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La ‘Reina’ del país La ‘Reina’ del país

La ‘Reina’ del país

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Javier Silvestre

Ayuso ha ganado la batalla contra Pablo Casado y Teodoro García Egea. Lo ha hecho cuando yo la daba por casi muerta y su relato empezaba a hacer aguas. Porque los responsables del PP habían sabido apuntar bien las balas y el presunto espionaje había quedado convertido en una mera anécdota frente al hecho de que el hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid se hubiese enriquecido en plena pandemia. Este hecho, legal pero poco ético, estaba siendo utilizado como arma de destrucción masiva contra la todopoderosa Ayuso. Y su escudo parecía empezar a resquebrajarse poco a poco.

Sin embargo, Casado ha interpretado que matar a Ayuso era aniquilar al PP y ha decidido firmar una paz que le va a costar la vida políticamente hablando. Porque en el momento en que la lideresa madrileña se defendía atacando frontalmente a su ex amigo Pablo estaba claro que en esta contienda sólo podía quedar uno de los dos en pie. Y ahora ya sabemos que será Ayuso.

Que el PP acepte las explicaciones dadas por la presidenta madrileña tras un escueto comunicado de dos páginas que no aclara demasiado dice mucho de la debilidad de Casado dentro de su propio partido. O quizás dice mucho de él, de que antepone al partido antes que a los personalismos… Al menos eso es lo que nos dirán, para no admitir que, a nivel interno, la batalla estaba perdida desde que saltó a la luz pública.

Porque Casado no puede permitirse un PP sin Ayuso. No puede sacrificar a su Reina en el tablero y no tiene más remedio que enrocarse, agachar la cabeza e intentar dibujar esta derrota como un paso adelante para salvar a la formación política que parece tocada de muerte. El líder popular ha pasado en 24 horas de llamar corrupta a Ayuso en la Cope, a dar por buenas todas sus explicaciones. Y eso le costará el cargo.

Los partidos políticos, paradójicamente, tienen más de jerárquico que de democrático. Necesitan un mando férreo, una mano de hierro, que los lidere sin titubear. Sin oposiciones internas que destaquen más de lo justo. Se lo pueden decir a Pedro Sánchez, que decapitó a la antigua cúpula socialista cuando se merendó a Susana Díaz. A Pablo Iglesias, a quien no le tembló el pulso para desterrar a su íntimo Errejón cuando éste le plantó cara.

A Casado se le ha desautorizado públicamente. Ha plantado cara y, en pleno pulso, se ha echado atrás. Y esa falta de firmeza, de liderazgo y de valentía no es propia de un líder político que aspira a gobernar a un país. Porque ahora Ayuso tiene más liderazgo que él en el partido y su imagen sale reforzada. Le ha echado dos ovarios y no ha titubeado, ni ha dado un paso atrás. Y eso es lo que quiere su electorado. Lo que les prometió Casado en las primarias, vaya.

Que nadie dude que será ella la que pugne por conquistar la Moncloa en las próximas generales después de que Pablo y Teo, Teo y Pablo, hayan perdido esta guerra sucia que jamás tenía que haber saltado a las primeras páginas de los medios de comunicación, pero que sus propios fontaneros creyeron oportuna difundir. La jugada, que muchos consideran que procede de una argucia de Moncloa, ha vuelto a demostrar una cosa: la presidenta madrileña está muy bien asesorada.

Y que si en Génova tienen fontaneros, en Sol cuentan con ingenieros de canales. Los que sabiendo que el caso podía enterrarla políticamente le han aconsejado morir matando sabedores de que en este duelo tenían un as en la manga: la debilidad de Casado, al que le temblaría el pulso en el momento decisivo. Tan sólo había que apuntar, poner el dedo en el gatillo, aguantar y dejar que el otro tirase la pistola para salir corriendo.

A la hora que escribo esta columna, Teodoro ya ha dicho que si hace falta se va. Y todo apunta a que se convocará un congreso extraordinario que certificará la defunción política de Casado. Será ahí donde Ayuso estará obligada a dar un paso al frente (con el beneplácito de Feijoó, que siempre ha movido los hilos desde lejos para no salpicarse si todo saltaba por los aires). Aunque al ritmo que sucede todo, quizás mañana Ayuso ya sea la Reina del país. ¡Vayan a saber!

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