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Teruel ha aportado al registro mundial diez géneros y especies de dinosaurios que no se conocían Teruel ha aportado al registro mundial diez géneros y especies de dinosaurios que no se conocían
Yacimiento de Las Zabacheras de Galve durante una excavación de la década pasada

Teruel ha aportado al registro mundial diez géneros y especies de dinosaurios que no se conocían

El 28,5% de los nuevos dinosaurios españoles se ha descrito en la provincia
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España llegó tarde a la dinosauriología, pero en las tres últimas décadas ha aportado una nómina de 35 nuevos géneros y especies de dinosaurios al registro mundial. Y la provincia de Teruel es la que más aportaciones ha hecho con 10 dinosaurios desde que en 1987 Aragosaurus ischiaticus iniciara esta saga de colosos, principalmente por el trabajo desarrollado por la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis y por el grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza.

El paleontólogo José Luis Sanz, uno de los padres de Aragosaurus y de otros nuevos géneros de dinosaurios descritos en estos años en España, como el espectacular carnívoro Concavenator, asegura que en aquel año de 1987 no eran conscientes de la trascendencia que aquello iba a tener. “Por primera vez se describía un dinosaurio en España, pero no pensábamos que iba a tener el desarrollo que ha tenido en las últimas décadas, nadie se lo planteó entonces”, comenta.

Hoy Sanz asegura que hay “muy buenos grupos de investigación trabajando en España, con gente que lleva años en la brecha, que tiene esa mirada especializada en dinosaurios, y lo lógico es que cada vez se seguirán descubriendo más”.

A la derecha figuran los 35 géneros y especies de nuevos dinosaurios del registro mundial que se han descrito hasta la fecha en España. Abre la lista Aragosaurus en 1987 y la cierra otro saurópodo, Abditosaurus kuehnei, descrito este mismo mes en una revista científica y que fue descubierto en Lérida.

En negrita figuran los dinosaurios encontrados en la provincia de Teruel que por sus características son nuevos géneros y nunca antes se habían encontrado ejemplares similares en el resto del mundo, motivo por el que han sido descritos con nuevos nombres.

Si bien en España a los dos años de Aragosaurus se publicó otro género nuevo, en Aragón pasó más tiempo, ya que hubo que esperar hasta 2005, pero a partir de esa fecha se disparó la nómima de gigantes turolenses, todo ello fruto del trabajo de excavación de la Fundación Dinópolis, además de por la publicación de otros géneros a cargo de la Universidad de Zaragoza y algún otro grupo de investigación a partir de fósiles de Galve que se conocían ya pero que estaban pendientes de estudio científico, o la excavación a finales del siglo pasado del dinosaurio de Peñarroya de Tastavins. Además, la dinosauriología turolense ha aportado una gran diversidad de familias como puede verse en el cuadro de la derecha.

Un año cargado de hitos  en la dinosauriología española, de la que Teruel es pionera

Este año se cumplen importantes hitos en la dinosauriología española, ya que hace siglo y medio se documentaron en el país los primeros fósiles de dinosaurios, y hace 35 años se describió científicamente el primer dinosario español. En ambos casos la provincia de Teruel fue pionera, ya que los primeros fósiles que se documentaron procedían de Utrillas, y el primer dinosaurio Made in Spain fue Aragosaurus ischiaticus, hallado en Galve. El Centro de Iniciativas Turísticas de Teruel (CITT) valoró estos hitos hace una semana y reconoció la importancia que ha tenido la paleontología para el turismo de la provincia, convertida en todo este tiempo en un motor de desarrollo.

Los fósiles se han transformado en un recurso autóctono de un valor incalculable a la vista de lo que ha supuesto Territorio Dinópolis en las dos décadas que lleva abierto. Pero detrás de ese éxito hay un largo recorrido que arranca hace siglo y medio y que ha atraído a la provincia a multitud de científicos interesados por la riqueza de su subsuelo en forma de fósiles. A esas personas, grupos de investigación e instituciones que han hecho posible el impulso de la paleontología de dinosaurios en la provincia dedicó Alberto Cobos el galardón que recibió del CITT la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, de la que es director.

