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Robots que pintan cuadros y mares en peligro de extinción; así será el mundo en 2075 Robots que pintan cuadros y mares en peligro de extinción; así será el mundo en 2075
Imagen del Auditorio Amparo Sánchez durante la primera de las dos conferencias que ayer tuvieron lugar frente a escolares de 6º de Primaria turolenses en el contexto de Unizar Kids. Javier Escriche / UZ

Robots que pintan cuadros y mares en peligro de extinción; así será el mundo en 2075

Cerca de 300 escolares turolenses participaron en las dos conferencias de Unizar Kids

Cerca de 300 escolares de 6º de Primaria de diferentes colegios turolenses participaron ayer en la IV Edición de Unizar Kids, iniciativa que la Universidad de Zaragoza realiza simultáneamente en las tres capitales aragonesas destinada a poner en contacto el mundo de la educación infantil y la universidad, así como sembrar en los escolares la semilla de la curiosidad y el interés por la investigación.

Este año, coincidiendo con el Día Mundial de la Cultura Científica y anticipando la Noche Europea de los Investigadores, el próximo 30 de septiembre, se artículo en seis conferencias -2 en cada capital- que respondían a la pregunta de ¿Cómo será el mundo en 2075? desde diferentes perspectivas.

Unizar Kids es una actividad organizada por la Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Zaragoza, en colaboración con el Departamento de Innovación Educativa de la Consejería de Educación del Gobierno de Aragón, y con financiación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Medioambiente e IA

En Teruel las dos conferencias, de en torno a una hora cada una, tuvieron lugar en el Auditorio Amparo Sánchez de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas del campus universitario de Teruel, y abordaron dos temas de rabiosa actualidad, la inteligencia artificial y el impacto del cambio climático en el futuro.

Hace menos de un mes Jason Allen ganó el primer premio de la Feria Estatal de Colorado con una pintura titulada Teatro de la ópera espacial. La polémica estalló cuando él mismo afirmó que había logrado crear esa pieza gracias a la Inteligencia Artificial (IA), en concreto a una aplicación llamada MidJourney, que es capaz de crear y ejecutar imágenes de forma completamente autónoma. Muchos criticaron a Allen por alentar el fin del arte creado por humanos, mientras que él asegura que la IA es solo una herramienta más.

A ese respecto se refirió Alfonso Burgos, profesor, investigador y coordinador del grado de Bellas Artes en Teruel, quién invitó a los escolares a preguntarse cómo será el arte de 2075, dado que las máquinas comienzan a ser tan creativas como los humanos.

Hace tiempo que estamos acostumbrados al software de imagen que utiliza IA en lo que Burgos definió los tres primeros niveles, que afectan a ser capaces de retocar imágenes, restaurar y recuperar detalles perdidos y añadir efectos especiales. Los dos niveles superiores, que hasta hace poco pertenecían a la ciencia ficción, empiezan a implementarse y a obtener resultados cuando menos sorprendentes. Estos niveles son el cuarto, “en el que la IA empieza a tener ideas propias y desarrollarlas en función de un estilo artístico concreto”, y el quinto, “en el que la IA es capaz de aprender y evolucionar”, según Alfonso Burgos.

Los profesores Encarna Sánchez y Alfonso Burgos con Alfonso Blesa, director de la Fundación Universitaria Antonio Gargallo (de izda. a dcha.) J. Escriche / UZ

A este respecto, el profesor evaluó algunas aplicaciones, muchas de las cuales puede utilizar online cualquiera, como Dall-E 2; Autodraw; Sketch RNN Demo; Corre, Dibuja; o Scribbus Speech, que son capaces de adivinar qué estamos dibujando y ofrecernos alternativas mejores, jugar con nosotros al Pictionary o dibujar una imagen a partir de una serie de palabras que escribimos o pronunciamos.

Sin embargo el ejemplo más sorprendente de IA aplicada al arte es Ai-Da, una androide robot que comenzó pintando abstracción geométrica y últimamente le da por el autorretrato, que tiene conciencia de sí misma, que ha concedido entrevistas a The Guardian y que ha expuesto en alguna de las mejores galerías del mundo, incluida la Bienal de Venecia. Según la prensa especializada, la venta de sus cuadros había alcanzado el millón de euros a mediados de 2021, dos años después de ponerse en marcha el proyecto, y ella misma admite que pintar un cuadro apenas le lleva una hora.

