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Javier Lizaga

A veces, la realidad podría ser parte de un plano secuencia de Berlanga. Me pasó el otro día, cuando llamé al alcalde de Bádenas para decirle que estábamos al lado (12 kilómetros) y él me informó de que aun nos faltaba media hora, “es carretera de las buenas, autovía”. A decir verdad, no nos encontramos ni a un alma, solo un paisaje de los que te evitan ir al psicólogo, precioso. Basta dejar la A23 que, también a veces, es como apartarse de la lógica, pero todo dentro de la razón.

En Bádenas, perdonen la inexactitud, viven “arriba, abajo”, como me dijo el alcalde, 4 o 5 vecinos, censados 19 y votan unos 12 o 13 y el alcalde es el único concejal. En los plenos se reunen todos (los que hay). Se llaman por teléfono y quedan, preferiblemente los sábados, “que va mejor”. El viernes el cabreo era porque hay un cable de media tensión colgando de una fachada en plena plaza de la iglesia y los de Endesa, muy atentos, pasan de ir. La iglesia, por cierto, se cayó con la guerra y la reconstruyeron los vecinos con las piedras que quedaron, la hicieron la mitad, pero muy bonita.

Para completar la estampa les diré que Bádenas es un lugar maravilloso, gente amable, eso sí, circundada de casas vacías, abandono confirmado por carteles de “se vende”. Y un último dato, para complicar la trama, les han llegado dos vecinos nuevos: una pareja de Sagunto (playita y altos hornos) y de Barcelona (Serrat y botellones) que sin tener vínculo declarado y/o conocido han decidido comprar casa en susodicho pueblo. ¿Hay peli o no?

Escuché el otro día en la radio (es gente que sabe mucho) a uno que dijo que mantenerse neutral ante la inequidad es como seguir siendo injusto. Traducido, no hacer nada es seguir deshaciendo. Y mira, pensé, eso pasa con los pueblos. Algo pasa en un mundo en el que hay pueblos con más casas cerradas que abiertas, y, al tiempo, lugares donde la gente se agolpa en barracones esperando una oportunidad. También tengo unos amigos que se han marchado de Barcelona al extrarradio porque no podían pagar un piso donde quepan sus hijos. Algo no concuerda cuando el recorrido al colegio te lleva un atasco y una hora de coche y, a la vez, se cierran coles en pueblos donde llegas andando a cualquier parte. A ver si alguien se anima y hacen la película.

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