Carlos Soriano y Pablo Andrés plasman en un libro la otra forma de entender los viajes
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Conocer al viceministro de Cultura del Gobierno de Cuba o levantarse a las cinco de la mañana para cultivar magüey son cosas que a uno solo le pasan cuando es un apasionado de viajar. Pablo Andrés y Carlos Soriano entienden la vida como un gran viaje y procuran viajar igual que viven. Los dos turolenses obtuvieron un tercer premio en la última edición de la Gala Crear 2025 de Jóvenes Talentos, convocada por el Instituto Aragonés de la Juventud, gracias al relato Nuestro mundo: más extraño, más amable, en el que narran un viaje de varios años de duración a través de varios países de África y América Latina. El relato, muy divertido y cargado de anécdotas, podría publicarse durante los próximos meses.
Nuestro mundo: más extraño, más amable, está concebido y escrito a cuatro manos. Reúne una serie de viajes diferentes que emprendieron Soriano y Andrés, primero por separado a través de África, y después juntos, por América Latina.
El libro comienza en 2017 con tres viajes africanos, el de Carlos Soriano viviendo seis meses mientras realizaba unas prácticas de cooperación en Camerún, y los de Pablo Andrés, que estuvo primero en Malawi y después en Madagascar, durante dos años, con dos ONG. A su regreso a Teruel los dos viajeros se conocieron, y emprendieron un viaje juntos que forma la segunda parte del libro, a través de México, Cuba, Chile y Brasil, a lo largo de un año en total entre marzo de 2023 y mayo de 2024.
Escribir el libro no ha sido tarea fácil aunque ha resultado muy natural, según los turolenses: “Nosotros siempre hemos llevado un diario de viaje en papel, con los lugares y las personas que vamos conociendo”, explica Soriano. “Y a partir de ahí fuimos poniendo en común, escribiendo textos, pasándonoslos para corregirlos... ha sido una tarea compartida”, matiza Andrés.
Tal y como entienden los viajes y la literatura, Carlos Soriano y Pablo Andrés no han planteado un listado de anécdotas sin más, y ni mucho menos una guía de viajes al uso con consejos y lugares para visitar. “Cuenta sencillamente buena parte de nuestro día a día por esos países, lo que nos encontramos y lo que nos pasó”, explica Andrés. “No hemos puesto dónde están las quince mejores playas de tal país... quizá estuvimos en ello, pero no lo sabemos, la verdad”.
Cuajado de anécdotas
Entre las anécdotas más curiosas que narran, Soriano destaca la del día -el primero en Cuba- que conocieron a un importante miembro del gobierno. “Lo conocimos a la salida de un museo en La Habana y se presentó como viceministro de Cultura. Iba con sus medallas y su traje, y todo el mundo le llamaba ministro”, explican Soriano y Andrés. “El caso es que nos dio unos libros y nos invitó a ver desde su palco un concierto de Silvio Rodríguez en el Auditorio Nacional de La Habana. Y también nos vendió unos puros habanos”. En el libro cuentan la odisea que supuso llegar al Auditorio Nacional, no siempre fácil para un extranjero que quiere usar el transporte público, y cómo al llegar a la plaza de la Revolución “vimos que no había ningún concierto de Silvio Rodríguez, ni que éramos los primeros extranjeros que llegaban allí de parte de ese supuesto viceministro.
Además del voluntariado, para viajar de forma más intensa Soriano y Andrés han tirado de workaway, una aplicación que permite obtener casa y comida a cambio de varias horas de trabajo al día. “Para empezar eso te permite financiar tu viaje, ya que pagas el alojamiento y la comida”, explica Soriano, “y además tiene la ventaja de que puedes tener una estancia larga, conocer gente y vivir allí una temporada con personas locales, no se trata de hacer solo un viaje turístico de unos pocos días para visitar unos pocos lugares de forma apresurada”.
En México, por ejemplo, los turolenses trabajaron en un palenque donde se producía mezcal, la bebida tradicional. “Normalmente los turistas visitan uno y te cuentan lo de siempre. Nosotros tuvimos la oportunidad de vivir todo el proceso, desde que se planta el magüey hasta que se cocina, y fue muy interesante. Trabajas de cinco a nueve de la mañana, pero la perspectiva que te da es muy rica”, afirma Andrés.
Viajes mas naturales
Uno de los elementos que Soriano y Andrés tratan de reivindicar en su libro son los viajes más naturales y orgánicos, aunque por desgracia eso es cada vez más difícil. “Nosotros siempre intentamos salirnos de los circuitos turísticos típicos, y en los sitios donde más nos ha costado ha sido Cuba”, afirma Andrés, que admite que del único lugar donde llegó a desear irse, dada la presión sobre el turista, ha sido precisamente Cuba. “Es normal qué ocurra porque allí tienen que buscarse la vida, pero se abusa de los extranjeros. A nosotros nos han llegado a echar de la estación de autobuses porque no queríamos coger un bus solo para turistas, que nos cobraba 25 dólares a cada uno por un trayecto de cien kilómetros”.