¿Significa esto el fin de los pintores humanos? Burgos afirma que no necesariamente, aunque “el arte y la pintura se reinventará como cada vez que hemos vivido una revolución que ha explorado los límites del arte”. En 1825 la invención de la fotografía liberó a la pintura de representar la realidad y, lejos de acabar con este arte, le dio alas para explorar la abstracción lo que dio lugar a las vanguardias. En 1917 Marcel Duchamp firmó su famoso urinario estableciendo una nueva revolución, según la cual el obra de arte no debía ser necesariamente un objeto creado por el artistas, sino que podía ser algo preexistente a quien el artista dotaba de un nuevo significado. “Estamos ante una tercera revolución en este sentido, que va a ser igual de importante que las anteriores y que determinará cómo será el arte en 2075”.

¿Qué planeta habrá en 2075?

Por su parte Encarna Esteban, profesora del Departamento de Análisis Económico de la Facultad de CCSS y HH e integrante del Grupo Econatura (Economía del Medioambiente y de los Recursos Naturales) planteó a los escolares cómo será el mundo cuando ellos tengan 60 años a tenor de lo que está ocurriendo con el medio ambiente. Esteban mostró ejemplos de cómo el cambio climático y el agotamiento de los recursos no son asuntos a largo plazo, como el mar de Aral, una extensión marina junto al mar Caspio que hace menos de treinta años tenía una superficie similar a la de dos tercios de Portugal, siendo considerada entonces uno de los cuatro lagos más grandes del mundo, y hoy en día apenas conserva un 10% de su superficie por culpa de los continuos trasvases de agua. La poca que queda está altamente contaminada por pruebas armamentísticas, proyectos industriales y vertidos, y el resto es un gran desierto con matorrales donde todavía es posible ver centenares de barcos que quedaron varados en su día.

El mar de Aral es considerado, junto al Lago Chad en África, el mayor desastre medioambiental ocurrido recientemente.

Algunos de los escolares turolenses piden la palabra. Javier Escriche / Universidad de Zaragoza

Encarna Esteban, que explicó a los escolares como los investigadores no siempre trabajan con químicos y probetas, sino que, como en su caso, la investigación en el ámbito de las ciencias sociales “estudiamos a las personas en su contexto”, explicó otro ejemplos como el río Ganges, el más contaminado de la historia, o el grave problema que supone la utilización de plásticos. “Estábamos mejorando en este sentido, pero la pandemia ha provocado un pequeño retorno a la situación anterior, ya que por cuestiones sanitarias se ha vuelto a utilizar mucho”, explicó.

También habló que el estado del medioambiente en 2075 no ve un horizonte algo funesto en el mundo, sino que también en España corre peligro, y mencionó la desecación de Doñana o la sobresaturación de desechos de la Manga del Mar Menor, en Murcia.

Preguntados los alumnos de Primaria turolenses, estos opinaron que en 2075 tendremos un mundo “destruido”, “muerto”, “contaminado”, “con menos agua” y “más pobre”. Esteban opina que esa generación todavía está a tiempo de revertir la situación y cambiar la dirección hacia la que el desarrollismo está empujando el planeta para que no sea necesario, como apuntó un estudiante, “buscar otro planeta para vivir”.

Lo cierto es que el deterioro del medioambiente es un proceso que, si bien avanza lentamente, también lo hace de forma inexorable, y algunos efectos terribles e irreparables están teniendo lugar ya, a día de hoy.

Evitar y reparar el daño pasa, según Encarna Esteban, por fomentar actuaciones que reduzcan el impacto de los humanos, que puede ir desde sencillos actos como cortar los aros de plástico de los refrescos, consumir menos bolsas de plástico o priorizar la compra de productos que ahorren envases, hasta presionar a los políticos para que adopten determinadas medidas a cambio de nuestro voto. A ese respecto, un escolar preguntó a la profesora su opinión sobre la Vaquilla. Ella respondió que le gusta porque es una fiesta turolense, aunque es cierto que podría reducir su huella medioambiental. “Quizá ahora que se acercan las elecciones se les podría pedir a los políticos que exijan la utilización de vasos reutilizables, de los que llevas colgados con una cuerda, que reduciría mucho el consumo de plásticos”, dejó apuntado.

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