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Ana Torres, galardonada con el Premio Mutis de Teatro Emergente de Barcelona Ana Torres, galardonada con el Premio Mutis de Teatro Emergente de Barcelona
Ana Torres es una dramaturga y actriz turolense afincada actualmente en Valladolid

Ana Torres, galardonada con el Premio Mutis de Teatro Emergente de Barcelona

La dramaturga turolense estrenará dos obras de aquí a un año, en Valladolid, Madrid y la Ciudad Condal

La turolense Ana Torres, egresada en Dirección y Dramaturgia en la Escuela de Arte Dramático de Castilla y León de Valladolid, donde está afincada, es la ganadora en la categoría de texto largo del Festival Mutis de Teatro Emergente de Barcelona. Su obra, Ara, se publicará en octubre y se estrenará durante la próxima edición del festival, entre marzo y abril de 2023. Antes de eso, en noviembre, pondrá en marcha Con lo que me gustan a mí las flores, en Valladolid en noviembre y en la sala Cervantina de Madrid en diciembre, gracias a una Beca del Espacio Andén 47 de Danza Contemporánea que acaba de obtener.

Torres surgió del semillero de la Escuela T de Teatro de Teruel, donde le picó el gusanillo de las artes escénicas con catorce años. Después terminó Filología Hispánica en Zaragoza, donde mantuvo su actividad con el Teatro Universitario en la UZ que inclinó definitivamente su futuro profesional hacia las tablas, marchándose a Valladolid donde ha terminado Dirección y Dramaturgia en la EADCyL. Ha encauzado su formación como directora porque lo que realmente le apasiona, por encima de la interpretación, es escribir historias. Aunque la propia Ana Torres admite “que en este mundo no puedes cerrarte ninguna puerta”. Actualmente está trabajando como ayudante de dirección en dos montajes, El animal de Hungría de Lope dirigido por Elisa Marina, y Tengo derecho a destruirme de Adriana Tironi, que se estrenó este miércoles y en la que también actuó como actriz, “porque hay que valer para todo”, bromea.

Una historia de desarraigo

Su texto premiado, Ara, es en parte biográfico porque habla sobre el desarraigo que sufre cualquiera que, como ella, tiene que abandonar su ciudad natal y cambiar periódicamente su residencia. Quizá sufrir no es la palabra, quizá cuadra mejor simplemente experimentar, porque “cuando una elige un tipo de vida que va a llevarla de aquí para allá, es feliz llevándola a cabo”, asegura la dramaturga. “Pero la nostalgia de tu gente no te la quita nadie”. Ara, que no está ambientada ni en Teruel ni en ninguna ciudad en concreto, es el retrato de un pueblo y de una familia, con las rencillas y rencores que provoca el tiempo, y de las personas que añoran regresar a sus raíces pero que, cuando lo hacen, no todo marcha como desean. “Es la historia de esa gente que abandona su hogar hasta sentir que ya no forma parte de él, pero tampoco del lugar donde vive. De esa sensación de no pertenecer a ningún sitio”.

Ara no es un drama pero algunas de las personas que la han visto -su primer estreno fue en junio en el teatro Álvaro Valentín de la EADCyL como trabajo de fin de estudios de Ana Torres- han llorado con ella. Y no es una comedia, pero se escucharon bastantes carcajadas en el patio de butacas. “La comedia y la tragedia se dan siempre juntas en el mismo tiempo y en el mismo espacio”, afirma la turolense. “Es una cuestión de óptica. En mis textos siempre escribo cosas duras, crudas, pero salpicadas del humor que siempre tienen detrás, de ese surrealismo de José Luis Cuerda o Berlanga que no es costumbrismo pero que te separa de lo realista, a través del humor y del absurdo. Es mi forma de ver la vida”.

Viva la España Periférica

Su texto está salpicado de guiños reivindicativos desde la España Vaciada, de la España Periférica, “aunque no es el point de la obra”. Además de Zaragoza y Valladolid, Torres ha vivido en Madrid y Barcelona, y junto con su gente lo que más añora de Teruel es algo que no se da en ninguna de esas cuatro capitales: “Ir a Correos o una frutería y sentirte en casa porque el dependiente te llama por tu nombre y te pregunta por tu madre. Ese sentimiento de familiaridad, de comunidad... creo que eso fue precisamente lo que me enamoró del teatro”.

También aborrece el centralismo de quienes creen que la vida empieza y acaba en la M-30. “Sorprende que mucha gente piensa que para dedicarse a determinadas profesiones, como el teatro, hay que pasar necesariamente por Madrid. Y Madrid tiene las oportunidades que tiene y cada vez hay más gente compitiendo por ellas”. Por contra, en Valladolid ha encontrado una ciudad relativamente pequeña con una de las escuelas más prestigiosas de arte dramático de España y en la que “la cultura y el teatro tienen un enorme impulso”. “Aquí tienen las figuras de Delibes, Zorrilla o Calderón, y sienten el teatro como un patrimonio propio. No dejan de salir proyectos adelante”, asegura Torres, que desde que terminó sus estudios, el año pasado, no ha dejado de trabajar. “Quizá todavía no tenga unos ingresos estables, pero antes de terminar un proyecto ya me está saliendo otro, y pese a ello todavía subsiste ese tópico de que esta vida es para morirte de hambre. Suelen desanimarte bastante”.

La clave

Para Ana Torres la clave es “persistir”. “Es el mejor consejo que me han dado mis profesores y lo estoy llevando a la práctica”. La dramaturga subraya que “me han dado un premio porque me he presentado a cien, y me han dado una beca porque me he presentado a cien. Siempre estoy redactando proyectos, memorias, haciendo cosas... porque si intentas cien cosas te sale una, pero si solo intentas diez no fructificará nada”.

Su siguiente proyecto, además del Premio Mutis por Ara, vendrá gracias a la beca del Espacio Anden 47, un centro especializado en danza que ofrece residencias artísticas para creadores de artes escénicas. La turolense está terminando de escribir Con lo que a mí me gustan las flores, un texto algo más performático que integra el espectáculo de texto, la danza y la acrobacia, que contará con una actriz de 28 años -los mismos que tiene Ana Torres- y otra de 67, y que Andén 47 producirá de cara a sus estrenos en Valladolid y Madrid, durante el Festival Gigante, a finales de año.