Cobos puso énfasis en que todas esas personas son las que han hecho posible que hoy día la paleontología se haya convertido en un “factor de desarrollo territorial para la provincia de Teruel”.

Probablemente hace 150 años el geólogo y paleontólogo Juan Vilanova y Piera no era consciente de la importancia que los dinosaurios iban a terminar teniendo para la provincia de Teruel, de cuyos niveles fosilíferos era buen conocedor porque ser valenciano, como así puso de manifiesto en su ingente obra científica.

Fue este paleontólogo, a los que en aquella época se les llamaba sabios, el que documentó los primeros fósiles de dinosaurios en España en el año 1872. Está recogido en varias actas de las sesiones de la Real Sociedad Española de Historia Natural, además de figurar en una voluminosa obra de geología que publicó ese año.

Ciento cincuenta años después, se puede decir que los paleontólogos de la Fundación Dinópolis, y otros científicos que han pasado por ella, son dignos herederos de este sabio decimonónico que han sacado a la luz una de las riquezas más importantes que tiene la provincia. Y justo también pasado ese siglo y medio de ese hito, el Congreso de los Diputados escuchó esta semana de boca del paleontólogo turolense Luis Alcalá, la demanda de que Teruel albergue un Centro Nacional de Investigación de Dinosaurios, en la misma línea de lo que se hizo en Burgos con el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) a raíz de los hallazgos de Atapuerca.

La provincia de Teruel entró en la historia de los dinosaurios cuando Juan Vilanova y Piera publicó en 1872 su Compendio de Geología, que es uno de los hitos que se conmemoran este año y por lo que el CITT entregó una placa de reconocimiento a la Fundación Dinópolis.

En esa obra Vilanova cuenta que posee “dos huesos largos, que probablemente pertenecen al Iguanodon mantelli que, procedentes de Utrillas, me mandó hace poco el distinguio médico de Montalbán, don Jerónimo Balduque”. Añade que también está en posesión de otros fósiles de dinosaurios de la localidad castellonense de Morella, y concluye afirmando que “quizás sean estos los únicos huesos de reptiles cretáceos hasta el presente encontrados en la Península, razón que me ha movido a dar estas noticias”.

El paradero de esos fósiles hoy día es desconocido, y es que los dinosaurios fueron relegados a un segundo plano por la paleontología española durante más de un siglo. Si bien hubo científicos que mostraron interés por ellos, no fue hasta la década de los ochenta del pasado siglo cuando su estudio académico cobró relevancia gracias al paleontólogo José Luis Sanz, un referente de la dinosauriología española y auténtico precursor de los grupos de investigación que se han ido creando en el país a partir de entonces.

Gran científico y referente indiscutible de la divulgación de los dinosaurios, Sanz es conocido con el cariñoso nombre de Pepelu, y al preguntarle sobre el motivo por el cual tuvo que pasar más de un siglo hasta que se describió el primer dinosaurio español contesta: “Sinceramente, tampoco lo sé”. Tiene algunas sospechas, aunque reconoce que son difíciles de verificar.

Pepelu comenta que aparte de Vilanova hubo otros paleontólogos de su tiempo que hicieron algunas descripciones puntuales de fósiles de dinosaurios que habían encontrado, “pero son en general cosas muy poco significativas, como dientes”. Faltan estudios completos de esqueletos como se estaban haciendo en otros países.

Incertidumbre

Considera que un factor que pudo ser determinante fue “no tener certeza ni una mínima seguridad de que en España podría haber estupendos hallazgos de dinosaurios como se ha demostrado en los últimos treinta años”. Otros en cambio, como el turolense José María Herrero, tenían bien clara esa riqueza, como atestiguan los fondos de su colección que se conservan en Galve, y que atrajo la curiosidad de paleontólogos internacionales como el francés Albert Felix de Lapparent o los holandeses Von Koenigswald y Erdbrink, entre otros, además del jefe de la Sección de Ciencias Naturales del Instituto de Estudios Turolenses, Dimas Fernández-Galiano. Este periódico, DIARIO DE TERUEL, cuando se llamaba Lucha, fue el que difundió la noticia y el que suscitó el primer interés a mediados del siglo pasado por los dinosaurios turolenses.

