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@JavierSilvestre

Mantenía un acalorado debate por Whatsapp con mi grupo de amigos esta semana a raíz de la controvertida campaña de Correos para visibilizar el racismo coincidiendo con el aniversario de la muerte de George Floyd bajo la rodilla de un policía en Estados Unidos. La idea es imprimir sellos monocromáticos que representan las diferentes tonalidades de piel y que el más oscuro valga menos. Se supone que con esta acción vamos a ser conscientes de la desigualdad que existe entre negros y blancos… o algo así. Porque yo aún no lo he entendido muy bien.

Para empezar, la campaña se llama Equality stamps (Sellos igualitarios). Siendo Correos una empresa 100% pública española podría haber optado por un nombre en castellano dejando atrás el snobismo de usar anglicismos para todo. Pero será que querrían traspasar fronteras, o que les hiciesen retuit en redes sociales los del movimiento Black Live Matter. Un movimiento que, por cierto, se ha embolsado desde la muerte de Floyd la nada desdeñable cifra de 150 millones de dólares en donativos. Una organización sobre la que, además, sobrevuela ahora la sombra de la corrupción tras la dimisión de su fundadora, Patrisse Cullors, acusada de llevarse parte de estos donativos a su bolsillo.

Pero volvamos a la campaña de Correos. La intención de la iniciativa antirracista es la siguiente, según la nota de prensa remitida a los medios: “Cuanto más oscuro sea el sello, menor valor tendrá, por lo que, a la hora de hacer un envío, será necesario utilizar más sellos negros que blancos. De este modo, cada carta y cada envío se convertirán en un reflejo de la desigualdad creada por el racismo.” Y claro, al final esta genialidad acaba convertida en lo que es, una fantochada. 

Reclamar igualdad entre razas, otorgándole menos valor a los negros que al resto de tonalidades de piel, peca precisamente de lo que denuncia: de racista. Se mire como se mire. Algunos amigos míos defendían a ultranza la campaña y hablaban de “la necesidad de la discriminación positiva”, mientras otros respondían que “las discriminaciones positivas no son igualdad sino revanchismo“. Y ambas afirmaciones son válidas en otras situaciones, pero no en el caso de la fallida campaña de Correos.

Porque Correos no hace un discriminación positiva sino todo lo contraro. El negro vale menos que el caucásico. Y lo peor, nos obliga a difundir ese mensaje incluso sin estar de acuerdo con el mismo. No me negarán que necesitar poner muchos sellos negros en un sobre para visibilizar el racismo es como obligarle a la gente a beber leche en botellines de cerveza para visibilizar que en España hay alcoholismo. Un sinsentido. 

Quizás lo que más me moleste de esta campaña es el dinero que nos habrá costado a los contribuyentes (y que quizás no sabremos jamás). Y más aún cuando me he enterado que en realidad ni habrá sellos de colores, ni nada por el estilo. Que se trataba de una “acción puntual” que buscaba “remover conciencias”. Quizás Correos, y su presidente -que además de ser íntimo amigo de Pedro Sánchez y de haber sido colocado a dedo cobrando 200.000 euros al año-, deberían de centrarse más en que sus paquetes lleguen a tiempo a las zonas rurales de España como Teruel. Porque lo que es negro de verdad es el pésimo servicio que ofrecen a los que no tienen la suerte de vivir en una gran capital. 

Los verdaderos Equality stamps serán aquellos que consigan que una persona de Cabra de Mora y otra de Valdecuenca reciban a tiempo sus cartas y paquetes sin morir en el intento. Eso sí, forrados todos ellos de muchos sellos negros que es lo realmente importante.

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