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De San Pedro a la iglesia del Seminario: el belén que atrae a miles de visitantes De San Pedro a la iglesia del Seminario: el belén que atrae a miles de visitantes
El Seminario de Teruel junto a la torre de San Martín, dos de los edificios más reconocibles del Belén de San Pedro. M. A.

De San Pedro a la iglesia del Seminario: el belén que atrae a miles de visitantes

El impresionante montaje de 80 metros cuadrados recrea todos los pasajes bíblicos y edificios del centro de Teruel
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Para bien o para mal muchas de las tradiciones navideñas han trascendido lo religioso para convertirse el fenómenos culturales y turísticos. Es el caso del monumental Belén de San Pedro de Teruel, uno de esos casos singulares donde la devoción, el arte y la identidad local se funden en una experiencia que cada año desde hace 24 visitan miles de turistas (12.000 el año pasado), y que para otros tantos turolenses forma parte integral de la Navidad.

Su visita se ha convertido en un acto tradicional; primero en el claustro de San Pedro, donde comenzó a construirse hace 24 años y de donde toma su nombre, y desde hace seis en la iglesia del Seminario, donde tuvo que trasladarse en 2020 cuando empezó a ser evidente que el montaje necesitaban un espacio mayor para poder ser visitado.

Aquel primer belén en su nueva ubicación contaba con 261 figuras y 37 casas. Hoy esas cifras se han multiplicado hasta alcanzar proporciones casi inverosímiles: 1.560 piezas distribuidas en cerca de 80 metros cuadrados, cuyo montaje suele incluye numerosas y complejas instalaciones eléctricas e hidráulicas y suele comenzarse en octubre. Sus escenas están cuidadosamente creadas narrando la vida de Jesús desde la Anunciación hasta el Templo de los Doctores, pasando por episodios menos habituales en los belenes tradicionales.

 

Vista diurna del impresionante belén. M. A. 

La fusión de dos mundos

Pero lo que convierte al Belén de San Pedro en algo único es su capacidad para tejer dos narrativas diferentes e igualmente oportunos; por un lado despliega con fidelidad los pasajes evangélicos y por otro recrea con minucioso detalle los rincones más representativos de Teruel, transformando el diorama en una especie de mapa afectivo de la ciudad. Así, entre pastores y Reyes Magos, emergen el Viaducto Fernando Hué -novedad estrella de este año-, las torres mudéjares de San Martín y el Salvador, la Escalinata, la plaza del Torico o la Catedral de Nuestra Señora de Mediavilla, y numerosas fuentes, calles y rincones bien reconocibles por los turolenses. El resultado es un belén que habla tanto de fe como de pertenencia, que invita al visitante foráneo a descubrir Teruel mientras los turolenses juegan a identificar esos lugares que forman parte de su paisaje cotidiano: las Cuatro Esquinas, el Tozal, la Bombardera, la Nevera, el puente de la Equivocación o la Casa del Francés.

La majestuosa reproducción del Viaducto Viejo, con sus característicos huertos en la parte inferior, es la principal incorporación este año, junto a las ruinas del castillo de Mirambel o la ermita del poblado minero de Libros

El belén de San Pedro resulta todavía más espectacular gracias a sus 45 figuras con movimiento aportan una dimensión cinematográfica al conjunto: molinos que giran, personajes que trabajan, animales que se mueven... Una de las novedades más comentadas este año es la tierna escena de San José meciendo al niño Jesús, un detalle que arranca sonrisas a grandes y pequeños por su humanidad y cercanía.

 

Plaza del Torico, en el Belén de San Pedro. M. A. 


Además el agua es otro de sus elementos importantes; no se trata de un simple elemento decorativo, sino de un sistema complejo que incluye un río, una acequia de riego, una balsa, ocho fuentes, dos cascadas, un remanso y, como colofón, un estanque poblado por veinte peces vivos que nadan ajenos a la mirada curiosa de los visitantes. El sonido del agua en movimiento añade una capa sensorial que multiplica la sensación de inmersión.

Y la iluminación del belén de San Pedro merece capítulo aparte. El sistema desarrollado recrea ciclos completos de día y noche, permitiendo que el belén ofrezca aspectos radicalmente distintos según el momento en que se contemple, ya que todos y cada uno de los edificios posee un sistema de iluminación interno para ofrecer su aspecto según sea de día o de noche. Además el montaje es capaz de simular tormentas completas, con relámpagos y efectos lumínicos que transforman temporalmente la atmósfera del conjunto. Todo ello acompañado por una cuidada ambientación musical que envuelve al espectador desde que cruza el umbral de la iglesia del Seminario.

El belén de San Pedro es posible cada año gracias al trabajo de 20 voluntarios, dirigidos por Blas Sanz, que realizan todo el trabajo, desde la creación de las casas y construcciones hasta la colocación e integración, pasando por las instalaciones eléctricas o hidráulicas que llenan las tripas del belén.

 

El Viaducto Viejo es una de las novedades de este año. M. A. 

Muy visitado

El pasado año visitaron este belén 12.007 personas, una cifra notable para una ciudad de poco más de 35.000 habitantes. Esto significa que, en apenas tres semanas, una cantidad equivalente a más de un tercio de la población turolense pasó por el Seminario. Y no solo turolenses: el Belén de San Pedro se ha convertido en un reclamo capaz de atraer visitantes de toda la provincia y de comunidades vecinas. Permanece abierto todos los días desde su inauguración hasta el 6 de enero, sin excepciones, en horario de 18 a 20.30 horas. El precio de entrada es de un euro para adultos y 50 céntimos para niños, y los más pequeños pueden responder a un cuestionario para entrar en un sorteo.

 

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