de las más palatables, lo que está afectando no sólo a la agricultura, sino también a la ganadería extensiva de ovino y a muchas otras especies animales silvestres con los que comparten el hábitat”.

Metodología legal

El decreto autoriza la caza del conejo silvestre todos los días del año y en todas las metodologías legales que figuran en el Plan General de Caza de Aragón. Los 147 cazadores de Albalate pueden invitar a colegas de otros cotos las veces que quieran, y se comprometen a cazar más de 20 días al mes. No les queda tiempo más que para ir algún día al jabalí, pues su prioridad ahora es otra.

Sin embargo, pese a que en Albalate cazan “todos los días del año” y llevan contabilizados “25.000 conejos recogidos, sin contar los que se quedan heridos y los que matan los hurones”, los aficionados no dan abasto con sus escopetas.

El pasado sábado por la tarde, “entre cuatro matamos 50 conejos en dos horas”, explica el presidente de la sociedad. En la mañana de ayer domingo, otros tantos acabaron con otros 40 ejemplares. Se sirven de un centenar de hurones y de jaulas, y les esperan en las bocas de las madrigueras, pero ni aún así hay manera de que los daños sean menores que el año anterior.

El dinero para asumir los costes del coto sale de las aportaciones de los socios, más los fondos obtenidos con los trofeos de las cabras. “Pero este año el Gobierno de Aragón debe hacer lo que sea, porque no vamos a tener dinero para seguir pagando. O que lo pague la Administración o que no lo pague nadie, pero así no podemos seguir”, admite el presidente, consciente de que su afición es ya una “obligación” que a algunos, la mayoría prejubilados, les supone seis horas al día de lunes a domingo.

“Ya es desastre”

Uno de los agricultores más afectados, con 80 hectáreas el último año, es José Ángel Pérez, que asegura que la caza en Albalate “ya no es deporte ni afición, sino que ya es desastre” por los problemas que conlleva la sobrepoblación cunícola.

Los agricultores contratan a los peritos que calculan los daños, mientras que los cazadores asumen las pérdidas en el campo. “No quisiéramos que nos pagaran porque al fin y al cabo los estamos fastidiando también a ellos, de modo que lo que queremos es una solución eficaz para que, de alguna forma, se erradique la plaga”, señala Pérez.

El agricultor calcula que, si la escalada de daños perdura en el tiempo, “va a llegar un momento, en dos o tres años, que va a ser imposible cultivar nada en el monte de Albalate”.

“Hay 1.000 hectáreas afectadas al cien por cien, y multiplicándose al resto del monte”, afirma Pérez. La superpoblación de conejos afecta a más de 10.000 hectáreas de cereal de invierno (cebada, avena, trigo), la mitad del término municipal, según contabiliza el ayuntamiento.
 

Varios cazadores apostados a la espera de que salga un conejo, en un pareje del monte de Albalate. M.N.


“Nace y se lo comen ya de pequeño, no lo dejan ni crecer. Este problema es de hace por lo menos diez años, lo que pasa es que se va multiplicando a pasos agigantados”, insiste Pérez, que considera “insuficiente” el decreto actual.

La pandemia y los confinamientos no ayudaron a vencer el sobredimensionamiento cunícola, sino que lo agravaron, pese a que la DGA emitió salvoconductos para favorecer la movilidad de los cazadores.

Piden más apoyo

Cazadores y agricultores cuentan con el apoyo del Ayuntamiento de Albalate, que ha abierto una línea de ayudas dotadas con 2.000 euros para incentivar la caza a través de la subvención de cartuchos. Así lo explica el teniente de alcalde y delegado de Agricultura, Samuel Pérez, que no obstante reconoce que esto es tan solo un parche y pide ayuda económica a la Administración autonómica para paliar gastos.

“Con el decreto se les ha habilitado a que puedan cazar todos los días y prácticamente de todas las maneras, pero aún así es que no se llega, es imposible”, enfatiza el edil.

“En lugar de haber cada vez menos daños, lo cierto es que cada vez hay más y nos vemos completamente incapaces de controlarlo”, reconoce la alcaldesa, Isabel Arnas, que explica que hace diez años los conejos estaban concentrados en una zona muy concreta pero “ahora están en la mitad del término, desde el polígono hasta Lécera, a ambos márgenes de la carretera”.

Arnas asegura que la sociedad de cazadores empezó a indemnizar al sector agrario con unas cantidades asumibles, pero el volumen actual ya no lo es, por lo que pide que el decreto, que vence en diciembre, sea sustituido por otro que contemple medidas más ambiciosas enfocadas al control de la plaga y que en ese periodo transitorio la DGA brinde ayudas al sector agrícola.

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