Síguenos
Iranzo reivindica en un libro la vida en el campo y enseña que la leche no sale de una caja Iranzo reivindica en un libro la vida en el campo y enseña que la leche no sale de una caja
Juan Iranzo con la portada de ‘El libro de la vida en el campo y en el pueblo’

Iranzo reivindica en un libro la vida en el campo y enseña que la leche no sale de una caja

El creador de Cella lamenta la tendencia actual de los pueblos “que son como sucursales de la ciudad”
Cruz Aguilar

Denunciar a un ganadero porque los caballos duermen al raso o molestarse porque canta el gallo o suenan las campanas en un pueblo son acciones propias de la gente que vive en las ciudades y que desconoce completamente el medio rural y el comportamiento animal. “Los pueblos no son un prado idílico con cabras ni el lugar donde viven los cromañones”, dice el escritor e ilustrador Juan Iranzo, que acaba de sacar una obra titulada El libro de la vida en el campo y en el pueblo para desterrar esas dos visiones totalmente enfrentadas pero igual de equivocadas sobre el medio rural.

El hecho de que se legisle desde grandes urbes, con un gran desconocimiento de las zonas más despobladas, hace que “los pueblos sean como sucursales de una ciudad y, cuanto más cerca se está y más grande es la ciudad, más se pierde la personalidad del propio pueblo”, lamenta Iranzo.

Portada del libro

La vida que tienen ahora los niños de Cella, la localidad donde vive Juan Iranzo, tiene muy poco que ver con la que él mismo disfrutaba de niño. “El 90% del tiempo libre lo pasábamos en la calle y ahora hacemos mucha más vida de puertas para adentro, tanto de niños como de adultos”, relata. Recuerda que dormían “sin echar la llave en la puerta”, algo que ahora mismo “es impensable”.

Con su publicación intenta dar a conocer la esencia de la vida en los pueblos y, sobre todo, de dónde procede lo que comemos, porque sobre este tema Iranzo considera que también hay una gran laguna, sobre todo entre las personas que habitan las grandes urbes, que desconocen que el vaso de leche que se beben le cuesta dinero al ganadero ya que cobra menos de lo que vale producirlo, indica a modo de ejemplo.

El libro está totalmente ilustrado por Juan Iranzo

No es demasiado positivo sobre el futuro y, aunque no se atreve a calificarlo de bueno o malo, “la sociedad lleva una línea que no tiene nada que ver con la forma de vida del medio rural”. La tauromaquia y la caza son, a su juicio, “los dos diques de contención que están aguantando la avalancha del animalismo”, dice, pero augura que finalmente la sociedad avanzará “en detrimento de la caza, los toros y la ganadería”. El motivo de esta evolución es, comenta, que el mundo está manejado “por grandes corporaciones a las que, evidentemente, no tenemos acceso y que marcan el camino por el que vamos a ir”, dice. Ese mapa no incluye al medio rural porque “no interesa que existan los pueblos”, para cualquier gobernante es más fácil manejar una ciudad grande, invertir en ella, que hacerlo en cientos de pueblos”.

La ecología es uno de los temas que Iranzo analiza en su obra

Vaticina que la agricultura desaparecerá tal y como la conocemos hoy y que la mayor parte de las tierras cultivables quedarán en manos “de grandes corporaciones que decidirán qué se cultiva y a qué precio”, argumenta. Tampoco le ve un futuro mucho mejor a la ganadería: “Si nos meten en la cabeza que comer carne está mal, al final dejaremos de comer”.

El libro de Juan Iranzo es un intento por cambiar el rumbo mostrando cómo es la vida en el medio rural. Asegura que es recomendable tanto para las personas que se han criado en un pueblo, porque se sentirán identificados en muchas de sus páginas, como para la gente que vive en la ciudad ya que al menos conocerá los orígenes de los alimentos que llegan a su mesa.

La caza y la tauromaquia son, según Iranzo, los “diques de contención” del animalismo

A juicio del autor “hacía falta un libro así” porque lo que no se enseña no se conoce y “las tradiciones propias de los pueblos están desapareciendo”, lamenta, para añadir que cada vez es mayor “el desapego de muchas cosas de nuestra cultura y de nuestro pasado”, dice.

El libro incluye datos a nivel nacional e Iranzo reconoce que detrás de las 168 páginas a todo color y llenas de ilustraciones hay dos años de investigación en las que incluso han cambiado normativas que afectan al medio rural, como la referente al lobo, que desde septiembre ha dejado de ser especie cinegética.

Páginas dedicadas a la ganadería porcina

En este sentido, lamenta la grave afección que tiene el hecho de que se legisle desde las ciudades sin conocer la realidad de los pueblos. “En la vega de Cella hay ahora una plaga de jabalíes que están causando un grave daño a los cultivos, desmoraliza sembrar sabiendo que no vas a recoger nada, pero eso desde un despacho de la ciudad no se ve”, comenta.

Visión urbanita

Por eso, recomienda dejar los ojos de ciudad a un lado y acercarse a lo que es la vida en un pueblo. “El problema son las comparativas, si vas de turismo rural es porque quieres vivir de forma diferente a como vives durante la semana en la ciudad, pero si te molesta un gallo o una campana igual es que no tienes que estar ahí”, manifiesta.

El libro habla de la matacía, una tradición que se está perdiendo en los pueblos

La obra ofrece más de cien temas diferentes para familiarizarse con la vida en e campo y en el pueblo. Entre ellos habla de la masía, el folclore, los montes, la caza, la pesca fluvial, la industria o el turismo rural. Además, la agricultura y, sobre todo, la ganadería, tienen un gran peso en el libro, donde se habla de numerosas razas de las existentes en España. También aborda algunos de los temas clave del medio rural como son la despoblación o el papel de la mujer

El libro de Juan Iranzo, editado por Ediciones del Palomo, ha sido impreso por Terueligráfica y se han tirado 200 ejemplares. Se comercializa en las librerías Biblos y Escolar de la capital turolense y a través de la página web tiendacultoro.com.

El ilustrador de Cella define el mundo rural como “una fábrica de alimentos”

Aunque es un libro genérico, no faltan algunos guiños a Cella, localidad natal del autor, Albarracín o a algunos de los productos estrella de la gastronomía turolense, como el jamón, el aceite, la trufa o, por supuesto, la patata de Cella, sobre la que incluso se ofrecen pautas para obtener una planta en una maceta.

El libro concluye con una serie de juegos destinados a los niños que seguramente serán los que más disfruten de una publicación repleta de las coloridas ilustraciones del artista cellano.

El redactor recomienda