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La Fundación Santa María de Albarracín retoma su acción formativa  en restauración con el curso de metales La Fundación Santa María de Albarracín retoma su acción formativa  en restauración con el curso de metales
Dos de las alumnas trabajando sobre una de las piezas durante el curso que se está celebrando ahora en la Fundación Santa María de Albarracín

La Fundación Santa María de Albarracín retoma su acción formativa en restauración con el curso de metales

Se trata de la primera actividad tras más de un año de parón a causa de la pandemia
Cruz Aguilar

El Curso de Restauración de Metales ha dado inicio a la actividad formativa en la Fundación Santa María de Albarracín, cancelada durante todo el año 2020 y parte del 21 a causa de la pandemia de la covid. Un total de siete alumnos, dirigidos por la profesora y experta en restauración Soledad Díaz, se forman en una actividad que combina las clases teóricas con prácticas en las que se trabajan elementos patrimoniales.

El alumnado está recuperando piezas que van desde el XVI hasta mediados del siglo pasado realizadas tanto en plata como en latón recubierto y con diversas patologías con el fin de que se familiaricen con todo tipo de incidencias. “La selección de piezas siempre es heterogénea, algunas para que los alumnos vean diferentes problemáticas”, detalló Soledad Díaz.

El curso está financiado por el Instituto Aragonés de Empleo (Inaem) y cuenta con la colaboración del IPCE, el Instituto del Patrimonio Cultural de España. Es el primero de un total de siete cursos que se desarrollarán durante los próximos meses.

Entre los bienes destaca un cáliz del siglo XVI que tiene un problema de estabilidad debido a que la zona de agarre está desplazada a causa de un daño mecánico. Los restauradores se centran ahora en intentar devolver a la pieza su fisonomía original y evitar que continúe la malformación.

También es habitual que los metales se fragmenten y por eso en el taller de Albarracín se ha colado una placa, de plata en una de sus caras, que representa la última cena y que está partida por la mitad. La labor de la restauradora que se está ocupando de ella es estudiar qué tipo de adhesivo usar para su unión y cómo reforzarla posteriormente.
 

Uno de los participantes, interviniendo en un relicario de plata

La pieza más moderna de todas las que están recuperando es un copón utilizado para la liturgia de una aleación de plata y cobre que fue realizado en una platería de Pamplona que trabajó en el año 1950, así que posiblemente el bien será de esos años. También están practicando con una naveta de plata del XVI sobre la que, al limpiarla, han aparecido “restos de una resina que podría ser incienso”, comentó la profesora. Además, los alumnos trabajan con un relicario del siglo XVIII, una bandeja para las jarras de consagrar la liturgia del siglo XIX y una corona de una virgen que, aunque no está datada, se cree que pudo realizarse también en el XIX.

Además de analizar las patologías de algunas de las piezas, los restauradores han retirado la capa de protección que se les dio a algunos hace una década porque “no son eternas, envejecen y han perdido su función”, enumeró Díaz.

La profesora comentó que los alumnos no solo se ocupan de reparar los bienes, sino que también realizan un estudio profundo para conocer las técnicas de fabricación que se utilizaron, las herramientas o los métodos decorativos. Las piezas con las que han trabajado pertenecen a la colección diocesana de Albarracín. Algunas de ellas estaban expuestas en las vitrinas y otras guardadas en los almacenes.

La profesora especificó que se trata de cursos de especialización, dirigidos a personas que ya son titulados en restauración pero que desean ampliar su formación con temas que no se tratan en profundidad en el aula.
 

Una alumna, limpiando una naveta de plata del siglo XVI

Para garantizar que se cumplen las medidas de seguridad necesarias debido a la pandemia de la covid-19, la Fundación Santa María ha habilitado tres aulas en vez de dos como ocurría en años anteriores. Una de ellas se destina a las sesiones teóricas mientras que las otras dos se han habilitado como talleres para que los alumnos puedan mantener la suficiente distancia entre ellos. Además, todos ellos usan mascarilla y las ventanas están abiertas en todo momento para renovar el aire de las salas. Por otro lado, en las residencias cada asistente ocupa una habitación individual.

En total hay siete personas procedentes de diversas zonas de España como Zaragoza, Madrid, Huelva, Valencia o Ciudad Real.

El gerente de la Fundación Santa María, Antonio Jiménez, se mostró muy contento de que por fin se hayan recuperado los cursos de restauración, que son uno de los emblemas de la institución y que el año pasado se suspendieron en su totalidad. Para este 2021 se han programado  siete ya que tras el de metales, que concluye esta misma semana, dará inicio –el próximo lunes 21– el de Conservación Preventiva. En julio no habrá actividad formativa porque el palacio tiene numerosos compromisos para cursos y reuniones externas, pero en agosto los restauradores volverán a Albarracín. “Este año no se van a hacer los tradicionales intercambios vacacionales de la universidad por lo que dedicaremos el mes a celebrar los cursos, lo que nos permitirá llegar a tiempo para cerrarlos a principios de diciembre”, dijo Jiménez, quien recordó que habitualmente estas acciones formativas se inician mucho antes de junio como ha ocurrido este año.

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