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‘Ciudadano Kane’, el libro sobre una obra adelantada a su tiempo ‘Ciudadano Kane’, el libro sobre una obra adelantada a su tiempo
Maurice Seiderman construyendo el maquillaje de Kane

‘Ciudadano Kane’, el libro sobre una obra adelantada a su tiempo

Notorious Ediciones presenta el volumen del 80 Aniversario del clásico de Welles

Orson Welles tenía veinticinco primaveras cuando parió Ciudadano Kane. Un hombre orquesta que dirigió y protagonizó, coescribió y produjo una de las cintas obligadas para entender la Historia del Cine. Se rodó en menos de cuatro meses, y el filme se estrenó en el RKO Palace de Broadway de Nueva York el primero de mayo de 1941. “Una obra de arte adelantada a su tiempo”, expuso Andrew Sarris en Film Culture. Aunque ante postulados artísticos, Orson odiaba su concepción más romántica: “el que tenga prioridad sobre cualquier otra cosa”. Desde 1962, la publicación del British Film Institute Bright & Sound la colocó como la mejor película de todos los tiempos, cuestión refrendada hasta la fecha por votaciones expertas, generación tras generación.

Ahora Notorious Ediciones presenta el libro del 80 Aniversario de Ciudadano Kane. Firmado por Miguel A. Fidalgo, el volumen hace un repaso por los apartados más sobresalientes de este clásico de culto, así como las claves que le han dado modernidad: Welles, Xanadu y Rosebud —“puede que Rosebud fuese algo que no pudo conseguir, o algo que perdió”—, y tantas excelentes alianzas como las del coguionista Herman Jacob Mankiewicz (rescate reciente de Fincher en su ‘Mank’), Gregg Toland (fotografía), Bernard Herrmann (banda sonora), Maurice Seiderman (maquillaje), entre otros.

 

Mank, miserable, amargo y divertido para Welles

“Todos tenemos nuestro propio ‘Rosebud’. Para algunos es un lugar. Para otros tan solo un momento, una sensación, un recuerdo que lo cambió todo”. Así de fino lo sugiere Fidalgo, aunque el propio director llegó a tildar el concepto de “mecanismo chabacano”.

Inspirada en la vida del magnate de la prensa escrita William Randolph Hearst, en ‘Ciudadano Kane’ el aventurero Welles fusionó conceptos y mecanismos aprendidos y desarrollados en cine, teatro y radio: la elipsis, la luz y su ausencia, la posición de cámara como elemento subjetivo, el enfoque profundo, los fundidos-encadenados, la narrativa en primera persona, escasez de primeros planos y del plano-contraplano, la exposición no lineal, los diálogos superpuestos, y el sonido como elemento de grandes dimensiones.

Respecto a Mank, Welles acudió en su ayuda tras encontrarle roto y arruinado en una habitación del Cedars of Lebanon. Tras sentir amenazada la autoría del libreto, “su diatriba con Orson se saldó con un reconocimiento público y el único premio que ganó en su carrera, el Oscar al Mejor Guión Original, pero ninguna de las diez restantes películas en las que participó antes de morir llegaron a acercarse al nivel artístico y creativo de la obra magna de Welles”, subraya Miguel A. Fidalgo.
 

Grandes actores tras los cristales del Inquirer



“La sombra de Orson en Hollywood fue tan alargada como la del repudiado Falstaff en ‘Campanadas a medianoche’, la obra maestra filmada en España que él consideraba como la mejor película que había hecho”. Entre las muchas virtudes de Fidalgo, destaca la de situar la película con el resto de obra y pensamiento de Welles, aspecto que amplifica, abre la mirada y pone en valor los diferentes abordajes.

“La mitología del poder, un protagonista turbio, y la traición como elemento inevitable de las relaciones humanas” impregnaron la filmografía del director, al que le gustaba tener “un control total” del escenario cinematográfico y su cuestión. Kane como Amberson Minafer, como Macbeth u Othello, como Arkadin, como Quinlan o Falstaff, son personajes ambivalentes en los que “confluyen el amor con el pecado, el idealismo con la arrogancia”, un afecto que como bien apunta Fidalgo, llegó a convertirse en maldición.

Ya lo dijo su amigo Peter Bogdanovich: “Uno puede entrar en cualquier momento de una película de Welles y nunca dudar de quién es su director, no solo por su lírica oscura, su misterioso y melancólico sentido del mal en el mundo, su notable ingenio técnico y originalidad (…) sino también por el profundo tema que atraviesa toda su obra, el hombre como víctima trágica de la paradoja entre su sentido de la moralidad y su propia naturaleza oscura”.

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