En México la situación era muy diferente, según los turolenses, con una situación económica más equilibrada entre extranjeros y nacionales. “Sin embargo cuando viajabas en contra de la corriente migratoria, es decir, hacia la frontera sur con Guatemala, era muy fácil viajar, todo el mundo te paraba haciendo autostop, etcétera”, explica Soriano. Pero cuando viajabas hacia el norte, desde Guatemala a Ciudad de México, la cosa se ponía mucho más difícil”.
Esa contradicción entre lo asequible y fácil que es viajar actualmente, y la desventaja de verse casi como un mono de feria en medio de un escenario preparado para turistas es uno de los temas de fondo del libro. “Tratamos de ser honestos como viajeros. No podemos esperar encontrar la Fontana de Trevi vacía para nosotros, ni esperar que un mariachi nos cante en la plaza Central de México. Pero si quieres evitar sentirte como un turista de libro tienes que evitar los lugares turísticos, no hay otra”, reconocen.
Como ejemplo, narran una experiencia que tuvieron en Río de Janeiro, “que es una ciudad espectacular, una locura entera”.
“Allí nos dijeron que teníamos que ir a la Pedra do Sal, que se vende como el lugar donde nació la bossanova”, explica Soriano. “Nosotros evitamos los lugares superturísticos, pero tanto nos insistieron que fuimos. Y aquello no era bossanova, aquello era un circo. Todas las calles que confluyen en la Pedra do Sal eran chiringuitos vendiendo caipiriñas. Al fondo se oía un poco de música, y el resto todo lleno de gente apretada, grabando con los móviles. Nosotros nos dimos media vuelta porque esa no es la forma que nos gusta de conocer los lugares”.
El precio de que viajar esté ahora al alcance de casi todo el mundo y haya dejado de ser algo reservado para las élites es el overturism, que genera, entre otras muchas cosas, que los centros históricos de las ciudades se gentrifiquen y se conviertan en parques temáticos y escenarios prefabricados, donde lo único que se ven son turistas fotografiando a otros turistas. Es algo parecido al traje nuevo del Rey, lugares que seguirán siendo muy turísticos hasta que alguien tenga el valor de decir en voz alta que no merecen la pena visitar.
“No creemos que esa sea la forma adecuada de conocer un país”, afirma Pablo Andrés. “Porque además hay otro problema... si tú te vas a Lisboa, por ejemplo, y alquilas un Airbnb, sabes que allí antes vivía alguien que ha tenido que marcharse para hacer un establecimiento turístico. Y no queremos contribuir a eso”.
Entre los lugares de los que aparecen en el libro que en mayor medida se libran de ese efecto negativo de la masificación del turismo destacan Chiapas, al sur de México. “Pese a que allí está San Cristobal de las Casas, que es de lo más gentrificado del planeta, sigue habiendo lugares muy auténticos, quizá a una hora de distancia”, explica Soriano. Pablo Andrés matiza que, en general, “México es de los países que, pese a recibir muchísimo turismo, mejor han sabido mantener las tradiciones y poner límites en algunos aspectos”. Eso le convierte en un lugar especial, según su compañero: “En México sigue habiendo un circuito turístico típico, la gastronomía o la música que escuchas por la calle es autóctona, no como ocurre en Madrid, París o Londres, que escuchas la misma música, comes los mismos menús y entras en las mismas cafeterías”.
¿Viajar es peligroso?
Otro de los tópicos que Nuestro mundo: más extraño, más amable trata de erradicar es lo peligroso que resulta ser turista saliéndose de los circuitos guiados, especialmente en determinados países de África o América, que son precisamente los que aparecen en el texto de los dos turolenses premiados. “A veces parece que ese es un mensaje que te lanzan las propias empresas turísticas para que contrates su paquete o su autobús”, afirman. “Pero en general no creo que viajar sea peligroso, y eso que nosotros somos muy confiados”. “Hemos podido vivir alguna situación peligrosa o inquietante, igual que la puedes vivir en cualquier rincón del mundo o en tu propia casa”, opina Soriano. “Pero eso depende fundamentalmente de ti. Si vas a las cinco de la mañana por una zona donde se vende droga, con un móvil caro en la mano, grabado, o vas como un piojo porque te has emborrachado, pues entonces claro que es peligroso. Pero si tienes sentido común no te pasa absolutamente nada”. “Lo más divertido, lo mejor que nos ha pasado viajando”, cierra Soriano, “nos ha ocurrido por no tener hotel, por no tener transporte, o por improvisar un plan”.
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