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Javier Lizaga

Podía hacer una columna alegre pero quería hablar del frío. Lo llamaremos terapia de choque para turolenses. Recuerdo cuando nos explicaron en clase el tema de la capa de ozono, el deshielo y la subida de nivel de los mares. No hubo furor ecologista sino que en el recreo comentamos con ilusión lo que sería tener playa en la Puebla de Valverde.

Lo primero que hace un turolense con el frío es negarlo: “pero bueno, qué va, pero si hace un día perfecto”. Eso sirve desde los 18 grados a los -18 grados, siempre encontrarás quien niegue la evidencia, no se apuren pasaron por ahí San Pedro, Clinton o Zapatero con la crisis. Y si ya sale un mínimo rayo de sol, olvídense de hacerles entrar en razón. Credibilidad cero a los deportistas.

La siguiente reacción es hundirse. Pensar en Sevilla o Valencia… y en Islandia, donde en diciembre hay cuatro horas de luz. Y decir, no estamos tan mal. Es tomar la decisión de sacar la ropa de invierno, con una magia que se rompe a base de lavadoras. El frío es jamón, me dirán, y un cutis como el culito de un recién nacido… no se engañen, no damos abasto ni con el pernil, ni con las bronquiolitis.

Chaves Nogales, el mejor periodista español del siglo pasado, cuenta en “Juan Martínez estuvo allí”, la historia de un bailaor flamenco al que le pilló la Revolución en Rusia en 1917 y como hacía tanto frío que tuvieron que quemar hasta las puertas de las casas. Uno de Alicante se piensa que es una exageración.

Todavía cuento cuando llegabas a clase repeinado y alguien caía en la cuenta de que no era gomina sino que se te había congelado el pelo. Con los años no he ganado en experiencia sino en ropa térmica. Que también se congela en el tendedero, por cierto.

Les cuento todo esto antes del mazazo del cambio de hora, misma sensación que pronunciar con resaca: “¿eres tú?”. A pesar de todo, no puedo evitar que el invierno me suene a grullas, a chimenea de leña, a castañas asadas por mi abuelo y a besar una nariz helada. Piensen que no hay mejor excusa que el frío (aplíquenla con moderación) y que bajo cero es heroico hasta tirar la basura. Quería compartirlo porque sé que me entienden y hasta puede que lo disfruten.

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