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Localizan un torreón que podría ser de origen islámico en el espolón de la muralla de Albarracín Localizan un torreón que podría ser de origen islámico en el espolón de la muralla de Albarracín
Superficie del torreón localizado en la parte antigua de la muralla de Albarracín

Localizan un torreón que podría ser de origen islámico en el espolón de la muralla de Albarracín

Las piedras están engarzadas a las del paño defensivo y todo apunta a que se levantó entre los siglos XI y XII
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Cruz Aguilar

Los trabajos de restauración desarrollados en la muralla de Albarracín han sacado a la luz un torreón que estaba oculto y que es uno de los tres que se conservan en el recinto fortificado. Se trata de una atalaya de vigilancia de la parte de muralla más antigua de la ciudad, ya que podría ser de origen islámico, y que tiene una superficie interior de 12,5 metros cuadrados y unos muros de 90 centímetros de ancho.

El torreón se construyó a la vez que el lienzo de la muralla puesto que, según explica el gerente de la Fundación Santa María, Antonio Jiménez, “los muros están trabados”, lo que muestra que el cerramiento se levantó a la par que el paño defensivo. Los primeros trabajos arqueológicos han sacado a la luz fragmentos de cerámica del siglo XIII y algún pequeño resto de cerámica islámica. Además, la colocación de las piedras para levantar el torreón delata que podrían ser restos islámicos, según los análisis constructivos realizados y en los que todavía hay que profundizar.  “Se trata de la parte más antigua de la muralla, del primer recinto medieval de Albarracín y, a falta de confirmar los restos, podría ser de los siglos XI o XII”, comentó el responsable.

Los trabajos de restauración de la muralla se enmarcan en las actuaciones que, año tras año, desarrolla la Fundación Santa María para completar la recuperación total de este bien patrimonial.

Cada campaña se acometen en torno a 20 metros  lineales de muralla con apoyo de la Dirección General de Patrimonio, que concede una subvención de 30.000 euros. En este 2022 se planteó acometer otros 20 metros,  pero empezando desde el ángulo de la muralla, el espolón que hay sobre el meandro del Guadalaviar, que estaba muy deteriorado, y continuar hasta llegar a la zona ya restaurada.

Dos muros

“Detectamos que había dos muros raros, cubiertos de derrubios y vegetación, se observaba como una pequeña pradera en la que se remarcaban esos muros”, relató Antonio Jiménez. Reconoció que en ese momento no tenían constancia de la existencia de un torreón, pero luego comprobaron que en el plano que trazó el investigador Antonio Almagro en la década de los 80 ya aparece dibujado. “Para nosotros fue sorpresivo, no esperábamos encontrarlo, pero al recurrir a los documentos de Almagro vimos que ya estaba y la describía como una pequeña atalaya de vigilancia”, comentó Jiménez.

Añadió que es posible que en esos años en los que el estudioso del patrimonio de Albarracín hizo el trabajo el torreón no estuviera tan cubierto. Los planos del arquitecto no incluyen ningún otro torreón en la zona de muralla que queda por acondicionar.
 

La colocación de los andamios para las obras entraña gran complejidad


Antonio Almagro plantea en su investigación que esta atalaya es anterior a la construcción de la torre defensiva de Doña Blanca, que se levantó en el siglo XIII. La muralla de esa primera medina de Albarracín presenta lienzos de muro prácticamente sin torreones. Solo se han localizado el de la plaza Mayor, que cerraba hacia la zona norte, y otro circular situado bajo el castillo. Ahora ha aparecido esta tercera atalaya defensiva, como la define Almagro, que era contigua al portillo de la denominada Huerta Vieja.

Intervención

Los técnicos van a llevar a cabo una intervención arqueológica en esta zona y la excavación llegará hasta el suelo inferior, que es la roca sobre la que se asienta la muralla.

El hallazgo es “muy interesante”, según Jiménez, y no solo por su valor histórico y porque es uno de los tres únicos torreones documentados hasta la fecha en la parte de la muralla más antigua de Albarracín, sino también porque está situado justo en el escarpe sobre el paseo fluvial.

Precisamente una de las mayores complejidades que tiene la restauración de este tramo de muralla es la colocación del andamiaje, que actualmente es el que sujeta el peligro de desprendimiento hacia el paseo del muro de la muralla con el que se cierra la atalaya.

La patología que presenta este lienzo no es diferente al de otros en los que se ha intervenido. “Cuando los muros aparecen muy degradados es que han perdido la cara exterior y queda la interior, pero está muy debilitado”, comentó el gerente.

El cambio de rumbo en la intervención para atender el entorno de la muralla fue lo que propició el descubrimiento de esta atalaya. El hallazgo ha modificado sustancialmente la actuación para atender primero el estado de conservación. La idea de la Fundación es continuar los trabajos de rehabilitación hasta enlazar con la zona ya restaurada.

Restauración compleja

La Fundación Santa María de Albarracín lleva desde el año 2010 restaurando, tramo a tramo, la muralla de la ciudad. Ahora quedan aún por acometer dos tramos de unos 20 metros cada uno. Actualmente se está interviniendo en uno de ellos y la previsión es iniciar la rehabilitación del que queda pendiente en 2024, ya que al año que viene abordarán el entorno paisajístico del monumento.
 

Los trabajos para recuperar la muralla de Albarracín se hacen por tramos y se iniciaron ya en el año 2010


El gerente de la institución, Antonio Jiménez, apuntó que la zona pendiente de intervenir presenta gran complejidad puesto que es el tramo paralelo a la carretera que sube hasta la iglesia desde el parque y hay que instalar un andamiaje desde la parte baja para poder acceder a los muros. Matiza que es difícil que, aunque se inicie en 2024, pueda concluirse ese mismo año.

La actuación desarrollada este año comenzó hace aproximadamente un mes, pero han avanzado muy lentamente a causa de las lluvias. Cuando se concluya habrá rehabilitados 589 metros lineales de muralla y quedarán solo otros 20. Durante todos estos años los trabajos han sacado a la luz elementos interesantes, como una antigua escombrera o lienzos originales en perfecto estado de conservación.

Bien patrimonial

La muralla de Albarracín tenía entre 1,5 y 2 metros de ancho y en el tramo más conservado se levanta hasta ocho metros, pero la mayor parte de la construcción conserva únicamente un par de hiladas o tres de sillares y en torno a 90 centímetros de muro.

Este bien patrimonial se encontraba en muy mal estado de conservación puesto que parte de las piedras utilizadas en su construcción habían sido reutilizadas siglos después para levantar viviendas. Por otro lado, en algunas zonas había casas adosadas a la propia muralla y en una de las campañas de restauración se localizó un trujal para el almacenaje del vino.

Otro de los elementos que afectó de forma negativa a la conservación fue la realización de un ajardinamiento en la explanada de la Torre Blanca en los años 70, con plantas al borde del meandro.

En los trabajos de restauración han empleado piedra recuperada de los alrededores y mortero de cal, tanto hidráulica como cal pura para diferenciar aquellos tramos que han sido recrecidos. Buena parte de la muralla estaba prácticamente perdida y oculta bajo la vegetación que, durante siglos, fue ganando terreno al muro.

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