Tras aquella primera cita de fósiles de Iguanodon hallados en Utrillas hecha por Juan Vilanova y Piera en 1872, no es hasta las primeras décadas del siglo XX que otro paleontólogo, en este caso castellonense, se interesa por el estudio de los dinosaurios españoles. Se trata de José Royo Gómez, referente también de la dinosauriología del país, que vio truncada su carrera por el estallido de la Guerra Civil.

A él se debe un dibujo de los dos huesos de Iguanodon que citó Vilanova en el siglo XIX, que es lo único que se conserva de aquel descubrimiento, y que ha permitido a los paleontólogos  Xabier Pereda Suberbiola y José Ignacio Ruiz-Omeñaca llegar a la conclusión de que no se trataba de un ornitópodo sino que eran fragmentos de la tibia de un terópodo, un dinosaurio carnívoro.

Tradición

A la hora de valorar las causas por las que la dinosauriología tardó en calar entre los científicos españoles, está también, según José Luis Sanz, que en España ha habido siempre una tradición por la paleontología de mamíferos.

“Si combinas las dos cosas podría dar una cierta explicación de por qué los paleontólogos españoles no se interesaron mucho por los dinosaurios, hasta que en los años 70 una pareja de paleontólogos del Instituto de Paleontología Miquel Crusafont de Sabadell, Lourdes Casanovas y José Vicente Santafé, empezaron a describir las huellas de dinosaurio, muy atractivas, de la Cuenca de Cameros en La Rioja”.

Fue con ellos, además de con Ángela Delgado Buscalioni, con quienes José Luis Sanz acudió a Galve a estudiar el dinosaurio que había encontrado varias décadas antes José María Herrero, además de interesarse por otros fósiles de su colección. Fue así como juntos volvieron a excavar en Las Zabacheras, el yacimiento donde habían aparecido huesos de un saurópodo (dinosaurio cuadrúpedo de cuello y cola largos y cabeza pequeña en proporción a su cuerpo).

Encontraron más fósiles y con los huesos que ya tenía Herrero, lo que hicieron Sanz, Buscalioni, Casanovas y Santafé fue describir un nuevo género de dinosaurio que bautizaron con el nombre de Aragosaurus ischiatus. El artículo científico apareció publicado en diciembre de 1987, hace ahora 35 años, en la revista Estudios Geológicos.

Fue la primera vez que se describía un nuevo género de dinosaurio en España. Sanz recuerda que aquello fue “un bautismo de fuego”, que fueron bien pertrechados de bibliografía y mantuvieron una intensa correspondencia con Estados Unidos con el experto en saurópodos J. S. McIntosh.

Sanz afirma que siempre tuvieron muy claro cómo se iba a llamar el dinosaurio. “Queríamos hacerle un homenaje a Aragón, que sonase contundente”, cuenta al recordar aquella aventura científica que acabó convertida en un hito de la dinosauriología española al que quedó ligado Teruel, como ya había pasado en 1872 con aquella primera cita científica de Juan Vilanova y Piera.

Espectacular reconstrucción de ‘Aragosaurus’ en Dinópolis

Un gigante que se conoce ahora mejor que nunca

Aunque solo han pasado 35 años, Aragosaurus ischiaticus forma ya parte de prehistoria de la dinosauriología española, por eso en 2014 fue sometido a una revisión científica liderada por la Fundación Dinópolis que permitió, como se dijo en su momento, expedir un nuevo DNI al primer dinosaurio definido en España.

Aquella actualización estuvo liderada por el paleontólogo de la Fundación, Rafael Royo Torres, y en ella participaron también José Luis Sanz, uno de los científicos que lo describió tres décadas antes, además de paleontólogos de renombre internacinal como Paul Upchurch, entre otros.

En los últimos tiempos también se ha revisado el look de este saurópodo, cuya última reconstrucción que puede verse en Tierra Magna dentro de Dinópolis muestra al detalle cada una de sus escamas.

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