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Fallece a los 96 años Emiliano Aguirre, padre de la paleoantropología en España Fallece a los 96 años Emiliano Aguirre, padre de la paleoantropología en España
Emiliano Aguirre en 2009 en Dinópolis junto a la placa homenaje que le dedicaron sus discípulos

Fallece a los 96 años Emiliano Aguirre, padre de la paleoantropología en España

Excavó en La Puebla de Valverde y una placa en Dinópolis reconoce sus aportaciones científicas

Emiliano Aguirre, considerado padre de la paleoantropología en España y maestro de varias generaciones de científicos, falleció el pasado lunes a los 96 años de edad. Fue el primero en impulsar el proyecto Atapuerca, por el que recibió el Premio Príncipe de Asturias de 1997. Catedrático de Paleontología en la Universidad de Zaragoza a finales de los años 70 del pasado siglo, impulsó en la localidad turolense de La Puebla de Valverde las excavaciones en el yacimiento de mamíferos de hace dos millones de años que hay en esta localidad. Firme defensor del proyecto Dinópolis, en las instalaciones del parque paleontológico cuenta con una placa conmemorativa por su trabajo que le dedicaron en 2009 varias generaciones de científicos a los que formó, el conocido como “Linaje Emiliano”.

Nacido en Ferrol en 1925, fue el primer científico español que abrió en el país una vía de investigación sobre la paleontología humana, la que estudia los orígenes de la humanidad, pero a su vez formó a varias generaciones de paleontólogos desde las diferentes responsabilidades que asumió como docente a lo largo de su vida.

Su hito más destacado fue haber visto la importancia que tenían los yacimientos del Pleistoceno de la Sierra de Atapuerca, y haber iniciado allí el proyecto científico que hoy día es un referente mundial de la paleoantropología. Fue quien decidió nombrar como sus sucesores en Atapuerca a Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro y Juan Luis Arsuaga, para que codirigiesen el proyecto, con los que recibió el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Tecnológica de 1997.

Vinculado a Teruel por sus investigaciones en el yacimiento paleontológico de La Puebla de Valverde de hace dos millones de años, declarado como Bien de Interés Cultural, fue un firme defensor del proyecto Dinópolis, que en una de sus primeras ampliaciones incorporó un espacio museístico dedicado a la evolución de los mamíferos y en particular de la especie humana. Se trata de la atracción de “El último minuto”, donde los visitantes recorren un pequeño museo sobre la evolución humana y después se montan en unas balsas para atravesar por un cauce fluvial varios escenarios ambientados con animatrónicos que ofrecen una visión de cómo los mamíferos tomaron el relevo a los dinosaurios hace 66 millones de años, y cómo se produjo la evolución de los homínidos que dio lugar a los seres humanos. Desde el año 2009 hay una placa conmemorativa en el embarcadero de esta atracción de Dinópolis como reconocimiento a su trabajo.

La iniciativa fue promovida en su día por la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, y es la única placa que hay en el complejo paleontológico en reconocimiento a un profesional de esta ciencia.

Se descubrió en noviembre de 2009 y en la misma se lee: “El linaje de Emiliano. Discípulos y amigos del Dr. Emiliano Aguirre se reúnen en Dinópolis el día 7 de noviembre de 2009 para reconocer su maestría en la formación de varias generaciones de científicos”.

Al acto asistieron 55 personas procedentes de todo el Estado español, que compartieron después con Aguirre una cena que se ofreció en una de las salas expositivas del Museo Paleontológico de Dinópolis.

Aguirre, que unos años antes había impartido en La Puebla de Valverde una conferencia, después de que en esta localidad hubiese excavado tiempo atrás el yacimiento del Pleistoceno inferior donde se encontraron restos de un cercopitécido, los conocidos como monos del viejo mundo, era un valedor de Dinópolis y el día que sus discípulos le homenajearon en estas instalaciones aseguró que se sentía especialmente satisfecho de que el lugar elegido hubiese sido ese.

Comentó en este sentido que la manera que tenían estas instalaciones de “crear ciencia y difundir ciencia” convertían Dinópolis en “un sitio ejemplar en el mundo”.

Siempre tuvo un trato exquisito con la prensa y las veces que atendió a este periódico convirtió las entrevistas en auténticas lecciones magistrales con la modestia que le caracterizaba y ese humanismo que destilaba su pensamiento. En aquella ocasión, hace ya más de tres lustros, comentó a este diario que el estudio de la evolución humana debía servir “para que sepamos mucho más de nosotros mismos, del pasado, que nos servirá de algo y nos ilustrará para que cumplamos también nuestro deber con el futuro”. Una lección que sigue vigente y sobre la que cada día deberíamos reflexionar a título personal como individuos, y a título colectivo como sociedad.

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