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Las dulzainas y los redoblantes vuelven a sonar en la Sierra de Albarracín Las dulzainas y los redoblantes vuelven a sonar en la Sierra de Albarracín
Los Dulzaineros de Cuenca tocan uno de sus temas en la Harinera de Torres de Albarracín, ayer durante la segunda jornada del encuentro. MA

Las dulzainas y los redoblantes vuelven a sonar en la Sierra de Albarracín

La primera edición del Encuentro de Dulzaineros organizado por la Comarca reunió a 4 grupos

La localidad de Torres de Albarracín acogió ayer la segunda jornada y la clausura de la primera edición del Encuentro de Dulzaineros de la Sierra de Albarracín, que reunió a cuatro agrupaciones de diferentes lugares de España con el objetivo de ahondar en la recuperación de las músicas populares a base de dulzainas y tambor y de poner de manifiesto las similitudes y diferencias que existen en cuanto a instrumentaciones o repertorios tradicionales.

En este encuentro, que proyectó la Comarca Sierra de Albarracín con apoyo del Ayuntamiento de esta localidad, participaron cuatro grupos de dulzaineros; el grupo Tío Gato de Albarracín, el grupo de música tradicional de la Escuela de Música de Teruel, los Dulzaineros de La Mancha y Los Dulzaineros de Cuenca. La primera jornada se celebró el sábado en Albarracín, mientras que el cierre fue ayer en Torres de Albarracín, “ya que uno de los objetivos de este encuentro era, precisamente, que no fuera en un solo lugar, sino que recorriera varios pueblos”, según explica Pilar Puerto, del grupo Tío Gato de Albarracín.

Cuatro mujeres bailan la jota hurtada de Albarracín, con la música tradicional de la asociación Tío Gato. MA

El Encuentro de Dulzaineros es uno de esos proyectos que se idearon justo antes de la pandemia y que después quedaron en suspenso por la covid-19. El objetivo es que se celebre anualmente, para contribuir a mantener la tradición “de la música de dulzaina y tambor, que era muy tradicional en la sierra. Había gaiteros en Tramacastilla, los de Villarejo, Terriente, y el tío Gato, claro”. El tío Gato, mote que tuvo José Giménez, fue el último gaitero de Albarracín, habitual en los festejos de los pueblos de toda la contornada donde solía acudir con el tío Geano, que le acompañaba al tambor, caja o redoblante, y es quien da nombre a la asociación cultural de Albarracín que mantiene la tradición.

Son actualmente seis personas y llama la atención su juventud. Y aunque por el momento la asociación Tío Gato no cuenta con un proyecto formativo o una escuela, “es uno de los proyectos que tenemos siempre en la cabeza y nos gustaría ponerlo en marcha algún día”, explica Pilar Puerto, que aprendió a tocar la dulzaina en la Escuela de Música de Teruel.

La asociación cultural Tío Gato de Albarracín toma su nombre del mote con el que se conocía a José Gimenez, conocido gaitero de la sierra de Albarracín.MA

Ese grupo, el de música tradicional de la Escuela de Teruel que dirige José Manuel Alba, estuvo presente en la primera jornada del encuentro aunque ayer no pudo acudir a Torres. Quienes sí estuvieron fueron los cinco miembros de Dulzaineros de la Mancha y Dulzaineros de Cuenca, que devolvían así la visita a los turolenses después del VI Encuentro de Dulzaineros que tuvo lugar en esa ciudad en noviembre de 2021.

Los dos grupos castellanos se alternaron tocando piezas tradicionales a base de dulzaina y percusión con la asociación Tío Gato, poniendo de manifiesto la riqueza en la música y la instrumentación tradicional de la España rural, con llamativas diferencias producto del aislamiento histórico de esas comunidades pero también un poso común derivado de la permeabilidad de unas zonas con otras.

Javier Cuéllar (izda.) y Javier Tejada son Dulzaineros de La Mancha. MA

En la provincia de Cuenca el propio instrumento recibe tres denominaciones en función de la zona geográfica de la provincia, una de las más extensas de España. En la zona de La Mancha, al sur lindando con Albacete, la dulzaina recibe el nombre de pita, y pitero quien la toca. No está en el mismo tono que la dulzaina aragonesa, “aunque afina bastante bien con ella y podemos tocar juntos”, como explica Javier Cuéllar, de Los Dulzaineros de la Mancha. Por lo demás el instrumento es bastante parecido al aragonés, a la dolçaina valenciana o a la gralla catalana, aunque suelen llevar dos anillos plateados e incluso tres, a diferencia de la que se toca en Teruel, que suele llevar uno o dos.

La dulzaina de la zona de la Sierra de Cuenca es la más parecida a la que se toca en Teruel, por el tradicional trasiego comercial que existió entre ambas zonas, mientras que La Alcarria, la Cuenca del noroeste que linda con Madrid, es la que más peculiaridades presenta.

Imagen de una dulzaina castellana, con llaves, que allí de denomina ‘gaita’.MA

Como explica Javier Vacas, de Dulzaineros de Cuenca, “la base del instrumento es la misma que los trajeron los árabes, procedente de la chirimía, pero luego se fueron modificando”. En La Alcarria y en la capital conquense la dulzaina se conoce como gaita, y quien la toca es el gaitero. Son más largas y están afinadas de Fa# en lugar de Sol, como en Aragón, “lo que hace que no podamos tocar juntos”. Y además presentan la particularidad de que tienen llaves metálicas, como los oboes o los clarinetes. “Al principio no las tenían pero los músicos fueron culturizándose y en un momento dado decidieron incorporar las llaves metálicas “, narra Vacas, “que permiten alcanzar notas más graves y tocar semitonos sin tener que tapar medio agujero con el dedo, como pasa en las dulzainas sin llave”.

En cuanto a los repertorios, las melodías y los temas sobre los que tocan son prácticamente los mismos en toda España, “aunque en cada lugar se han hecho sus propias versiones, con sus variaciones, que se copiaban de unos lugares vecinos a otros”. En los últimos años se está haciendo un trabajo importante recuperando letras y canciones relacionadas con la música popular de los gaiteros y dulzaineros, a través del testimonio de las personas de avanzada edad y buena memoria, y de algunos documentos escritos que de vez en cuando se encuentran en casas y ayuntamientos de los pueblos. Cosa aparte es la música. “La mayor parte de los gaiteros tocamos y tocaban de oido, no escribían la música porque ni siquiera sabían, así que todas las melodías se transmitían de forma oral”, explica Javier Vacas. “Por ello todas las melodías que no se han recuperado gracias a personas que todavía las recordaban, y que ahora se han fijado escribiéndolas, se han perdido para siempre”, reflexiona el conquense.

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